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Ampliar la frontera agrícola genera desertificación

José Ospina-Valencia
16 de junio de 2020

La explotación extrema de las tierras cultivables deja tras sí zonas desérticas que obligan a tumbar más bosques. La ampliación de la frontera agrícola es el factor clave en la fabricación de desiertos en América Latina.

La ganadería extensiva e industrial es responsable de 14,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero, equivales a todas las emisiones del transporte global.
La ganadería extensiva e industrial es responsable de 14,5 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, equivales a todas las emisiones del transporte global.Imagen: DW/L. Ortega Fernández

"Los desiertos no son solo los que vemos en las películas", advierte a DW el biólogo Luis Alfonso Ortega Fernández, haciendo alusión a los famosos como el mexicano desierto de Sonora, el más grande de América del Norte y que cruza la frontera con Estados Unidos, o el chileno Atacama, el más seco del mundo, que también toca el sur del Perú. 

"Un desierto es también un suelo que perdió su capacidad de regulación hídrica y de intercambio de nutrientes. A pesar de que tenga algunos pastos o rastrojos es una zona de desertificación", explica Ortega, de la Fundación Ecohabitats, con sede en Popayán, Colombia. Este especialista en Sistemas de Información Geográfica de la Universidad Heinrich Heine de Düsseldorf advierte que "el 3,1 por ciento del territorio colombiano ya se encuentra en proceso de desertificación". Eso significa, que en Colombia se han destruido más de tres millones de hectáreas de tierras cultivables. Sin mermar las dimensiones, Ortega destaca que el caso de Ecuador es aún más grave, "debido a los extensos monocultivos".

La ganadería intensiva es uno de los factores que propicia la deforestación, la desertificación y el calentamiento climático. Imagen: DW/L. Ortega Fernández

Más tala a la sombra de la pandemia

"La ampliación de la frontera agrícola y la cría intensiva de ganado, en detrimento de los bosques, está dejando tras sí terrenos áridos y desérticos", concluye Luis Ortega, quien advierte de los graves daños en la Amazonía compartida por Brasil, Colombia, Ecuador y Perú "en donde este año, bajo la sombra de solo cuatro meses de pandemia, se han talado más bosques que en todo 2019". 

Justamente este 17 de junio Naciones Unidas lo dedica a la Lucha contra la Desertificación y la Sequía que se propone "cambiar las actitudes públicas hacia el principal factor impulsor de la desertificación y la degradación de la tierra: la incesante, creciente y masiva producción para el consumo de la humanidad". El crecimiento de las ciudades y la población demanda mayores extensiones de tierra para cultivar alimentos, no solo para humanos, gatos y perros sino para engordar a otros animales que los humanos luego se comerán. Pobladores que también quieren ropa nueva, cuya fibra tiene que ser cultivada antes con inmensos gastos de agua.

Mientras tanto, la calidad y la productividad de las tierras cultivables disminuye, también a causa del cambio climático. Así, bajo el lema de "Alimentos. Forraje. Fibra", la ONU, que parte de que en 2050 la Tierra tendrá que soportar a diez mil millones de habitantes, invita a reflexionar sobre el papel personal en la desertificación.

La Fundación Ecohabitats apoya la creación de areas protegidas.Imagen: DW/L. Ortega Fernández

El sistema de suelo, agua y bosques

"El suelo, el agua y los bosques componen un sistema: cuando el suelo es sometido a usos intensivos como la ganadería o el cultivo de fibra, este comienza a perder su estructura: se saliniza, se endurece, pierde la porosidad. Así, ya no puede retener el agua y reduce su productividad. Para contrarrestar el deterioro, se utilizan cada vez más agroquímicos, hasta cuando las tierras quedan áridas. Entonces, los cultivadores se hacen a la búsqueda de nuevas tierras tumbando más bosques", así explica el círculo vicioso del uso y destrucción de las tierras a DW el biólogo Ortega Fernández, Coordinador de Áreas Protegidas y Cambio Climático de la Fundación Ecohabitats.

América Latina está proceso de perder importantes cultivos

"Bosques perdidos que ya no pueden absorber las crecientes cantidades de gases contaminantes producidos por la industria y la ganadería", dice a DW Ana María Loboguerrero, directora de investigación de Acción frente al Clima, de la Alianza entre las organizaciones no gubernamentales Biodiversity International y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), presentes también en Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala.

La calidad y la productividad de las tierras cultivables disminuye en América Latina, consecuencia del uso extremo de los suelos y del cambio climático. Imagen: DW/L. Ortega Fernández

Para entender cómo en América Latina el clima está contribuyendo a la pérdida de cada vez más terrenos de cultivo, Ana María Loboguerrero, economista de la Universidad de los Andes, destaca que las investigaciones del CIAT han detectado dos "eventos extremos" que suceden en tiempos paralelos, uno a corto y otro a largo plazo: por una parte, "América Latina está siendo afectada por cambios extremos de las variables climáticas: durante meses hay largos períodos de sequías, muy pocas lluvias o períodos de intensas lluvias que causan inundaciones y reducen el rendimiento de las tierras". Por otra parte, "las temperaturas promedio están subiendo tanto que las repercusiones sobre los cultivos de maíz, el arroz y el trigo, por ejemplo, van a ser muy graves, de país a país". De hecho, agrega la directora de investigación de Acción frente al Clima, "hemos documentado que en unos 20 años las tierras en varias regiones de Centroamérica van a dejar de ser aptas para cultivar café".

Ideas, iniciativas y urgencias

Evitar la desertificación de tierras cultivables es una tarea tan compleja y de tantos frentes que solo se puede realizar sumando las muchas pequeñas iniciativas, como la de "cosechar agua" o sea su recolección en tiempos de lluvias para los de sequía. Una idea del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) y el Programa Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS), a la que se suma "la búsqueda de semillas biofortificadas que respondan mejor al estrés climático que generan la extrema sequía y la alta humedad", anota la economista, doctora de la Universidad de Los Ángeles.

"Las temperaturas están subiendo tanto que las repercusiones sobre los cultivos de maíz, el arroz y el trigo van a ser muy graves en América Latina". Imagen: DW/L. Ortega Fernández

Ana María Loboguerrero destaca otra iniciativa que se desarrolla en Brasil: "la agroforestería" que reúne a cultivos, ganado y bosque, un concepto que busca, a la vez, recuperar las tierras desertificadas, explotar los frutos del bosque y permitir la cría de algunas reses. "Si los agricultores aprenden que el bosque tiene más valor en pie, no lo derriban", concluye la experta. Una iniciativa que ha entrado en su segunda fase de desarrollo.

Una idea digna de debatir, no exenta de interrogantes y controversias: ¿Puede convertirse la "agroforestería" en la puerta abierta a la población y consiguiente desertificación de los bosques y selvas de América Latina?

"La realidad", acota el biólogo de Ecohabitats, Luis Alfonso Ortega, es que "hay una relación directa entre el aumento de la frontera agrícola y la pérdida de bosques y biodiversidad, y rápidamente el paso de suelos fértiles a terrenos en proceso de desertificación". Como una medida para evitar los monocultivos y sus fatales consecuencias, "en América Latina urge la realización un ordenamiento de los suelos, según su aptitud de cultivo", apela Ortega, quien, por último, concluye que una excelente alternativa es "la agricultura orgánica que ha demostrado superar la producción con agroquímicos".

(few)

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