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La autodestrucción de Erdogan

Baha Güngör (JOV)28 de diciembre de 2013

El poder se le va de las manos al premier turco. Pero lo peor es que las alternativas a Erdogan tampoco auguran cosas buenas, opina Baha Güngör, director de la redacción turca de DW.

Protestas contra la gestión de Erdogan en Estambul.
Protestas contra la gestión de Erdogan en Estambul.Imagen: picture-alliance/dpa

Recep Tayyip Erdogan debió haberse imaginado el balance de su gestión en 2013 a la cabeza del gobierno turco con resultados muy diferentes. En cambio de envidiables índices de crecimiento de la economía, estabilidad monetaria o más prestigio de Turquía como poder regional, ahora la pregunta no es siquiera si Erdogan dimitirá, sino cuándo.

El jede del partido conservador en el gobierno AKP (Partido para la Justicia y el Desarrollo) se apoya en una cómoda mayoría en el Parlamento y ha gobernado como ha querido desde su victoria en 2002 sin una oposición que pueda tomarse en serio.

Pero Erdogan comete el mismo error de los autócratas que gobiernan solos: terminan considerándose infalibles. Cada vez tolera menos críticas a sus decisiones y ordena cada vez más la encarcelación de periodistas, intelectuales y políticos que se atreven a hacerlo. Erdogan mandó incluso a la cárcel a buena parte de la dirigencia militar por presunta preparación de un golpe militar.

Dureza inhumana contra manifestantes

Pero en vez de convertirse en un líder político respaldado por una serie de respetables éxitos -dentro y fuera de Turquía-, Erdogan comenzó en el verano de 2013 a desmontar su propia figura. La discrepancia con las fuerzas democráticas y los grupos civiles que protestaban contra los planes de construcción de un centro comercial en la céntrica Plaza de Taksim y la dureza con la que actuó para repeler las manifestaciones mostraron que el premier ya estaba con los nervios de punta.

Ahora, cuando la policía y la Justicia han descubierto un escándalo de corrupción sin precedentes en 90 años de historia republicana de Turquía, Erdogan ha perdido los nervios, definitivamente. Solo cuando las acusaciones de lavado de dinero, contrabando de oro, ilegales transacciones bancarias con Irán y sobornos para obtener licencias de construcción tocaron su círculo personal, Erdogan reaccionó atacando.

Pero el cambio de 10 de 26 miembros de la cúpula gubernamental ya no podía parar la bola de nieve echada a rodar: la lira turca cayó frente al euro y el dólar a un mínimo récord y la última instancia de la Corte Administrativa invalidó su decisión de querer obligar a la policía y a los fiscales a reportar la apertura de investigaciones de corrupción contra miembros del gobierno.

Tampoco la oposición convence

Si Erdogan cae víctima de su propia presunción, las alternativas en Turquía, país miembro de la OTAN, tampoco son muy prometedoras. Turquía no cuenta con una oposición fuerte.

El mayor rival de Erdogan es el predicador islamista Fethullah Gülen, que vive en Estados Unidos desde hace 13 años y que ha rechazado los intentos del premier de poner las Escuelas Gülen bajo su control. Estos son planteles educativos en donde se forman los seguidores de las enseñanzas religiosas de Gülen.

Gülen es un líder religioso, cuyas intenciones –como las Erdogan– siguen siendo un enigma. ¿Quiere levantar un Estado islámico con el Corán como Constitución? o acaso, ¿quiere demostrar que democracia y religión sí son compatibles? Por mientras, el futuro de Erdogan en el Gobierno es cada vez más incierto.

Bahaeddin Güngör, director de la redacción turca de DW.Imagen: DW
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