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La burocracia que dejará sin votar a miles de españoles

Enrique Anarte Lazo (VT)17 de diciembre de 2015

Como consecuencia del sistema de voto rogado, muchos españoles residentes en el extranjero se encuentran con unos trámites kafkianos que les impiden ejercer su derecho al voto.

Imagen: picture alliance/dpa/E. Trigo

¿Qué ocurre cuando es la propia Ley lo que impide al ciudadano ejercer sus derechos? Para los ciudadanos españoles residentes en el extranjero, las elecciones que tendrán lugar el próximo domingo 20 de diciembre, probablemente las más reñidas de la historia de la democracia en el país, estarán marcadas por la impotencia: la de no poder votar por trabas burocráticas a veces insalvables.

Su problema se llama voto rogado, un sistema de voto desde el extranjero que desde 2010 los obliga a realizar una serie de trámites casi kafkianos y que aparentemente carecen de lógica alguna. A través de la Marea Granate, una red que trata de defender los derechos de los emigrantes españoles, DW ha querido ponerse en contacto con algunos de los afectados.

Francisco emigró a Panamá hace tres años a raíz de la crisis económica. Será la segunda vez que no puede votar. Nadie le informó correctamente de los plazos y, al llamar él a las representaciones diplomáticas españolas en el país, la atención fue "pésima, lamentable". A Miguel, que volvió a Madrid hace dos meses desde Colombia, le llegaron a pedir que votara desde su antigua residencia colombiana. A Ana María, emigrante en Argentina, le enviaron el formulario para poder votar fuera del plazo de entrega. Salvador, residente en Nueva York, recuerda con ironía unas elecciones en las que le llegaron la propaganda electoral de los grandes partidos por correo urgente y las papeletas para votar 15 días después de celebrarse los comicios.

"Voto rogado, voto robado"

"Voto rogado, voto robado", denuncia la Marea Granate. Desde que los dos grandes partidos (PP y PSOE) introdujeron la reforma en 2010, el voto exterior se ha desplomado: ha pasado del 31,88% en las generales de 2008 a cifras que oscilan entre el 3% y el 5% en las municipales, autonómicas y generales que se han celebrado desde el cambio.

"Existe una falta de incentivos de índole electoral para que los dos grandes partidos, artífices de la reforma, se retrotraigan al sistema anterior", aclara Amparo González-Ferrer, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas español (CSIC). La experta en demografía, entrevistada por DW, explica que las estadísticas parecen indicar que entre los votantes residentes en el extranjero es mayoritario el apoyo al partido emergente Podemos. El voto rogado podría de esta manera estar conteniendo el voto de los miles de españoles, mayoritariamente jóvenes, emigrados como consecuencia de la crisis, muchos de ellos insatisfechos con la gestión que los partidos tradicionales han hecho de la economía.

Un procedimiento que "suprime el derecho al sufragio"

Jaime Miquel, analista electoral, indica a DW que, sean cuales sean las preferencias de estos votantes, "que no se expresen esos votos perjudica a todos, a la democracia". Para él, el voto rogado es un "procedimiento previo que determina la eliminación del sufragio universal tal y como se conoce en las democracias occidentales". Es, en la práctica, una manera de "suprimir el derecho de sufragio".

Ambos expertos coinciden en que la nueva legislatura traerá probablemente una nueva reforma electoral. Todo dependerá, advierten sin embargo, de la correlación de fuerzas que se forme tras la cita en las urnas del domingo. Otro ejercicio democrático donde, por desgracia, los emigrados seguirán sin tener voz ni voto.


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