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La cooperación al desarrollo, ¿solidaridad o negocio?

Mirjam Gehrke/ Cristina Papaleo28 de junio de 2013

La Sociedad Alemana para la Cooperación Internacional asesora a gobiernos y empresas, ganando sumas récord. Los críticos coinciden en que, de ese modo, la cooperación al desarrollo está transformando en un negocio.

Imagen: picture-alliance / dpa/dpaweb

La imagen del cooperante cavando para hallar agua, o construyendo salas de primeros auxilios y escuelas para mejorar el entorno sigue vigente para muchos. Sin embargo, la cooperación al desarrollo hace tiempo que se ha convertido además en un negocio muy lucrativo, según demuestran las cifras actuales de la Sociedad Alemana para la Cooperación Internacional (GIZ, por sus siglas en alemán). En 2012, la GIZ aumentó sus ganancias a 2,1 mil millones de euros.

Tanja GönnerImagen: picture-alliance/dpa

Ese éxito económico se debe a la “nueva orientación estratégica” de la GIZ, señaló el portavoz de la presidencia de la organización, Tanja Gönner, refiriéndose a la apertura de nuevos campos de negocios, como, por ejemplo, el asesoramiento del Gobierno griego en lo concerniente a la reforma sanitaria, y también al compromiso con la capacitación profesional en EE. UU., donde la GIZ abrió su nueva sede a fines de junio. La oferta de asesoramiento para empresas y gobiernos extranjeros se seguirá ampliando, asegura la portavoz: “Si queremos crecer, entonces tenemos que pensar qué es lo que tenemos para ofrecer”.

Intereses comerciales en primer plano

Esa nueva orientación no es otra cosa que la “comercialización de la cooperación al desarrollo”, critican exmiembros cooperantes de la GIZ, una empresa financiada por el gobierno federal alemán que surgió en 2011 de la fusión de la Sociedad Alemana para la Cooperación (GTZ), la agencia de capacitación InWent y la oficina de personal de cooperación Servicio Alemán para el Desarrollo (DED). El principal cliente de la GIZ es el Ministerio de Desarrollo, con un 75 por ciento del volumen de encargos. Cerca de un 11 por ciento provienen de encargos y financiaciones de empresas privadas, fundaciones, organizaciones y gobiernos extranjeros.

Escuela en barrios marginales de NairobiImagen: picture alliance/Photoshot

“La antigua manera de trabajar del DED, es decir, la investigación en el lugar y junto con los socios para saber cuáles son las tareas a llevar a cabo, y desarrollarlas desde las bases está desapareciendo lentamente”, dice Manfred Dassio, del Círculo de Amigos del DED. La unión de excooperantes al desarrollo aspira funda su propio servicio a la cooperación para el envío de expertos. Dassio critica que, para la selección de países socios, la GIZ no tiene como meta en primera línea el apoyo a la sociedad civil. “La GIZ dice de sí misma que actúa de acuerdo a principios comerciales. Todo tiene que producir ganancias”, dijo Dassio en entrevista con DW. “Ya no se trata de la solidaridad, ni de estructuras sociales más justas en los diferentes países”.

Como ejemplo, Dassio menciona el compromiso de la GIZ en Sierra Leone. Por encargo del ministerio alemán del Exterior, acompaña el proceso de reforma de la Justicia y de la Policía en dicho país, que sufre las consecuencias de una guerra civil. El ministerio de Desarrollo financia allí un programa para fomentar el empleo juvenil, sobre todo en el campo.

La educación como clave del desarrollo

Como resultado de su proceso de reorientación, la Sociedad Alemana para la Cooperación Internacional tuvo que adaptarse a las necesidades de los países en vías de desarrollo, dice Hans-Joachim Preuß, miembro de la presidencia de la GIZ. El número de países en los que la cooperación internacional aún tiene un rol importante es cada vez menor. “Ellos no esperan que se caven pozos, sino un sistema de abastecimiento y reciclamiento de agua. No quieren una sala de primeros auxilios, sino saber cómo crear un seguro de salud”. Preuß ve en ello una prueba del éxito de la cooperación al desarrollo: “Ahora trabajamos con personas mucho más calificadas. Los esfuerzos realizados en materia de educación en los últimos años parecen haber dado sus frutos. Nos encontramos con interlocutores que conocen muy bien el contexto internacional”, asegura. Manfred Dassio, exdirector estatal del DED en Camerún, confirma esa tesis: muchos campos profesionales para los que anteriormente se enviaba a cooperantes “están hoy totalmente cubiertos por personas de esos mismos países. Ese también es el resultado de 50 años de política para el desarrollo”.

Hospital en CamerúnImagen: Henri Fotso

Servicio Alemán para el Desarrollo, según el modelo de EE. UU.

El Servicio Alemán para el Desarrollo (DED), fue creado en 1963 con motivo de la visita de John F. Kennedy, de acuerdo al modelo de los Peace Corps (Cuerpos de Paz). En 1964 viajaron los primeros 110 cooperantes al desarrollo hacia Tanzania, Libia, Afganistán e India. Hasta 1994, el DED envió a 10.000 profesionales al extranjero. El DED no llegó a cumplir su cincuentenario. Hasta su fusión con la GTZ e InWent, hace dos años, había en total 16.000 cooperantes de la DED cumpliendo con sus tareas en más de 70 países.

Autora: Mirjam Gehrke/ Cristina Papaleo

Editor: Enrique López

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