La debilidad de los grandes
23 de junio de 2003
Francia y Alemania no sólo hacen causa común en materia de política exterior, como cuando se trata de impulsar la integración europea o cuando se opusieron al unísono a la guerra contra Irak. Las coincidencias también se extienden al terreno económico. Por lo pronto, ambos países comparten similares dificultades presupuestarias, mientras se mantienen esquivas las señales de reactivación económica.
Modestas previsiones
La debilidad coyuntural que aflige a los dos principales países de la eurozona provoca también una lógica inquietud en Bruselas por el cumplimiento de los compromisos derivados del pacto de estabilidad monetaria. Porque el escaso dinamismo de sus respectivas economías dificulta en forma creciente mantener el endeudamiento estatal dentro de los límites previstos. El gobierno de Berlín prevé para este año un crecimiento del 0,75%, pero ya se habla en tono soterrado de una posible corrección a la baja. El panorama no es mucho más risueño en Francia, donde el gobierno cuenta con un crecimiento del 1,3% para el año en curso, pero la oficina nacional de estadísticas vaticina que sólo llegará al 0,8%.
No obstante, los ministros de Hacienda de Francia y Alemania, reunidos hoy en París, intentan hacer honor a la fama de optimistas profesionales que suele acompañar a los políticos. Y tampoco los jefes de los respectivos bancos centrales se quedan atrás. El jefe del instituto emisor galo, Jean-Claude Trichet, quien sucederá a Wim Duisenberg al frente del Banco Central Europeo (BCE), destacó por ejemplo que la última rebaja de los intereses rectores en la eurozona crean una base propicia para el crecimiento. En este contexto, puntualizó que la tasa actual, del 2%, es la más baja de la postguerra en los países en que ahora circula el euro.
El "verdadero" problema
También el encargado de las finanzas germanas, Hans Eichel, mencionó indicios positivos para el desarrollo económico, como la estabilización de las inversiones y la solidez del consumo. El ministro hizo notar, por otra parte, que la Comisión Europea atribuye en dos tercios la actual debilidad económica del país a la carga financiera que supone la reunificación alemana. Por el momento, las autoridades de Berlín apuestan a la carta de un adelanto de las etapas pendientes de la reforma tributaria, que aliviaría la carga impositiva de la población, otorgando más dinamismo a la actividad económica. No obstante, aún no se ha aclarado el financiamiento de semejante medida, que implicaría menos ingresos para las arcas fiscales.
Nada de lo anterior puede, sin embargo, ocultar el desafío de fondo, que es la necesidad de efectuar profundas reestructuraciones. Así lo reiteró Eichel, señalando que la débil confianza en la economía debe ser fortalecida mediante la aplicación de reformas. Porque, a su juicio, "la falta de confianza en el futuro es el verdadero problema".