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La diplomacia de cumbres - ¿Un formato del pasado?

26 de noviembre de 2025

La institucionalización de las cumbres, como elemento más visible de múltiples procesos regionales o temáticos, parece haber llegado a su límite y dar paso a formatos más bilaterales, escribe Günther Maihold.

La secuencia de cumbres internacionales importantes, como la CELAC-UE en Santa Marta (Colombia), la COP30 en Belém (Brasil), la Cumbre del G20 en Johannesburgo (Sudáfrica) y la próxima Cumbre de las Américas, pospuesta para el año 2026 en Punta Cana (República Dominicana), ha demostrado una nueva faz de la diplomacia de cumbres: la ausencia de importantes líderes que, por diversas razones, prefieren abstenerse de participar en estos eventos. Si bien en años anteriores había una gran competencia por ser invitados, aunque fuera como observadores, últimamente estas reuniones de alto nivel entre jefes de Estado o de Gobierno ya no generan la misma atracción que en oportunidades anteriores.

Es posible que esta cambiante coyuntura sea un signo de la baja del multilateralismo a nivel internacional, que refleja de alguna manera el cambio de la cooperación al conflicto en las relaciones interestatales, o que la diplomacia de cumbres ya no ofrezca las ventajas clave que caracterizaron las relaciones internacionales en el pasado. Es posible que ya no se aprecien tanto los beneficios que se derivan de la participación directa de los máximos dirigentes y de la visibilidad inherente a este tipo de actos ante el auge de los formatos minilaterales o la preferencia por encuentros bilaterales que está demostrando el presidente Donald Trump para escenificar su política exterior.

Los presidentes como jefes de la diplomacia

La participación directa de los dirigentes en las cumbres internacionales reflejaba su interés por eludir los lentos procesos burocráticos de múltiples niveles y acelerar así la toma de decisiones en los asuntos internacionales mediante su poder de negociación y cierre de acuerdos. La lógica que hay detrás es el establecimiento de relaciones personales a través de las reuniones cara a cara. Esta socialización entre los mandatarios ofrecía una oportunidad única para que los líderes establecieran una relación de confianza y clarificaran sus intenciones, lo que podía ser de crucial importancia para la cooperación a largo plazo y la gestión de cuestiones delicadas.

Aunque en Santa Marta el cielo fue esplendoroso, la cumbre CELAC-EU, realizada en esa ciudad, se caracterizó por sus numerosas ausencias.Imagen: Luisa Gonzalez/REUTERS

Se esperaba que las consultas privadas e informales proporcionaran una mayor flexibilidad para "sondear el terreno" con nuevas ideas, algo que quizá no sería posible a través de canales diplomáticos más formales. Al acortar los canales de comunicación en la resolución de temas globales complejos, la resolución de conflictos y la gestión de crisis, las cumbres se consideraban una ventaja incluso en situaciones difíciles, ya que permitían el diálogo directo durante las tensiones políticas y económicas. Al mismo tiempo, las cumbres podrían servir de plataforma para que los países establezcan y refuercen relaciones y alianzas bilaterales y multilaterales en diversas cuestiones, como el comercio, la defensa y la seguridad.

La preferencia a temas globales

Uno de los ejes centrales de las cumbres fue generar condiciones propicias para la acción colectiva ante los retos mundiales y crear marcos de cooperación en cuestiones transfronterizas complejas, como el cambio climático, las pandemias sanitarias mundiales y la política económica. Las conferencias globales, como las diferentes COP en materia climática y ambiental, eran, en cierto modo, el formato oportuno para avanzar en temas de gran complejidad y enviar también un poderoso simbolismo, ya que estos eventos transmiten la intención diplomática y el compromiso del país anfitrión con una cuestión determinada, proyectando una imagen internacional positiva y generando beneficios políticos internos. Los líderes pueden aprovechar el gran interés público y la amplia cobertura mediática para demostrar su liderazgo, aumentar su índice de aprobación pública en su propio país y asegurar a la audiencia nacional sus esfuerzos.

La falta de efectividad de las cumbres

Los escasos resultados de las últimas cumbres y la reducida participación de representantes de alto nivel pueden ser expresión de la progresiva pérdida de importancia de las cumbres en la actualidad, ya que se han vuelto más frecuentes y los líderes políticos no siempre pueden o quieren asistir, lo que disminuye la relevancia de dichas cumbres. La ausencia de importantes líderes europeos y latinoamericanos en la reunión de la CELAC-UE, y la no asistencia de Argentina y México a nivel de presidentes a la reunión del G20 a la par de Trump, Putin y Xi, puede interpretarse como una consecuencia de las prioridades nacionales (México), una alianza con Washington (Argentina) o la falta de efectividad de estas cumbres (COP30) a la hora de avanzar en la búsqueda de soluciones para el tema que les ocupa.

Además, la diplomacia de las cumbres exige cada vez más a los líderes que equilibren los objetivos internacionales con las presiones políticas internas, lo que pone en juego su credibilidad personal cuando el compromiso adquirido en la cumbre no se corresponde con acciones concretas a nivel nacional, por ejemplo, en materia de lucha contra el cambio climático. Así, los líderes pueden quedar aislados de sus propios gobiernos y electores si persiguen acuerdos demasiado ambiciosos o que no se ajustan al consenso nacional. La institucionalización de las cumbres, como elemento más visible de múltiples procesos regionales o temáticos, parece haber llegado a su límite y dar paso a formatos más bilaterales, donde las asimetrías de poder entre las partes se expresarán mucho más directamente.

La depreciación gradual de las cumbres en la época contemporánea, puede indicar que los esfuerzos colectivos (acompañados a veces de declaraciones no vinculantes) están en retroceso, dejando paso a tiempos en los que la orientación ideológica y las alianzas a corto plazo adquieren mayor relevancia. Si la diplomacia tradicional logra recuperar su lugar frente a la diplomacia presidencial en las cumbres, podría ser una oportunidad histórica para que muchas políticas exteriores alcancen niveles mayores de calculabilidad y previsibilidad.

(elm)

 

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