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La guerra sucia del presupuesto

3 de diciembre de 2002

El Parlamento alemán debate desde este lunes el presupuesto. El tema aparentemente técnico despierta pasiones ante un déficit cada vez más abultado y la ausencia de perspectivas de una mejora económica.

Hans Eichel mit Sparschwein
¿Hay que romper la alcancía? El Ministro de finanzas, Hans Eichel, está en aprietos.Imagen: dpa

El enfrentamiento entre el Gobierno y la oposición no parece contribuir a encontrar soluciones. Más bien se intercambian acusaciones. Ante dos elecciones regionales en febrero, el primer día de debate no propone una salida al apuro económico de tener que ahorrar en épocas de vacas flacas. Dominó una tónica propia de una campaña electoral.

¿Crisis económica?

Aunque la situación no sea color de rosa, objetivamente hablando, Alemania no atraviesa una crisis económica. Lo que domina en cambio son expectativas negativas, entre empresarios y consumidores. Y esto debe preocupar, ya que las expectativas inciden de manera directa en el comportamiento de la coyuntura.

Pero tanto el Gobierno (conformado por socialdemócratas y verdes) como la oposición (de centro y liberal), parecen alejarse en este contexto de su responsabilidad política. La oposición acusa al Gobierno de "estafa electoral". El reelecto Canciller Gerhard Schöder habría estado informado antes de los comicios generales, del pasado 22 de septiembre, sobre la precaria situación fiscal, que ahora obliga a hacer enmiendas al presupuesto del 2002, y anuncios de recortes para el próximo año.

En Berlín en cambio, se insiste en la debilidad coyuntural global como el principal origen de las malas noticias para el bolsillo de los alemanes.

Imagen: AP

Panorama gris

Las autoridades temen un deterioro injustificado de la imagen internacional de Alemania. Después de todo, aunque la reunificación de las dos Alemanias continúe ocupando un lugar destacado en el presupuesto, sería una carga calculable. Y con un poco de conciencia histórica, se sabe que la coyuntura internacional no sólo baja, sino que también se recupera, beneficiando de igual manera a la economía nacional.

Por lo tanto los expertos exigen que los responsables políticos de ambos bandos asuman el mandato de contribuir a una mejora del clima económica en el país. Esta responsabilidad recae en primer lugar sobre los hombros de Gerhard Schöder y del Ministro de finanzas, Hans Eichel. Según los críticos, los debates sobre nuevos impuestos y recortes desde las elecciones de septiembre, sólo incrmentaron la inseguridad en Alemania. Por lo tanto no se puede culpar a la gente de que domine un panorama gris en plena temporada navideña.

Cuadrar un círculo

El presupuesto alemán se enfrenta a una combinación considerada cuando menos fatal por los libros de texto de economía: debilidad coyuntural y desempleo al alza (más de 4 millones este invierno). Es decir, por un lado las recaudaciones del fisco no cumplirán las expectativas. Por el otro, aumentará el gasto por el seguro de paro. El resultado: el déficit crecerá 13.500 millones de euros hasta un total de 34.600 millones. La última vez que el Gobierno incurrió en deudas de esta dimensión fue hace una década, en el contexto inmediato de la reunificación alemana.

De cara a la estabilidad monetaria, los responsables también deben considerar los compromisos adquiridos en el contexto del euro, la moneda única europea que comparten con otros 11 países de la Unión Europea. El Ministro Eichel propone una estrategia doble para evitar las sanciones económicas que Bruselas prevé si el déficit excede el límite máximo de 3% del Producto Interno Bruto: menos gasto y más tributos.

Aun así, habría que cerrar una brecha mediante créditos. Los recortes (unos 2.900 millones de euros) no se limitan al 2003, habrá más de lo mismo en los años subsiguientes, especialmente las subvenciones y servicios sociales. La resistencia de distintos grupos de intereses ya está programada. La oposición marcará la pauta al señalar que "Alemania no necesita que mejore el clima económico, necesita que mejore la política." Los antagonistas de Schröder exigen una fórmula opuesta: para dar nuevo impulso a la economía se tendrían que reducir los impuestos.

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