La justificación que no aparece
31 de mayo de 2003
El periódico Daily Mirror, de Londres, comenta la incómoda situación en que se encuentra el jefe de gobierno británico: "Normalmente Tony Blair permanece sereno incluso ante las mayores provocaciones. Por eso fue inusual que ayer perdiera la serenidad. Las críticas contra su documentación sobre las armas iraquíes de exterminio masivo (dada a conocer antes de la guerra), a todas luces pusieron el dedo en la llaga. Pero no tiene sentido que ahora se enfade y culpe a quienes le plantean preguntas críticas. Fue él quien abogó por la guerra; ahora le corresponde presentar las pruebas para justificarla".
Credibilidad perdida
En Alemania, el periódico Stuttgarter Zeitung se ocupa de las revelaciones del Nr. 2 del Pentágono, y opina: "Las armas de destrucción masiva no han sido encontradas. Y ahora el viceministro estadounidense de Defensa, Paul Wolfowitz, reconoce incluso que tales armas no fueron el motivo principal de la guerra contra Irak. Tampoco existió una vinculación con la red de Al Qaeda. El mundo no se ha vuelto más seguro gracias a esta guerra. Sin embargo, debido a la cambiante justificación de la guerra y a la errónea política de información empleada también ante el Consejo de Seguridad de la ONU, la superpotencia mundial tendrá en lo sucesivo más dificultades para volver a atacar como lo hizo en el caso del rufián de Saddam. Bush ha perdido credibilidad en el plano interno y exterior, en lo tocante a librar guerras. ¿Se le creerá otra vez? Más bien no.
Dudas confirmadas
También el matutino germano Neue Osnabrücker Zeitung analiza las declaraciones Wolfowitz y apunta: "Tanto Blair como Bush confirman indirectamente lo que pensaban aquellos que dudaban de los motivos esgrimidos para la guerra. El viceministro de Defensa estadounidense lo dice en forma directa. Con el argumento de las armas ABC sólo se pretendió conseguir un amplio respaldo para la guerra. Pero la intención principal fue poder reemplazar al dudoso aliado Arabia Saudita por Irak como base para las tropas estadounidenses. Con esa frase, el halcón derribó el castillo de naipes de las justificaciones bélicas. No cabe esperar que el presidente Bush revise, en forma autocrítica, su concepción del mundo dividido en amigos y enemigos. Pero quizás se sensibilicen por fin aquellos políticos y medios estadounidenses que callaron ante la guerra o la apoyaron abiertamente. Tal cosa sería deseable, no en último término porque los dirigentes de Washington utilizan ahora con Irán un tono como el que hace poco se escuchaba con respecto a Irak".
El turno de Irán
El rotativo austríaco Kronenzeitung muestra igualmente inquietud por la actitud que adopta Washington frente a Teherán, y apunta: "Estados Unidos ha comenzado a poner el cuchillo al cuello de otro estado ‘rufián’: Irán, al que acusa de ‘amparar a terroristas de Al Qaeda’ y de querer ‘construir bombas atómicas’. El libreto discurre como el espectáculo propagandístico previo a la guerra contra Irak: se formulan acusaciones sin contar con ninguna prueba. Al menos las armas iraquíes de exterminio masivo no han sido halladas hasta ahora, ni tampoco se han demostrado las vinculaciones de Saddam con Al Qaeda. Desde un comienzo, Washington partió del supuesto de que el mundo olvidará pronto. Ahora llega el turno de Irán."