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La leña que alimenta el fuego en España cada verano

Judit Alonso
26 de agosto de 2025

Los incendios forestales en España han calcinado más de 400.000 hectáreas, la mayor cifra en 30 años. Las causas se acumulan, pero también las propuestas para hacer frente a este problema ambiental y social.

Incencio en Castrillo de Cabrera, en León, una de las comunidades autónomas más castigadas por los incendios.
"El sector forestal y las organizaciones ecologistas llevan tiempo advirtiendo que lo que pasó en los veranos de 2006, 2012, 2017 o 2022 volvería a pasar", recuerda Mónica Parrilla, de Greenpeace.Imagen: Cesar Manso/AFP/Getty Images

España arde. Miles de personas de las comunidades autónomas de Galicia, Castilla y León, Extremadura y Asturias han sido desalojadas de sus casas y más de 400.000 hectáreas han sido calcinadas. Esta cifra, la mayor en 30 años, esconde un problema de fondo, explican expertos a DW.

"Los bosques españoles arrastran décadas de abandono que convierten la superficie forestal en un polvorín", advierte Víctor Resco de Dios, Coordinador de la Unidad Mixta de Investigación entre el Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña y Agrotecnio.

"España es el segundo país más forestal de Europa, pero no está considerado un sector estratégico. El abandono rural y la falta de gestión del territorio son la gran causa de esta situación", lamenta Marta Corella, vicedecana del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales.

"La principal causa de los grandes incendios forestales es el incremento constante en superficie y biomasa acumulada en los últimos años", agrega, por su parte, Andreu Gónzalez, director en Cataluña de la organización Bergwaldprojekt, que también opera en Alemania, Suiza y Austria. "El actual mapa forestal coincide casi calcado con el mapa de despoblamiento iniciado hace 70 años", indica.

"De las más de 28 millones de hectáreas forestales, tan solo el 22,2 % de la superficie está sujeta a planes de ordenación, que es la planificación para su posterior gestión", detalla Mónica Parrilla, responsable de la campaña de Incendios de Greenpeace. "Si bien el 73 % de las masas forestales están en manos privadas, no hay que olvidar que solo 54,8 % de la superficie forestal pública tiene planes de ordenación", puntualiza la también ingeniera forestal.

"Las olas de calor dan lugar a que la vegetación tenga un menor contenido de humedad, lo que favorece el inicio y la propagación del fuego", explica la investigadora Mercedes Guijarro. Imagen: Miguel Riopa/AFP

Olas de calor y viento, la suma que multiplica

A esta cuestión estructural se le añaden otras causas como la larga ola de calor que ha puesto más presión sobre el territorio, con enormes cantidades de matorral seco en bosques continuos que se extienden a lo largo y ancho de las montañas. "El cambio climático es un catalizador de los incendios, hemos pasado a tener episodios de temperaturas extremas sostenidas durante más de 20 días en junio y agosto", señala Luis Berbelia, Luis Berbelia, ingeniero forestal de la Fundación Pau Costa.

"Los incendios tienden a concentrarse en días de alto riesgo meteorológico, con altas temperaturas y baja humedad del aire, y el viento ayuda a propagar las llamas. Cuando se dan estas circunstancias es más probable que coincidan varios incendios", agrega Francisco Lloret, Catedrático de Ecología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) e investigador del del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF).

Los diversos focos han desatado la situación. "En esta simultaneidad de incendios, con comportamientos del fuego complejos para la orografía y las variaciones del viento, los medios de extinción existentes pueden haberse encontrado desbordados", apunta Mercedes Guijarro, investigadora de incendios forestales del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA-CSIC).

España cuenta importantes medios terrestres y aéreos para la extinción de incendios. Pero "sería un error pensar que con más medios arreglaremos el problema", asegura Resco de Dios, que apuesta por la prevención.Imagen: Xuan Cueto/Europa Press/IMAGO

¿Una cuestión de recursos?

Por ello, las miradas se han dirigido hacia las labores de extinción. "Ningún país tiene los suficientes medios cuando se dan eventos simultáneos, como este año", asegura Resco de Dios.

No obstante, las críticas se han concentrado en la gestión de las Comunidades Autónomas, encargadas de estas competencias. "Cada comunidad autónoma tiene su propio operativo; en algunas, los bomberos forestales no son personal estructural", critica Corella.

Aunque en los últimos años se ha profesionalizado, todavía deben mejorarse su organización y condiciones laborales. "Es necesario ampliar su estabilidad y remuneración laboral, evitando la estacionalidad, aplicando estos profesionales a la prioritaria labor de ejecución de trabajos silvícolas preventivos en puntos estratégicos de gestión de incendios forestales", apunta Berbiela.

Una solución llamada prevención

"Los incendios forestales se previenen cuando se negocian los presupuestos, momento en el que se ve el interés real por implantar políticas de gestión forestal y dinamización del medio rural que vayan más allá de las políticas de extinción del fuego", dice Parrilla, que reclama un fondo presupuestario de apoyo a la prevención de incendios y gestión forestal.

Cortar árboles para gestionar los bosques. En la foto: dos de las 400 personas voluntarias de Bergwaldprojekt que participan cada año en tareas de gestión forestal para prevenir incendios.Imagen: Fundació Projecte Boscos de Muntanya/Pablo Tosco

Se trata de una medida planteada en la "Declaración sobre la gestión de los grandes incendios forestales en España", que una plataforma que aglutina a una gran diversidad de colectivos del sector forestal hizo llegar hace dos años a las administraciones públicas españolas.

En ella, se urge a gestionar anualmente, como mínimo, 260.000 hectáreas, que representan el 1% de la superficie forestal a escala nacional, para la que se deben destinar alrededor de 1.000 millones de euros al año.

La Vicedecana del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, Marta Corella, reclama "un gran pacto de Estado para llevar a cabo una gestión correcta del territorio, del que cuelgue el plan de emergencias y no al revés, con la consiguiente gestión forestal, donde se revise la legislación que constriñe y afecta al medio rural".

Mientras, "tenemos que aprender a convivir con el fuego, aplicando medidas nuevas, pero aprendiendo de las lecciones tanto del pasado como de estos últimos años", considera la investigadora Guijarro.

Se trata de un aspecto que también se recoge en la Declaración, impulsada por la Fundación Pau Costa, que apunta la necesidad de que la sociedad se corresponsabilice en la gestión del riesgo de incendio, asumiendo su convivencia con el fuego. Por ello, urge a la gestión de la autoprotección de las viviendas y núcleos urbanos situadas en terrenos forestales o colindantes con bosques.

De espectadores a actores

Algunas iniciativas ciudadanas empiezan a surgir en este ámbito. En Villanueva de la Vera (Extremadura), cerca de una decena de familias, al ver cómo se extinguía un incendio en las inmediaciones de sus casas, decidieron unirse para crear la asociación Albura y poner en marcha conjuntamente medidas de prevención de incendios.

Vecinos miembros de la Asociación Albura, en un entrenamiento con batefuego. "Juntos conseguimos más", asegura el presidente de la entidad, el alemán René Müller.Imagen: Ren� M�ller

"Somos vecinos y amigos y perseguimos el mismo fin, nos ayudamos uno al otro en otros temas, no solamente en el tema de incendios, sino en lo que sea, y se crea un ambiente de comunidad muy gratificante. Hay un interés personal en esto, pero también para la sociedad", explica a DW el alemán René Müller, presidente de la asociación.

Tras discusiones con el ayuntamiento (la administración local) y la Junta de Extremadura (el Gobierno autonómico), lograron establecer un plan de prevención de incendios de cuatro años de duración. "Llevamos un poco más de dos años con el plan y hemos avanzado bastante. No solamente en mantener las fincas limpias, sino que también en trabajar juntos en los caminos", detalla Müller, reconociendo que aún quedan acciones pendientes, como la substitución de materiales de edificaciones por materiales menos inflamables.

A pesar de ello, su experiencia ha inspirado a otros vecinos a movilizarse y pasar de espectadores a actores en la prevención de incendios forestales.

(rml)