La odisea de Kilmar Ábrego, deportado "por error" de EE.UU.
27 de agosto de 2025
"Soy Kilmar Ábrego García. Nací en El Salvador y tengo 16 años. Me dedico a vender tortillas de maíz rellenas, 'pupusas', hechas por mi mamá Cecilia.
Pero en mi barrio, cerca de San Marcos, al sur de San Salvador, tienen el poder las pandillas, me amenazan a mí y a mi familia, y nos extorsionan".
Estas palabras no fueron pronunciadas por Ábrego García. Son una recreación periodística, basada en documentos y testimonios que reflejan la realidad que el joven enfrentó en su país antes de huir hacia Estados Unidos.
Lo cierto es que Kilmar Ábrego García no vive ya cerca de San Marcos, ni vende pupusas junto a su madre. Su historia dio un giro drástico: tras haber llegado a Estados Unidos siendo muy joven, establecerse y solicitar asilo allí, fue detenido y deportado "por error" a El Salvador, donde terminó encarcelado como un pandillero.
Luego llegarían muchas más idas y vueltas, hasta la situación actual, detenido en Virginia, Estados Unidos, y con la intención declarada de la administración Trump de deportarlo a Uganda.
¿Cómo se llegó hasta aquí? Recapitulemos su historia.
Primeros años en EE.UU.
Llegó en 2011 y comenzó a trabajar en la construcción. Años más tarde, conoció a Jennifer Vasquez Sura, con quien se casó.
En 2019 llegaría su primera detención. Según documentos judiciales, fue detenido cuando se encontraba fuera de un Home Depot junto a otros hombres, por considerarse que era miembro de una pandilla porque "llevaba una gorra de los Chicago Bulls y un buzo con capucha", y porque "un informante confidencial dijo que era un miembro activo de la MS-13" (o mara Salvatrucha).
Su abogado rechazó las acusaciones y Ábrego García solicitó asilo. Pero un juez de inmigración se lo negó, por haberlo solicitado cuando ya se había vencido el plazo para hacerlo. Sin embargo, le otorgó protección contra ser deportado a El Salvador por su "miedo bien fundado" (well-founded fear) de sufrir amenazas o violencia allí. Tras esta decisión, el salvadoreño fue liberado.
Deportación a El Salvador
Sin embargo, en marzo de este año, bajo el nuevo Gobierno de Trump, a pesar de la protección legal con la que contaba, Ábrego García fue detenido y enviado al Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) de El Salvador.
Días después, demanda de por medio, el Gobierno de Trump admitió en un documento judicial que la deportación fue "un error administrativo".
Regreso a Estados Unidos
Casi tres meses después de su deportación, la Casa Blanca aprobó la decisión de devolverlo a Estados Unidos, pero no para liberarlo, sino para que enfrente cargos penales: lo acusan ahora de transportar ilegalmente a inmigrantes indocumentados.
Tras una breve liberación del 22 al 25 de agosto pasados, Ábrego García fue detenido por la autoridad migratoria de Estados Unidos (ICE), y sobre él pende la deportación a Uganda, país que tiene acuerdos migratorios de cooperación con EE.UU. para recibir deportados de terceras naciones.
Hasta aquí, los hechos de un caso que se ha tornado emblemático.
¿Qué hay detrás?
"Este caso representa la versión más acabada de la destrucción de las libertades constitucionales, del derecho a juicio previo a la condena, y la ruptura del contrato social, por el cual todo acusado es inocente hasta que se pruebe lo contrario", sostiene en diálogo con DW Anahí Viladrich, profesora de Sociología y Antropología de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.
Sobre el envío al CECOT, la experta en migraciones analiza: "Esto pone en evidencia la solidificación del Estado corporativo que, a cambio de dinero, financia 'campos de concentración' en Estados complacientes".
Asimismo, critica "la enunciación discursiva de culpabilidad sin pruebas ni proceso judicial en ninguno de los países involucrados".
Nada de esto es casual, según la académica, sino "consecuente con la necesidad de crear y fortalecer un enemigo interno dentro de la nación, a los efectos de galvanizar el apoyo incondicional a un Estado autoritario".
"Al vincular migrantes con actividades delictivas o amenazas a la seguridad, aun sin evidencia clara, se refuerza la idea de que la migración irregular es un problema de seguridad que debe combatirse con mano dura", indica Junek Vargas, internacionalista de la UNAM, en entrevista con DW.
"Kilmar, y con él miles de migrantes, son presentados más como amenazas que como víctimas de contextos complejos (violencia, pobreza, persecución), sostiene. Esto "reduce la empatía social y justifica la indiferencia frente a las violaciones de derechos humanos", advierte crítica.
"Un migrante cualquiera"
"Kilmar es, en realidad, un ejemplo de un migrante cualquiera, que viene a EE.UU. buscando la posibilidad de mejorar su vida, y de muchos inmigrantes que batallan con el hecho de adaptarse a un nuevo sistema", sostiene Carmen Rodríguez, periodista salvadoreña residente en Estados Unidos.
"Ahora, la administración no puede quedar mal con sus bases, porque ellas han creído en la narrativa de que Kilmar es un 'pandillero, golpeador, depredador sexual y persona peligrosa para la comunidad'. Entonces, si a Kilmar lo liberan, es un punto negativo para Trump", explica Rodríguez, quien se ha involucrado en gestiones en ambos países para dar a conocer las irregularidades del caso.
"No es que lo defienda, pero si ha tenido denuncias por violencia de género, pues tiene que haber un proceso para que rinda cuentas por ese hecho, pero esto es algo separado", puntualiza Rodríguez sobre la denuncia por violencia que, efectivamente, la mujer de Ábrego García radicó y luego retiró en 2021.
"Dejen de jugar juegos políticos con la vida de Kilmar", les ha reclamado, en tanto, la esposa del salvadoreño detenido a Trump y Bukele.
La odisea de Kilmar Ábrego, el migrante salvadoreño deportado "por error" de Estados Unidos, no parece haber llegado a su fin.