La pugna de Claudia Sheinbaum por consolidar su liderazgo
28 de abril de 2026
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, enfrenta semanas complejas en el ejercicio de su poder político, a 19 meses de haber asumido como la primera mujer presidenta de este país.
El fracaso de su proyecto de reforma electoral, ante la rebelión de los pequeños partidos aliados del gobernante Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y los incesantes escándalos de corrupción, además de malas decisiones como un derrame petrolero mal manejado, han creado un torbellino político que no deja de crecer.
La semana pasada, la presidenta tomó las riendas con algunos enroques en puestos importantes de Morena, en el Estado y algunas embajadas vitales, como la de Washington. Estos movimientos han reactivado dudas sobre la cohesión de la coalición gobernante y sobre el verdadero margen de autonomía de la mandataria frente al complejo legado de su predecesor y mentor político, Andrés Manuel López Obrador, figura fundacional del partido gobernante, que vive retirado en su finca rural de Palenque, Chiapas (sureste).
En las entrevistas realizadas por DW con politólogos, los especialistas coinciden en que el momento no revela una ruptura, pero sí tensiones latentes, luchas por espacios políticos y el intento de consolidar un nuevo liderazgo presidencial, con algunos matices que la diferencian de su predecesor.
Morena: regreso al estilo del viejo PRI del siglo XX
Para Jorge Javier Romero, politólogo investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco, Morena no funciona como un partido homogéneo, sino como una estructura cruzada por lealtades y disputas internas. "Morena es una coalición muy diversa, esencialmente con vínculos mafiosos de reciprocidad, clientelista y patrimonial", dice a DW Romero, también sociólogo.
El oficialismo actual "me recuerda mucho al Partido Revolucionario Institucional (PRI) de los 70 y 80", concuerda Ernesto Castañeda, director del Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de American University en Washington.
El PRI era un partido hegemónico, surgido de la turbulenta Revolución Mexicana a inicios del siglo XX, y gobernó durante 71 años gracias a un refinado sistema autoritario y presidencialista de cooptación, recompensa y represión, al que el premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, bautizó como "la dictadura perfecta".
Tensiones ante las elecciones intermedias al horizonte
Ambos expertos subrayan que este momento de tensión se debe leer frente al horizonte de las próximas elecciones regionales y parlamentarias en el año 2027, donde estará en juego la súper mayoría oficialista en ambas cámaras. "Se preparan para elecciones intermedias, donde Morena quiere mantener la mayoría en el Congreso", comenta Castañeda.
A eso apuntan los enroques en la dirigencia de Morena, a la que llegan a puestos importantes dos figuras cercanas a Sheinbaum: la actual secretaria del Bienestar, Ariadna Montiel, a la presidencia, y Citlali Hernández, actual secretaria de las mujeres, se encargará de renegociar las alianzas con sus aliados de los partidos del Trabajo y Verde, tarea que ya había desempeñado en 2024.
Montiel maneja los programas sociales, el aparato clientelista, clave en la estrategia electoral. Y Hernández tendrá que asegurar el funcionamiento de la coalición, ya que los partidos minoritarios son importantes aritméticamente para mantener el control de dos tercios del Congreso, que permite cambiar la constitución sin necesidad de negociar con la oposición.
Carisma de AMLO pesa todavía
"La presidenta tiene que decidir ahora las candidaturas para el próximo año y garantizar que no se rompa la unidad del partido", comenta Romero. Advierte, además, que se trata de un ejercicio complicado, porque Sheinbaum aún no cuenta con el mismo peso y las mismas redes de poder de su predecesor López Obrador.
Morena, añade el académico, es un partido creado alrededor del carisma de López Obrador. "No hay un horizonte compartido entre sus miembros, no hay una disciplina partidista, el único es el interés patrimonial y el arbitraje centralizado que antes ejercía López Obrador".
Para Romero, en esos momentos de repartición de puestos, siempre existe el peligro de fracturas. Sin embargo, descarta por ahora una ruptura mayor: "No hay gran escisión de la cúpula o Claudia esté tomando el control frente a López Obrador". Tampoco considera que haya diferencias programáticas de fondo entre Claudia Sheinbaum y su antecesor: "Ella repite los mismos lugares comunes de López Obrador, no vislumbro nada de un proyecto propio".
La pregunta sobre si Morena atraviesa una crisis de unidad recibe una respuesta matizada por Ernesto Castañeda. A su juicio, las pugnas existen, pero no amenazan la supervivencia del bloque gobernante. Para Castañeda, la coalición gobernante administra sus tensiones más por repartos internos que por una identidad ideológica estricta.
Diferencias de estilo, no de fondo
En ese marco, Sheinbaum parece buscar espacio propio, pero sin romper con el andamiaje político que la llevó al poder. Castañeda sostiene que la presidenta "gana espacio y confianza para, poco a poco, poner gente más cercana a ella en su gabinete y dentro de Morena".
Y precisa: "No denota que haya un corte fuerte o definitivo con AMLO". Esa lectura encaja con la idea de un reacomodo gradual, más que con una confrontación abierta con el fundador de la autodenominada Cuarta Transformación o 4T, que se compara con la Independencia nacional, las guerras de las reformas liberales del siglo XIX , y la revolución social armada de principios de siglo XX.
La duda sobre un posible deslinde de López Obrador también aparece en la visión de Gema Kloppe-Santamaría, profesora investigadora de Historia de América Latina en la Universidad George Washington. Su diagnóstico apunta menos a una ruptura política general que a matices de estilo y prioridades.
"Veo, por ejemplo, una ruptura con la estrategia de seguridad 'Abrazos, No Balazos' de López Obrador", comenta a DW la académica, pero añade: "Al mismo tiempo, hay una continuidad muy grande en la militarización de la seguridad".
Sheinbaum, cuyo Gobierno ha arrestado y extraditado a importantes narcotraficantes, está bajo una gran presión de parte del presidente norteamericano, Donald Trump, quien exige una lucha frontal contra los cárteles de la droga y la narcopolítica.
Entre el abrumador legado de su predecesor, la enorme presión de Estados Unidos, los intereses de sus socios de coalición y las ambiciones de importantes figuras del partido, Sheinbaum sigue teniendo que hacer malabarismos políticos a diario, lo que le parece dejar poco margen para iniciativas propias.
(ms)