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Comunidad amazónica amenazada

Zoe Sullivan
2 de octubre de 2018

En Brasil, las comunidades indígenas están luchando por sus tierras frente a la amenaza de las grandes empresas, la minería y la destrucción del medio ambiente. En algunos casos, su propia supervivencia está en juego.

Vista área del río Tapajos en el estado de Pará, Brasil.
Imagen: Imago/Westend61

A principios de 2018, Ageu Lobo Perreira se encontraba huyendo. Había recibido la noticia de que su vida y la de otros dos miembros de la comunidad tradicional de la ribera del Amazonas que dirige, estaban en peligro.

La advertencia se produjo después de que  Lobo Perreira y otras personas del asentamiento de Montanha y Mangabal, que se encuentra disperso a lo largo del río Tapajos, cerca de la ciudad de Itaituba, al norte de Brasil, se dispusieran a marcar los límites reconocidos por el gobierno de su comunidad.

Fue entonces cuando encontraron evidencia de minería ilegal en sus tierras, incluyendo la contaminación del agua por residuos producidos por la extracción de oro. Según Lobo Perreira, los mineros vieron el proceso de demarcación como una amenaza para su sustento y enviaron un mensaje diciendo que matarían a los líderes comunitarios que se interpusieran en el camino de sus actividades. 

"En la primera etapa del proceso, nos vimos enfrentados a leñadores ilegales”, cuenta el líder de la comunidad. "En la segunda, nos enfrentamos a los mineros artesanales. Vieron que sus actividades ya no eran viables, así que empezaron a amenazarnos”.

Lobo Perreira pasó un mes escondido, durante el cual la policía federal comenzó a interrogar a los mineros artesanales. Esto aumentó las tensiones. Tras su regreso, la comunidad presentó un informe sobre la situación ante las autoridades brasileñas en un intento de obtener ayuda.

"Les hemos pedido controles e investigaciones y esperamos que tomen cartas en el asunto”, dice Lobo Perreira, añadiendo que la agencia gubernamental responsable de la titulación de tierras, el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra) de Brasil, no ha cumplido con su "obligación de marcar el territorio”. Eso hace que la ya aislada comunidad sea aún más vulnerable. 

Caza y recolección de tradiciones

Aunque la fiebre del oro de los años ochenta ya ha pasado, los buscadores de oro siguen probando suerte para enriquecerse en el río Tapajos. Imagen: Imago/Westend61

La minería ha sido parte integral del estado de Pará, donde se encuentra la comunidad de Montanha y Mangabal, desde que la fiebre del oro de los años 80 hiciera estragos en el paisaje.

Aunque la época en la que cientos de hombres entraban en tropel en las minas a cielo abierto saqueando la tierra, capturada en sorprendentes imágenes por el fotógrafo Sebastiao Salgado, ha pasado a la historia, los investigadores y lugareños todavía observan contaminación en los ríos causada por las actividades mineras de hoy en día.

"La minería con máquinas tiene consecuencias trágicas”, dice Lobo Perreira sobre el impacto de la maquinaria, como las excavadoras y dragas utilizadas en la minería a gran escala, en el bosque, que alberga animales como tapires y jaguares.

Incluso la minería artesanal a pequeña escala tiene un impacto sobre el medio ambiente y la salud humana.

"Hoy en día, el oro fino que está apareciendo se obtiene mejor usando mercurio”, explica José Pacheco Peleja, que coordina el laboratorio de biología ambiental de la Universidad Federal del Oeste de Pará.

Incra ha trabajado con la comunidad de Montanha y Mangabal en la demarcación del territorio de la comunidad utilizando GPS. Imagen: Incra

Cuando se emplea mercurio para ayudar a separar el oro de otros materiales, éste puede filtrarse al suelo y al agua, contaminando así el suministro de alimentos. Una exposición prolongada al mercurio puede causar deterioro cognitivo.

Aumentan los asesinatos

En 2013, Incra declaró a la comunidad de Montanha y Mangabal como un asentamiento de actividad agraria y de extracción. Los residentes habían luchado durante mucho tiempo por ese reconocimiento, que les permite tener derechos sobre sus tierras ancestrales, así como continuar con sus actividades tradicionales de caza, pesca y recolección. Los miembros de la comunidad afirman que no se dedican a la minería.

Sin embargo, critican que tienen poca protección y que se han visto obligados a defenderse de las amenazas violentas de la industria agraria, minera y maderera. Especialmente desde que en 2017 se recortaran los fondos para la Fundación Nacional del Indio (Funai), órgano del Gobierno brasileño que establece y desarrolla políticas relacionadas con los pueblos indígenas, así como para la oficina de protección del medio ambiente. 

La historia se repite en todo el país. Según la Comisión Pastoral de la Tierra, dirigida por la Iglesia Católica, y que hace un seguimiento de los asesinatos asociados a los conflictos por la tierra, 2017 fue uno de los año más violentos, con un aumento del 15 por ciento en los asesinatos comparado con 2016. El estado de Pará fue el más violento, con 21 personas asesinadas como resultado de las tensiones relacionadas con la propiedad de la tierra.

La policía federal, que se encarga de los reclamos del uso ilegal de la tierra y del allanamiento de morada, se niega a comentar esta historia. No obstante, Incra afirma haber estado trabajando en la demarcación de la tierra. Todavía quedan 30 kilómetros de frontera por establecer. Estos esfuerzos deberían reanudarse en octubre, según la agencia.

Las comunidades indígenas, incluyendo a los Munduruku (en la foto), llevan años protestando contra la construcción de represas y plantas hidroeléctricas en el río Tapajos. Imagen: Imago/Fotoarena/A. Barbosa

También está estudiando la comunidad de Montanha y Mangabal para catalogar sus estructuras existentes, como casas y bienes, así como a sus habitantes. Hasta ahora, ha identificado cinco mineros que no formaban parte de la comunidad.

Conflicto profundamente arraigado

Establecer los límites no resolverá todos los problemas de la comunidad, particularmente cuando los nuevos proyectos de infraestructura importantes chocan con los derechos de la tierra de la comunidad y tienen un impacto sobre el medio ambiente, según Marco Antonio Silva Lima, director de ciencia y tecnología del Departamento de Educación de Pará.

"Estos conflictos son históricos”, aclara Silva Lima a DW. "Lo que está sucediendo ahora es que hay una gran inversión en sistemas logísticos para mandar soja por barco y construir represas hidroeléctricas. Esto está empeorando los conflictos que ya existían. Es realmente preocupante”, explica.

Brasil planea construir varias represas más en la cuenca del río Tapajos, a pesar de la resistencia de grupos conservacionistas e indígenas a los proyectos que, según ellos, inundarían un ecosistema rico en vida vegetal y animal.  

Mientras tanto, Silva Lima cree que una manera de proteger a los grupos indígenas sería establecer un plan de desarrollo estratégico para la región de Tapajos, creando empleos alternativos para los mineros artesanales y los leñadores.

"En mi opinión, esto tendría que involucrar a las entidades estatales, locales y federales, así como a las comunidades tradicionales, a fin de establecer mecanismos de diálogo”, afirma Silva Lima, quien añade que es primordial para la supervivencia de estas comunidades, que sus voces sean escuchadas por las empresas y el gobierno.

Autor: Zoe Sullivan (AR/ER)

 

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