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La Unión Europea condena la “esclavitud moderna”

José Ospina Valencia26 de marzo de 2007

A pesar de ser delito de lesa humanidad, la esclavitud sigue siendo un negocio rentable. Sólo el contrabando de armas y el narcotráfico son más jugosos. La UE lamenta culpa del pasado y condena la “esclavitud moderna”.

Toda la familia de Manju es esclava en la India.Imagen: picture-alliance/dpa

Nunca hubo más esclavos y tan baratos como hoy, dicen organizaciones europeas de derechos humanos. El comercio de personas es hoy - en pleno siglo XXI - un negocio tan rentable que le sigue al de venta de armas y el comercio con drogas alucinógenas.

Con motivo de la conmemoración de los 200 años de la prohibición de la esclavitud, los países de la Unión Europea, por medio del Consejo que preside Alemania, lamentaron en una declaración “el gran dolor causado a millones de ciudadanos africanos esclavizados durante siglos”. La declaración también expresa su repudio por las nuevas formas de “esclavitud contemporánea”.

15 millones de esclavos ayer, 27 hoy

A lo largo de trescientos años Europa y América vendieron y compraron a 15 millones de africanos utilizados como esclavos en ambos continentes, aunque a América se llevara la gran mayoría.

El 25 de marzo de 1807, Gran Bretaña prohibió el transporte de esclavos. Una orden considerada como la abolición de la esclavitud. El delito mismo, nunca desaparecido del todo en otros países. Hoy figura la esclavitud entre los delitos de lesa humanidad que, por lo tanto, no prescriben nunca, si se comete como parte de un plan sistemático de subyugación o exterminio. La declaración de Ginebra sobre Derechos Humanos hace una diferencia entre la subyugación individual y la esclavitud como política de Estado.

EU quiera luchar contra la esclavitud

Desde 1650 el comercio con humanos se convirtió en una industria con características de consorcio multinacional. Sobre todo desde África occidental fueron llevados unos 15 millones de personas para ser utilizadas como fuerza de trabajo pesado en plantaciones de caña de azúcar y algodón en los Estados Unidos, el Caribe y Brasil. “Mientras en Europa se tumbaban las barreras para la época de la razón y la iluminación, comerciantes europeos fueron a ponerle cadenas y grillos al continente africano”, reza la declaración firmada por Angela Merkel, como presidenta interina del Consejo de la Unión Europea, consciente de que “aunque la esclavitud se había practicado a lo largo de miles de años, nunca había alcanzado las dimensiones del delito cometido con los negros llevados a las Américas”.

“Peor todavía”, reitera la UE, ya que “en muchos países la esclavitud es una práctica común que genera millones de euros a expensas de millones de víctimas”. Una razón por la que la Unión Europa se ha comprometido a “luchar contra toda forma de esclavitud”.

Esclavos en el vecindario europeo

Paradójico. A pocos kilómetros de la frontera con la misma Unión Europa está el país con la mayor cantidad de esclavos del mundo de hoy: Mauritania. Aunque en 1980 la esclavitud haya sido abolida oficialmente en este país del desierto, cientos de miles de sus 3 millones de ciudadanos viven en “completa subyugación”, dice un informe del sociólogo estadounidense, Kevin Bayles, sobre “La nueva esclavitud”. Los esclavos de hoy cuidan niños y animales, limpian, cocinan, construyen casas ajenas, transportan agua y tejas, sin recibir un solo centavo por su trabajo.

Pero Mauritania no es una excepción: la Organización Internacional del Trabajo (OIT), estima que en 2007 la esclavitud está tan extendida como nunca. Según la OIT, hay unos 27 millones de esclavos, la mayoría en Asia. El 80% de los esclavos son mujeres y más de la mitad menores de 18 años. En África se roban, venden o entregan anualmente 200 mil niños que trabajan en plantaciones de cacao en Costa de Marfil o en casas de familia en Nigeria o el Chad.

América Latina: muchachas del “servicio” en casas de familia

En la misma América Latina en los últimos años se han conocido casos de esclavitud en el Caribe y Brasil, tanto en plantaciones como en las llamadas “casas de familia” en donde se mantienen jóvenes como “domésticas” a disposición las 24 horas del día.


La “mercancía hombre, mujer o niño”, es, en efecto, tan rentable como nunca. Bayles calcula que un latifundista estadounidense en 1850 pagaba unos 30.000 euros por esclavo, mientras en 2007 en África se venden niños por 20 ó 30 euros.

La extrema pobreza, la corrupción, la ignorancia y la impunidad en muchos Estados son las fuentes de la esclavitud moderna. En la lucha contra estos males Europa bien podría hacer mucho más.

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