Las dos caras del 9 de noviembre
9 de noviembre de 2003
Para George Bush, el 9 de noviembre es el Día Mundial de la Libertad. Así lo ha proclamado formalmente, recordando que "hace 14 años, un pueblo amante de la libertad derribó el Muro de Berlín, comenzando a liberar a una nación de la opresión comunista". Desde el punto de vista del presidente estadounidense, ese hecho histórico representa el triunfo de la política de Washington en la guerra fría. Para los alemanes, sin embargo, la fecha es mucho más que eso. Ciertamente, el aniversario de la caída del Muro que dividió al país por décadas es motivo de celebraciones y conmemoraciones de alto nivel. Pero ello no hace pasar por alto otro 9 de noviembre, de trágico recuerdo: la noche de los pogromos, en que ardieron las sinagogas y los negocios de judíos en múltiples ciudades del país.
Nuevo centro judío
65 años se cumplen de aquella fatídica jornada en que los nazis devastaron un millar de templos y asesinaron a casi un centenar de judíos. El 9 de noviembre de 1938 encendió la mecha del Holocausto, la más sangrienta herida de la historia alemana. No es casual que se haya escogido justamente este aniversario para poner la primera piedra del nuevo centro judío que se levantará en Munich. Como dijo el primer ministro de la Baja Sajonia, éste es también un símbolo de que la destrucción no tiene la última palabra.
Durante la ceremonia, el presidente alemán, Johannes Rau, llamó a defender con decisión la libertad y a practicar la tolerancia. "Quien ataca a minorías, coloca una bomba en los cimientos de nuestra sociedad", subrayó el jefe de Estado. Al mismo tiempo, se mostró consternado por el hecho de que, transcurridos 65 años de la noche de los pogromos, todavía haya ultraderechistas dispuestas a atentar contra un centro judío. Rau hacía referencia con ello a la detención hace dos meses de 14 personas de extrema derecha que habían planeado a todas luces poner explosivos en la colocación de la piedra angular del nuevo edificio.
Discusión actual
El presidente del Consejo Central de los Judíos de Alemania, Paul Spiegel, previno de minimizar los delitos de la ultraderecha, reduciéndolos a un fenómeno del ámbito juvenil. Igualmente aludió al escándalo recientemente desatado por un parlamentario cristiano demócrata, Martin Hohmann, quien dijo en un discurso que también el pueblo judío fue victimario, en el contexto de la revolución rusa. Una opinión que le granjeó las más duras críticas de todos los sectores políticos, incluyendo su propio partido. Según Spiegel, es intolerable que en el parlamento alemán haya una persona que propague ideas antisemitas.
El tema, en consecuencia, no es sólo asunto del pasado. Pero, aunque se discuta acerca de si existe un repunte del antisemitismo en Alemania, la sociedad germana en general tiene muy clara la lección de la historia y comulga con la consigna de "nunca más".