Las visitas de Washington
18 de julio de 2003
El periódico Frankfurter Rundschau, de Fráncfort del Meno, opina: "Desde el quiebre ocasionado por el tema de Irak, jamás habían sido más propicias que ahora las oportunidades para reparar sostenidamente las relaciones germano-estadounidenses. Durante la visita del ministro de Relaciones Exteriores alemán, Joschka Fischer, a Washington, ambas partes se sondearon cautelosamente; ahora llega el momento de aprovechar la ocasión. El interés compartido de salvar a Irak del caos que lo amenaza, debería resultar útil. Por otra parte, en Washington se ha comprendido entretanto que incluso una superpotencia a veces necesita ayuda. En el Congreso aumenta la presión para que el gobierno de Bush deje de lado su vanidad y se dirija también a los países que se opusieron a la guerra. La máxima de perdonar a los rusos, ignorar a los alemanes y castigar a los franceses ya no tiene validez. Cualquier ayuda es bienvenida."
Los viejos amigos
Por su parte, el Tages-Anzeiger, de Zurich, apunta: "Los tiempos han cambiado. Estados Unidos ya no se puede dar el lujo de guardar rencor a sus detractores en la crisis iraquí y mirarlos en menos. Más que nunca se manifiestan dudas en cuanto a la legitimidad de la guerra contra Irak. Los problemas están superando a los estadounidenses en el terreno y la 'coalición de los dispuestos' no parece estar en condiciones de llevar tanta carga como creía el gobierno de Bush. En esta situación, Estados Unidos no podrá eludir buscar aliados adicionales para estabilizar a Irak. Entre ellos se cuentan también los antiguos amigos de la Vieja Europa".
Las debilidades de Blair
Con respecto a la visita del primer ministro británico, Tony Blair, a Washington, el matutino londinense The Independent publica un editorial titulado "Adulando a los poderosos". En él apunta: "En su calidad de alguien que apoyó la guerra, Blair habría tenido el derecho de llamar la atención sobre los peligros que ocasiona para Estados Unidos el tratar de esquivar responsabilidades en cuanto a la reconstrucción de Irak. Podría haber dicho: 'su nación representa valores excelentes, pero se resiste a hacerlos valer irrestrictamente cuando se siente amenazada'. La fidelidad a los principios se manifiesta cuando se vuelve difícil ser consecuente. A Blair no le acomoda decirles cosas que no quieren escuchar a los estadistas poderosos o a un auditorio que lo admira. Eso puede ser un punto a favor, pero anoche constituyó una debilidad. Esta oportunidad desperdiciada demuestra claramente dónde están los flancos débiles de nuestro primer ministro".
Directrices para halcones
En Roma, el rotativo La Repubblica comenta: "Tampoco el brillante discurso que pronunció ante el Congreso estadounidense, ni la conferencia de prensa que ofreció luego junto a Bush, aclararon en modo alguno el caso del uranio inexistente, sino que se limitaron a seguir el discurso de la guerra 'políticamente moral'. 'La historia nos dará la razón, aunque no encontremos armas de exterminio masivo' fue el mensaje consolador que dirigió Blair a Bush, en una suerte de intercambio de roles. El primer ministro británico, como socio menor de Estados Unidos, tuvo que defender a la Casa Blanca e indicar las directrices de la contraofensiva política a los inseguros republicanos y los confundidos halcones."