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Los desafíos de Obama

7 de noviembre de 2012

La mayoría republicana en el Congreso no será el único reto para Obama a partir de enero. La montaña de deudas en las finanzas estadounidenses es uno de los más importantes, opina Christina Bergmann, de DW.

Imagen: Reuters

En política financiera, el presidente Obama consiguió sacar a Estados Unidos de la recesión y evitar una recaída. Con apenas un mes en el cargo, suscribió el paquete de medidas de rescate, por un monto de 787.000 millones de dólares. De ese modo continuó la política emprendida por su antecesor con el paquete de rescate bancario. La situación económica no es de color de rosa, la tasa de desempleo sigue siendo relativamente alta, con casi un 8 por ciento, pero los expertos coinciden en que sin las correspondientes medidas habría sido mucho peor.

Uno de los mayores desafíos que esperan al presidente en su próximo período es la enorme montaña de deudas. Obama se ha pronunciado por una mezcla de aumentos de impuestos y recortes de gastos, que es matemáticamente la única salida. Se contrapone a ello el juramento de los republicanos –suscrito también por Mitt Romney- de no aceptar bajo ninguna circunstancia alzas tributarias. Esto es políticamente irresponsable y matemáticamente no resulta realista. Quien a priori descarta un posible acuerdo negociado actúa, además, de manera infantil.

En materia de política social, ahora podrá surtir efecto una iniciativa legal que Obama logró aprobar con mucho esfuerzo: la reforma del sistema de salud. Un segundo período de Obama significa que millones de estadounidenses podrán contar con un seguro de salud, de modo que una enfermedad no suponga una posible ruina financiera. Mitt Romney había amenazado con echar atrás dicha reforma de inmediato.

Obama también puede exhibir otras iniciativas legales, como la que garantiza a las mujeres el mismo salario que a los hombres por igual trabajo, o la tendiente a posibilitar que los homosexuales asuman abiertamente dicha condición en el ejército. Por eso, en la próxima reforma migratoria cabe esperar que el presidente aplique una política humana, en lugar de promover como los republicanos la marginación de un grupo de personas que aportan su cuota al éxito económico del país.

En cuanto a política exterior, es cierto que el presidente no ha hecho todo bien –cuesta entender su actitud dubitativa ante las manifestaciones en Irán y el derramamiento de sangre en Siria- pero, a quien le reproche haberse quedado demasiado en la retaguardia, hay que recordarle que los estadounidenses lo eligieron en 2008 porque prometió justamente eso: que Estados Unidos dejaría de ser un país odiado, que actuaba como le parecía, para volver a ser un aliado solicitado. La operación militar internacional en Libia es el mejor ejemplo de que lo consiguió.

La política de Estados Unidos con el presidente Obama resulta más o menos previsible. En los últimos años, él gobernó con mano serena y de forma conciliadora. Cómo habría sido con Romney como presidente resulta difícil de decir, en vista de los cambios de opinión del republicano en casi todos los ámbitos. Pero Estados Unidos necesita a alguien predecible en el poder. Con Barack Obama, los estadounidenses reeligieron a una persona así.

Autora: Christina Bergmann /ERS

Editor: Enrique López

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