Los prisioneros y la propaganda
24 de marzo de 2003
Las imágenes de soldados estadounidenses que cayeron prisioneros de las fuerzas iraquíes ya han dado la vuelta al mundo. En el frente informativo, la guerra de Irak también se libra con toda la crudeza del caso. La propaganda es parte importante de una operación bélica, tanto con miras a desmoralizar al adversario, como con el propósito de promover un ánimo favorable en la opinión pública de los países involucrados. Y esto vale para todas las partes en conflicto.
Protestas estadounidenses
El secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, bien lo sabe. Conoce sin duda el impacto que produce ver a soldados cautivos e indefensos, respondiendo preguntas ante las cámaras, con el temor marcado en el rostro. Esta vez fueron cinco uniformados estadounidenses, entre ellos una mujer y un herido, que dijeron pertenecer a la Compañía 507, encargada de efectuar instalaciones y reparaciones. Nadie puede prever cuántos más habrá.
Rumsfeld protestó contra la transmisión de tales imágenes de la televisión iraquí, que fueron reproducidas, entre otros, por la estación árabe Al Yazeera y la cadena estadounidense CBS. A juicio, ello viola la Convención de Ginebra, que en su artículo 13 plantea que los prisioneros de guerra deben sere protegidos de la curiosidad y no deben ser expuestos públicamente.
Razón tiene el ministro, pero en medio de la batalla -militar y publicitaria- las normas no siempre gozan de respeto. De hecho, la televisión estadounidense también mostró hace un par de días soldados iraquíes capturados, con las manos cruzadas tras la cabeza.
La Convención de Ginebra
La Convención de Ginebra, referida al trato a los prisioneros de guerra, tiene ya una larga historia. Su versión actual data de 1949 y contempla, en sus puntos centrales, la obligación de dar un trato humano a los cautivos. Junto con prohibir la violencia y la humillación de los prisioneros de guerra, consigna los derechos que poseen: por ejemplo, derecho a la alimentación, vestimenta, asistencia médica y religiosa. Su lugar de detención debe quedar registrado.
Son las normas básicas que la civilización impone, incluso en casos de enfrentamiento bélico, donde los rasgos de humanidad corren peligro de esfumarse en medio de una situación de por sí ajena a los principios del humanismo. La Convención de Ginebra ciertamente ayuda a preservar vidas, pero a todas luces no puede detener la guerra, ni siquiera en el frente publicitario.