Los problemas de Bush
15 de julio de 2003
El periódico Rheinische Post, de Düsseldorf, considera que el jefe de la diplomacia de Alemania ha llegado a Washington en un momento propicio: "Fischer se encontrará con un gobierno estadounidense que ya no se siente tan seguro. Ciertamente, el rufián de Saddam ha sido derrocado. Pero la reconstrucción de Irak no avanza como se deseaba (...) Entre los estadounidenses se propaga el síndrome de Vietnam: casi todos los días mueren soldados. Los costos de la campaña suben a las nubes, el general Franks habla de una ocupación de cuatro años. Por último, la eventual declaración falsa de Bush sobre el peligro de que Saddam adquiriera uranio, socava la credibilidad de Washington, sin poner aún en tela de juicio la totalidad de la intervención militar, para la que existía una cantidad de buenos motivos. Sea como fuere, los halcones que rodean a Paul Wolfowitz se han acallado o, como Rumsfeld, han comenzado a gruñir."
Satisfacción interna
Por su parte, el rotativo Stuttgarter Zeitung, apunta: "Nada sería más equivocado que adoptar ahora una actitud triunfalista. Aun así, quién podría tomarle a mal a Joschka Fischer si en su interior siente cierta alegría, ahora que el ministro de Relaciones Exteriores se encuentra por primera vez tras largo tiempo con sus antiguos contradictores en Washington. Quien no habría de recordar su apasionada respuesta al ministro de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, durante la conferencia de seguridad celebrada en Munich a fines de enero: ‘¡No estoy convencido!’ Fischer tenía razón."
Reelección en duda
El Corriere della Sera, de Milán, ve en peligro la reelección de George Bush: "En torno a las armas de Saddam que nadie logra encontrar, las informaciones de la CIA sobre el uranio que Irak quería conseguir en Níger y que resultaron ser falsas, y el discurso del presidente Bush sobre el estado de la nación, se está librando una compleja partida. Si el electorado, preocupado por el creciente desempleo y el creciente déficit, no ve progresos en Afganistán ni en Irak, surgirá un descontento inquietante para Bush. Sólo la captura de Saddam o de Osama Bin Laden podría garantizar a Bush un buen resultado en las elecciones. Pero no hay ni rastros de ellos".
El talón de Aquiles
En Viena, el diario Der Standard estima que resulta necesario examinar el trabajo de los servicios de inteligencia, en vista de las falsas pruebas utilizadas para justificar la guerra contra Irak: "Los servicios secretos son el talón de Aquiles de cada sociedad abierta. Su trabajo se realiza, por definición, a espaldas de la opinión pública, y se sustrae de múltiples formas a los procedimientos democráticos comunes. Si todo no fuera tan secreto, como buen demócrata, uno quisiera tener más antecedentes de tales operaciones que, al fin y al cabo, decidieron entre la guerra y la paz. El caso de Irak debería servir de motivo para volver a analizar en profundidad las relaciones entre los servicios de inteligencia, la política y la opinión pública".