El temor de muchos empresarios a sufrir un ciberataque ha descubierto un nuevo nicho de mercado para las aseguradoras. La intervención de un hacker puede provocar pérdidas millonarias. Sus consecuencias, como paralizar fábricas o robar datos de clientes, entre otras, pueden arruinar la imagen de una empresa. ¿Sirven las ciberpólizas en estos casos?