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Lula y Moro: historia de un enfrentamiento

Jean-Philip Struck
10 de mayo de 2017

El interrogatorio del expresidente de Brasil abre un nuevo episodio en la lucha de poder entre el juez símbolo del caso Lava Jato y el político, dos de las figuras más polarizadoras en el actual debate público brasileño.

Richter Sergio Moro und Ex-Präsident Brasiliens Lula da Silva
Imagen: Abr

Por primera vez, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva se presentó este miércoles (10.05.2017) en los tribunales y se enfrentó cara a cara con el juez Sérgio Moro. Formalmente, se trata de un mero procedimiento judicial. Simbólicamente, en cambio, el encuentro es considerado un punto y aparte en las indagaciones de la Operación Lava Jato.

 

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Para unos héroes, para otros villanos, ambas figuras adquieren ribetes disímiles dependiendo del lugar político desde donde se miran. Por ello, el testimonio de Lula adquiere connotaciones distintas dentro del debate. Para sus partidarios, el expresidente es una víctima y la operación no sería más que una herramienta para poner fuera de juego una eventual nueva candidatura suya a la presidencia, a pesar de que las investigaciones han golpeado también a varios adversarios del Partido de los Trabajadores (PT). En esta lógica, el juez Moro no es más que una persona que busca figuración y no un juez imparcial.

Desde el otro lado, el discurso victimista de Lula es visto como una cortina de humo para despistar de los escándalos de su gob erno. Y Moro es un símbolo de un Brasil que no telera más corrupción, y su conducta mediática es perdonada.

En la mira de la Operación

Esta semana, dos revistas pusieron en sus portadas imágenes de Moro y Lula como protagonistas de una pelea. Una hizo un montaje del juez y del expresidente como si fueran boxeadores. La otra, como luchadores de lucha libre mexicana. Una exageración evidente, aunque ambos se han presentado en más de una oportunidad como rivales.

Tras surgir en marzo de 2014, Lava Jato se tardó más de un año en fijar su atención en el expresidente o personas de su círculo más cercano. Pero antes de que eso ocurriera, Lula ya decía a quien quisiera escucharlo que temía ser uno de los próximos blancos de la operación, que cada vez se identificaba más con la figura de Moro. En noviembre de 2015, un amigo de Lula, José Carlos Bumlai, fue detenido por orden de Moro bajo la sospecha de haber intermediado para obtener un préstamo fraudulento para el PT. A partir de entonces, fueron más y más los episodios que acercaron a Lula al caso.

En su comparecencia de este miércoles, Lula seguramente debió referirse a las acusaciones de corrupción pasiva y lavado de dinero por las que es reo. Es la famosa denuncia presentada en Power Pioitn por la fiscalía, la que fue aceptada por Moro en septiembre de 2016. Según la acusación, el político recibió 3,7 millones de reales de un contratista.

Lula y Dilma Rousseff. Imagen: Getty Images/I. Estrela

El total no se habría pagado en dinero, sino con un tríplex en Guarujá y en el alquiler de un depósito que el expresidente usaba para guardar los presentes que recibió durante su gobierno. Esos "presentes", según la fiscalía, habían surgido tras la firma de dos contratos entre la empresa OAS y Petrobras. Además de Lula, el caso involucra al presidente del Instituto Lula, Paulo Okamotto.

Choques históricos

Pese a que nunca se habían encontrado personalmente durante la investigación, ambos habían conversado por teleconferencia. Fue el 30 de noviembre de 2016, cuando Lula habló como testigo de la defensa del exdiputado Eduardo Cunha (PMDB-RJ) a través de una cámara ubicada en una sede judicial en São Bernardo do Campo. Y entonces todo fue cordial, pese a que ambos ya habían protagonizado varias controversias.

La más notoria de todas fue la divulgación, en marzo de 2016, de una serie de escuchas telefónicas que involucraban con el expresidente. Las órdenes para registrar las conversaciones y retirar el secreto de ese material fueron dadas por Moro. Considerando el momento de la divulgación, lo que debió ser una simple decisión judicial terminó teniendo efectos devastadores para el gobierno de la entonces presidenta Dilma Rousseff. En esa fecha, la mandataria había nombrado a Lula como ministro, en un esfuerzo desesperado por salvar su mandato.

La decisión de Moro, que pasó por encima del Tribunal Federal Supremo, encendió el debate político. La Justicia impidió que Lula asumiera el puesto. A partir de ahí, las críticas a la actuación de Moro se tornaron más comunes en el medio jurídico y en algunos sectores de la prensa, pero su imagen ante la opinión pública siguió siendo muy positiva.

En otra ocasión, también en marzo de 2016, Moro ordenó que Lula fuera llevado por la fuerza por la Polícia Federal para prestar testimonio. Lula se quejó de que podría haber sido llevado de forma normal a declarar, y que la decisión tuvo motivaciones políticas. Lula acabó usando esa situación para agitar a sus seguidores. Entonces, dijo que "si querían matar al animal no le golpearon la cabeza, sino en la cola, porque el animal está vivo.

La sociedad brasileña está muy dividida. En la imagen, opositores a Lula protestan en su contra. Imagen: picture-alliance/dpa/EPA/B. Walton

En medio del debate, Lula llegó hasta la misma ONU para reclamar por la conducta de Moro y dijo que el juez no está en condiciones de someterlo a juicio. También presentó varias quejas y pedidos en distintos tribunales para sacar del caso a Moro, sin éxito hasta el momento. Y además hubo diferencias con Moro en algunas audiencias. En marzo de 2017, durante el testimonio de un testigo de la defensa del político, Moró vetó una pregunta y dijo que los abogados intentaban hacer "propaganda política" del gobierno de Lula.

En abril, después de que la defensa presentara una lista con 87 testigos (lo que indicaba una estrategia para demorar el proceso), Moro autorizó la presencia de todos ellos, pero ordenó que Lula también compareciera en todos los casos. Tanto la estrategia de Lula como la respuesta de Moro, que sonó como un intento de responder con la misma moneda, fueron criticadas por expertos. Al final, otro tribunal decidió que Lula no debía comparecer en todos los testimonios.

El pasado 8 de mayo, Moro intentó convencer al público presente en un acto en Curitiba de que el proceso y el testimonio son etapas normales de una investigación, y no parte de una lucha personal. "El proceso no es una guerra, no es una batalla, no es un campo de combate. En realidad las partes del proceso son los acusadores y la defensa. No el juez. Me preocupa un poco ese clima de confrontación, esa elevada expectativa en relación con algo que puede ser extremadamente banal. Y lo digo ahora: nada concluyente va a salir de este encuentro" con Lula.


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