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Nicaragua: ahora Ortega quiere silenciar a Sergio Ramírez

12 de septiembre de 2021

La pareja presidencial de Nicaragua, un país cada vez más aislado, pretende aferrarse al poder asegurándose la reelección por cualquier medio. Su cruzada contra toda crítica golpea ahora al ganador del Premio Cervantes.

Sergio Ramírez.
Sergio Ramírez.Imagen: Alfredo Zuniga/AP/dpa/picture alliance

La represión en Nicaragua ya no respeta ni a sus nombres más internacionales: Sergio Ramírez, uno de los escritores más reconocidos del país centroamericano y crítico del presidente izquierdista Daniel Ortega, fue acusado el pasado jueves de blanqueo de capitales, incitación al odio y de "menoscabar la integridad nacional". Unos días antes, había calificado a las próximas elecciones como una "broma macabra" y hace apenas tres meses pedía solidaridad internacional ante los arrestoscomo el que ahora se cierne sobre él. Ramírez, ganador del Premio Cervantes, fue compañero de Ortega; ambos fueron líderes de la revolución sandinista de izquierda antes de pelearse por diferencias políticas. Ortega anunció hace unos días que "terroristas y diablos en sotana" planeaban un nuevo levantamiento contra el gobierno. La orden de arresto provocó indignación internacional.

Crítica por la "pura maldad y venganza"

A los ojos de sus compatriotas, Ortega salda son la acusación una cuenta personal con uno de sus más firmes oponentes. La escritora Gioconda Belli habló de un "acto de pura maldad y venganza". "Se le acaban las palabras a una para nombrar lo que está pasando en Nicaragua", dijo al portal 100% Noticias. Belli también es excompañera y hoy crítica de Ortega. Se exilió en mayo y tuvo que cerrar el club de escritores PEN de Nicaragua, que dirigía. Ramírez pudo partir hacia España a tiempo y evitar el arresto. Intelectuales de todo el mundo solidarizaron con los perseguidos, muchos de ellos también del espectro político de izquierda como los autores mexicanos Paco Ignacio Taibo II y Elena Poniatowska.

Reelección con calzador

El escritor no es, sin embargo, un caso aislado, sino víctima de una brutal ola de represión desde mayo contra todo aquel que critique al régimen, sean estudiantes, periodistas, sacerdotes, empresarios, activistas de derechos humanos u organizaciones indígenas de base. Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, han seguido una senda cada vez más autoritaria desde la brutal represión de las protestas estudiantiles en 2018. Se postulan para la reelección en noviembre. Es el quinto mandato para Ortega y el segundo para su esposa. Con una elección libre, probablemente no tendrían ninguna posibilidad. Por tanto, a los partidos y candidatos más importantes de la oposición o no se les permitió presentarse o fueron encarcelados. Entre ellos, siete posibles candidatos presidenciales. En total, los activistas de derechos humanos y activistas cuentan más de 150 presos políticos detenidos.

Sin embargo, no está claro si Ortega logrará romper la resistencia por la fuerza. La alianza opositora UNAB anunció el jueves que pasará a la clandestinidad tras la detención de doce de sus miembros. "La resistencia no se ha ido. Sin embargo, actualmente no podemos brindar ningún detalle porque esto pondría en riesgo a nuestros seguidores", dijo la portavoz de la alianza, Alexa Zamora, a través de una videoconferencia.

Paria internacional

La escalada está aislando a Nicaragua cada vez más internacionalmente y convirtiendo al país en un paria. El candidato presidencial de izquierda en Chile, Gabriel Boric, dijo que los "reprimidos y amedrentados" por Ortega "no están solos". El jueves, el embajador de un previamente reservado México tuiteó el mensaje en video de Ramírez. En él, el escritor decía que las acusaciones eran las mismas que hizo en su día contra él el dictador Anastasio Somoza. "Las dictaduras carecen de imaginación, repiten sus mentiras, su saña, sus odios y sus caprichos; son los mismos delirios, el mismo empecinamiento ciego por el poder y la misma mediocridad", protestaba Ramírez.

Luego, la cancillería de Nicaragua envió una dura nota de protesta y acusó al embajador mexicano de interferir en los asuntos internos y le instaba a seguir la doctrina Estrada (de no injerencia). En un tono nada diplomático, se instaba a México a "descontinuar ese lamentable, desdichado e infeliz camino de ocurrencias y vanidades, de servilismos y lacayismos, de pelelismos (tonterías) que niegan su propia historia".

En Estados Unidos, también crece la presión para meter a Ortega en vereda. Algunos políticos nicaragüenses de alto rango, incluida la vicepresidente Murillo, ya están en la lista negra: ya no pueden obtener una visa y pueden contar con la confiscación de propiedades. La UE también ha impuesto sanciones. Pero hay muchas más opciones, escribió Andrés Oppenheimer, influyente comentarista del periódico estadounidense Miami Herald. El Fondo Monetario Internacional negó préstamos a Afganistán y Venezuela debido a violaciones de derechos humanos, pero continuó trabajando con Ortega. "Las últimas líneas de crédito otorgadas fluyen directamente al banco central y pueden ser utilizadas por el régimen de Ortega como mejor le parezca", criticó Oppenheimer.

(lgc/dzc)

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