"¿Dónde viviré?": Ucrania y la evacuación en el Donbás
27 de agosto de 2025
"Estamos sentados sobre maletas", dice Natalia sobre su vida en Sviatohorivka, en el este de Ucrania. El pueblo se encuentra a las afueras de la ciudad de Dobropillya, en la región del Donbás, donde el Ejército de Rusia ha avanzado casi diez kilómetros. Aunque los soldados ucranianos lograron liberar algunas localidades, las circundantes permanecen bajo constante bombardeo.
Natalia no se va de Sviatohorivka solo porque sus padres, ya mayores, rechazan una evacuación. "Mi padre dice: 'Nací aquí y aquí también moriré'. Entonces le digo: 'Vas a morir, ¿pero quién te enterrará cuanto todos se vayan?'", cuenta a DW. Nos reunimos con Natalia en un pueblo prácticamente abandonado, durante una evacuación realizada por policías del grupo Ángeles Blancos, junto con voluntarios.
Como la evacuación en el Donbás es peligrosa, el grupo viaja en un vehículo blindado, con un equipo de guerra electrónico. Mientras conduce David, voluntario de la misión benéfica Aura, el agente de policía Ilya Maltsev consulta el mapa. Deben visitar dos domicilios en Sviatohorivka.
"¿Dónde viviré?"
En el primer domicilio, María, de 74 años, espera con todas sus cosas ya empacadas. Un policía lleva sus maletas y un voluntario ayuda a la mujer, que apenas puede caminar apoyándose en un bastón. María finalmente sube al coche, respirando con dificultad. "Los drones vuelan directo hacia nosotros. En realidad, no quería irme, pensaba que ya estoy vieja. Pero la vida me obliga. Es insoportable; solo queda un vecino en nuestra calle; todos los demás se han ido", dice.
La dirección de Tetiana, de 70 años, quien está en la lista de evacuados, es difícil de hallar. Finalmente, un policía la encuentra en una de las casas abandonadas, donde buscó refugio hace una semana, después de que su casa en la cercana Dobropilia fuera destruida por los bombardeos. "Tuve que dejar mis cosas allí", se lamenta Tetiana.
"¡Vámonos! No tiene sentido quedarse aquí", le dice Ilya Maltsev a Tetiana, que al principio se cubre la cara con las manos, reticente a irse. Pero, al final, agradece a los ayudantes. Sonriendo, Tetiana dice: "Y yo que creía que se habían olvidado de mí". Al salir de Sviatohorivka, la mujer de 70 años pregunta dónde recibirá su pensión en el futuro. "Allí, donde vivas", responden los ayudantes. "¿Y dónde viviré?", pregunta.
"La situación ha cambiado drásticamente"
Alojar a la gente de los pueblos cercanos al frente es tan difícil como la propia evacuación, informa Kostiantin Tunitsky, otro policía de los Ángeles Blancos. También es un desplazado interno que vivía en la aldea de Kurakhove, ocupada por Rusia desde principios de año.
Para los evacuados de Dobropilia, Sviatohorivka y otras aldeas, la primera parada es la región de Donetsk. Allí trabajan voluntarios de diversas organizaciones benéficas. Luego los trasladan a la región de Dnipropetrovsk. Allí, los suben a un tren que los lleva a otras regiones del país o los aloja en un refugio de emergencia. Sin embargo, esta semana, el número de evacuados superó con creces la capacidad del refugio, y los evacuados tuvieron que dormir en tiendas de campaña.
Se recibían decenas de solicitudes de evacuación a diario desde la zona de Dobropilia, informa Kostiantin Tunitsky. "En Dobropilia, un bloque de apartamentos entero fue destruido por una bomba guiada. Cinco personas nos esperaban, tras haber pasado la noche allí", declara el agente de policía, y añade: "La situación ha cambiado drásticamente".
Si los equipos de evacuación no pueden entrar en una aldea debido a un nivel de peligro demasiado alto, se les pide a las personas que caminen, explica el policía. Relata la llamada de una pareja de ancianos. "Hubo fuertes combates en la aldea de Nikanorivka. Una pareja de ancianos, con dificultades para caminar, llevó a una mujer postrada en cama en una carretilla a la aldea vecina de Biletsk. Dijeron que el Ejército ruso había disparado al hijo de la mujer postrada, así como a sus vecinos, que se habían escondido en el sótano", cuenta Tunitsky.
"La gente recogió rápidamente sus cosas"
La gente también abandona Dobropilia y sus alrededores en sus propios vehículos. Un coche con una cinta blanca y un remolque se detiene en el punto de evacuación. La cinta sirve para protegerse de los drones rusos, y el remolque para transportar toda su vida a un nuevo lugar, dice Natalia, la dueña del coche. Salió de Dobropilia con su marido y su gato. "Muchas casas ya han sido destruidas allí. Es una ciudad muy inquietante. La gente recogió sus cosas rápidamente y se fue", cuenta la mujer.
"La verdad es que no sé qué va a pasar ahora. Tengo que superar todo esto primero", continúa Natalia. Ella y su marido van ahora camino a Ternopil, en el oeste de Ucrania, para visitar a su hijo, que fue soldado y fue dado de baja del Ejército por una lesión. La madre de Natalia sigue en Dobropillia. "No pude convencerla", suspira.
A veces la gente se niega a ser evacuada. "Generalmente, porque no lo hicieron ellos mismos, sino que sus familiares los pusieron en una lista", explica Tunitsky. Pero incluso entonces, los socorristas intentan persuadir a la gente. "Llegará un día en que nadie podrá llegar hasta ellos", dice.
"Mi consejo es ponerse a salvo"
Oleh, de 56 años y oriundo de Pokrovsk, sabe lo que es no irse. "Mi consejo es que busquen un lugar seguro", recalca. Tiene heridas en la cara, un punto sobre el ojo y una mano vendada. Salió de Pokrovsk en bicicleta. "Escapé; tuve suerte. Pero hay muchas bicicletas, motos y coches rotos tirados en la carretera", dice.
Tres días antes, un dron de combate ruso había sobrevolado el jardín de Oleh. "Era como un pequeño avión dando vueltas. No me di cuenta del peligro. Pero la repentina explosión casi me quema los ojos", dice. Sus vecinos acudieron en su ayuda. Oleh perdió en parte la vista como consecuencia del ataque del dron.
Decidió irse porque los hospitales de Pokrovsk tampoco funcionaban. "Hay bombardeos constantes. Las casas se queman. La ciudad ya no existe", dice. En junio, el hermano de Oleh murió por un proyectil de artillería. Tuvo que enterrarlo contra una valla, dice Oleh. "Mucha gente está enterrada en jardines", añade.
"Si alguien tiene dudas, le aconsejo: ¡Váyase!", repite el hombre. En septiembre pasado, cuando comenzó la evacuación en Pokrovsk, seguía negándose a irse y envió solo a su esposa e hija a Odessa. En aquel momento, no quería dejar su casa. "Me aferré a mis pertenencias. Pero la vida es más valiosa", enfatiza Oleh. Ahora, sus pertenencias caben en dos maletas, que usa para viajar con su esposa e hija.
(cp/rml)