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Mártires del Amazonas

16 de junio de 2011

El obispo austríaco Erwin Kräutler, que trabaja en Brasil para preservar la Selva Amazónica, dijo a Deutsche Welle que lamenta la muerte de “mártires de la selva” y que convive con la amenaza de ser uno más.

Erwin Kräutler, ganador del Premio Nobel Alternativa por defender los derechos de los Xingú.
Erwin Kräutler, ganador del Premio Nobel Alternativa por defender los derechos de los Xingú.Imagen: picture-alliance/dpa


En su tierra natal, Erwin Kräutler, obispo del Prelado de Xingú, Brasil, puede circular por las calles sin protección policial. Al menos una vez por año deja el municipio de Altamira, en el estado de Pará, para pasar algunos días en Austria.

Erwin Kräutler recibe Premio Nobel Alternativo en Estocolmo (2010).Imagen: picture-alliance/dpa

En Brasil, la escolta policial fue uno de los medios a los que se recurrió para proteger la vida de este obispo, reconocido internacionalmente por su actuación a favor de la conservación de la Amazonía, así como de la cultura local y de los pueblos indígenas.

Erwin Kräutler interrumpió su descanso para conversar con Deutsche Welle sobre su misión en Xingú, su pasión por la Selva Amazónica y la lucha contra la ambición que amenaza la floresta y que ya cobró la vida de muchos activistas, llamados por el obispo “los mártires de la Amazonía”. Kräutler manifiesta su admiración por todos los brasileños que se colocan en defensa del mayor bien natural de Brasil y lo que es la selva tropical más extensa del planeta, y lamenta la muerte de amigos asesinados por denunciar crímenes ambientales.

Deutsche Welle: ¿Cuán difícil es ejercer la función de obispo en la región amazónica?

Erwin Kräutler: Trabajo hace más de 25 años en la región del río Xingú y ya hace 13 años como obispo. Siempre estuve del lado de la población y fui muy bien recibido. Amo a esta gente. Esa es una de las facetas de mi tarea: mi amor por los pobladores y mi trabajo junto a las comunidades.

Por el otro lado, cuando se intenta proteger la selva tropical, cuando se está en contra de los incendios intencionales y totalmente en contra de ese gigantesco proyecto que es la central hidroeléctrica de Belo Monte, y, además, se demuestra que se están violando los derechos humanos, entonces no se tienen sólo amigos.

Pero tengo que decir que mi amor por el pueblo de los Xingú nunca disminuyó a causa de esos problemas. El hecho de tener tantos problemas hizo que mi amor sólo aumentase. Y eso también sucede del otro lado: los que frecuentan la iglesia se muestran solidarios, están de mi lado y también me aman.

Protesta de los indígenas de la región del río Xingú contra la central hidroeléctrica Belo Monte.Imagen: AP

¿Conoce usted a sus enemigos personalmente?

Sí, los conozco personalmente, pero ellos niegan serlo, no admitirían que son mis enemigos, ni dirían: “te estoy amenazando”. Ya recibí cartas anónimas y hasta mensajes electrónicos diciendo que no sobreviviré a una cierta fecha. La Policía Federal está investigando, pero no se puede atrapar a una mafia si no se conoce a sus integrantes.

Del lado de la Justicia hay varios procesos relacionados con esas amenazas. Por ejemplo, contra un periódico que publicó unas tres veces que yo tenía que desaparecer, que “ese obispo debe ser eliminado”. Este caso fue llevado a la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil y no volvió a repetirse.

Usted coordinó personalmente las protestas contra la central hidroeléctrica de Belo Monte y mostró al mundo los conflictos que implica ese proyecto. ¿Cómo se siente ahora, después de que se otorgó la licencia y la central se deberá construir en breve?

Es verdad que coordiné protestas, pero es preciso decir que soy sólo uno más de los tantos que están en contra de ese proyecto demencial y que luchan hace más de 30 años para que no se concrete. Hay muchísima gente que está en contra, en Altamira, por ejemplo, que va a sufrir mucho el impacto de la central, y estoy totalmente convencido de que la mayoría absoluta está en contra de que se lleve a cabo.

¿Por qué? Porque no se respetaron las condiciones impuestas para su construcción. Y para mí fue una gran derrota en el sentido de que el Gobierno tiene el coraje de otorgar simplemente la licencia y hasta de firmar que todas las condiciones se respetaron. Y eso no es verdad.

El río Xingú, donde se planea una represa para una central hidroeléctrica que pone en peligro el ecosistema.Imagen: AP

Yo vivo allí y conozco muy bien la región, y sé lo que está pasando. No es verdad que se cumplieron con las condiciones pactadas. Ese es uno de los puntos clave para mí. Las autoridades ambientales brasileñas sencillamente ignoraron la situación.

Todavía hay abiertos procesos, impulsados por el Ministerio Público, que está en contra de la manera en que se está dirigiendo el proyecto. Y también hay científicos, investigadores de renombre internacional que alertaron al gobierno acerca de los peligros que representa la central hidroeléctrica de Belo Monte, que el proyecto no debe ser llevado adelante por razones sociales, ambientales y hasta económicas.

Como ganador del Premio Nobel Alternativo, ¿le resultó a usted más fácil dialogar con el Gobierno brasileño, por ejemplo, sobre Belo Monte?

Estuve varias veces con el ex presidente Lula y él me prometió oposición al proyecto. Yo confié en él, pero no cumplió su promesa. También quería hablar con Dilma Roussef y, unos días antes de nuestro encuentro, ella confirmó, a través de su gabinete, que el proyecto tenía que llevarse adelante de cualquier manera. Entonces yo mismo cancelé la audiencia.

No existe el diálogo. Es como si se nos hubiese impuesto un castigo. Es preciso que haya una solución, pero sabemos, partiendo de otras usinas hidroeléctricas construidas en Brasil, que las condiciones no se respetarán. El mismo Lula admitió que existen millones de personas que corren riesgos debido a la construcción de centrales hidroeléctricas, y que Brasil tiene una deuda enorme con esos ciudadanos.

El Premio Nobel Alternativo es para mí un reconocimiento internacional por lo que hago, y eso es muy importante. No sé, claro, hasta qué punto eso puede influir en el gobierno. La prensa brasileña escribió que yo gané el premio por ser un férreo opositor de Belo Monte, por defender los derechos humanos, la Amazonía, la selva. Pero no quedó tan claro cuáles son los argumentos para el Premio Nobel Alternativo, si bien lo recibí en nombre de tantas personas que actúan exactamente como yo.

Como obispo, naturalmente, el hecho tiene otra relevancia. Pero recibí ese premio en nombre de la gente que se comprometió con esa misión y hasta perdió la vida en nombre de ella. El premio es importante para atraer la atención de la comunidad internacional sobre el tema. No se trata sólo de Belo Monte, sino de la violación de los derechos humanos de los niños, de las mujeres, se trata del problema de la prostitución, de la esclavitud moderna en esas enormes haciendas. Es importante tocar esos temas y denunciarlos públicamente.

Entrevista: Nádia Pontes (CP)

Editora: Emilia Rojas-Sasse

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