¿Ojo por ojo?
21 de julio de 2002
Difícil es la situación del gobierno israelí, que no da con una fórmula eficaz para detener la violencia suicida palestina. Ciertamente, en lo que respecta a medidas de fuerza, las posibilidades ya se están agotando. De ahí que el primer ministro Ariel Scharon intente recurrir a un instrumento que ha desatado muy duras críticas a nivel internacional: la deportación de parientes de los autores de atentados.
Tanto el gobierno estadounidense como la ONU han dejado en claro que la deportación de familiares, ajenos a los hechos, contraviene los preceptos de la Convención de Ginebra. Y la Unión Europea tampoco se ha quedado atrás. El ministro de Relaciones Exteriores de Dinamarca (país que ocupa la presidencia de turno de la UE) subrayó que las sanciones colectivas no son "legítimas ni aceptables", puntualizando que la lucha contra la violencia debe librarse en conformidad con la ley.
Reparos de la fiscalía
Tan controvertida es la idea, que el propio fiscal general israelí, Eliakim Rubinstein, ha manifestado sus reparos. A su juicio, la deportación sólo sería jurídicamente admisible si se comprueba que los familiares estaban implicados en los actos terroristas. Y eso supone la presentación de cargos concretos y pruebas, caso por caso.
Este domingo los tribunales se vieron enfrentados por primera vez directamente al tema, debido al recurso interpuesto por parientes de 2 autores de los más recientes atentados. Su demanda fue de momento rechazada, con el argumento de que el gobierno aún no había resulto dar curso a la deportación. Se les garantizó, no obstante, la posibilidad de recurrir una vez más a la corte, de ser necesario.
La lógica de los "halcones"
El hecho de que los jueces tengan voz en el asunto habla bien de Israel, como estado de derecho; aunque le pese al primer ministro Sharon quien, según citas de la televisión local, estima que en tiempos de guerra la ley vigente no debería impedir medidas "imprescindibles". Para los partidarios de las deportaciones, se trata lisa y llanamente de probar un nuevo instrumento de disuasión. La lógica es discutible, pero clara: si a los extremistas no les importa perder la propia vida, quizá sí les preocupe la suerte que puedan correr luego sus seres más cercanos.
Los mayores defensores del plan, como el ex general Rafael Aitan, recurren desde ya a la vieja cita bíblica del "ojo por ojo, diente por diente", para justificar la política de "mano dura". La reprobación extranjera, por lo visto, no preocupa demasiado al bando de los "halcones". Y no sorprende demasiado en vista de las experiencias recientes, como lo hizo notar un oficial israelí al periódico Haaretz: "Cuando iniciamos las operaciones en Cisjordania, nos advirtieron que el mundo no lo aceptaría. Ahora llevamos ya un mes en esas ciudades y el mundo calla". Tal constatación debería ser un llamado de alerta para la comunidad internacional.