ONU: los laberintos de la diplomacia
10 de enero de 2003
Los inspectores de la ONU no han encontrado "colts" humeantes en Bagdad, pero el informe iraquí sobre sus arsenales sigue dejando muchas preguntas sin respuesta. Así resumió la situación el jefe del equipo internacional de expertos, Hans Blix, quien presentó un informe provisional ante el Consejo de Seguridad. En otras palabras, las dudas no se han disipado, aunque los especialistas en armamento no han encontrado pruebas del potencial destructivo que sobre todo Washington atribuye al régimen de Saddam Hussein.
¿Acercamiento a Washington?
¿Nada nuevo, entonces, bajo el sol de Nueva York? En rigor, la incógnita se mantiene. En consecuencia, los analistas hurgan afanosamente en las declaraciones de los líderes políticos y representantes diplomáticos, tratando de dilucidar si el barómetro que anuncia la tormenta bélica sube o baja, aunque sea levemente. Y declaraciones no faltan. Por ejemplo, causó cierto revuelo una formulada por el embajador alemán ante la ONU, Gunter Pleuger, al periódico New York Times.
El diplomático germano afirmó que Berlín no ve de momento la necesidad de una guerra, ya que los inspectores de armas pueden realizar su labor sin obstáculos. No obstante, indicó que no insistirá en la necesidad de que el Consejo de Seguridad emita una nueva resolución, si llega el momento de decidir el inicio de intervención militar. Añadió que tal resolución sería "deseable", pero no imprescindible. El periódico estadounidense estima que, en este punto al menos, los alemanes se estarían acercando incluso más que los británicos a la posición de Washington.
El débil bloque europeo
Gran Bretaña, y sobre todo Francia, hacen hincapié en que sólo una pronunciamiento específico del Consejo de Seguridad podría legitimar una intervención militar contra Bagdad. Una vez más queda así en evidencia que los europeos distan de hablar con una sola voz en materia de política exterior. En la actual constelación, 4 países de la Unión Europea forman parte simultáneamente del Consejo de Seguridad: Gran Bretaña, Francia (ambos miembros permanentes), España y Alemania. Pero, por lo visto, eso no implica que puedan hacer valer su peso, como bloque, en lo tocante al problema iraquí.
Londres se ha destacado como el más fiel aliado de Washington en el viejo continente, aunque ahora parece aplicar el freno a la retórica belicista y su ministro de Relaciones Exteriores, Jack Straw, habla incluso de que las probabilidades de guerra se han reducido a un 40%. París, por su parte, valora como un éxito de su diplomacia el hecho de que la resolución 1441 no incluya un mecanismo automático para emprender un ataque, si Bagdad no cumple con su parte. Por lo tanto, está dispuesto a hacer valer su peso político y, a diferencia de Gran Bretaña, no ha llevado a cabo preparativos para convocar a sus reservistas, si bien el presidente Chirac instó a los militares de su país a estar preparados para lo que pudiera ocurrir.
El No de Berlín
Alemania, por su parte, continúa emitiendo señales difíciles de interpretar. Este jueves, el ministro de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer, aseguró que "nuestra posición sigue siendo un No de Alemania a una operación militar. Nosotros no participaremos en ella". Hablando ante la bancada parlamentaria de su partido, Los Verdes, Fischer reiteró que el objetivo de Berlín es el cumplimiento de la resolución 1441, sin recurrir a la fuerza militar.
Eso es, justamente, lo que quieren oír las bases ecologistas. Pero lo cierto es que el gobierno alemán sigue arrinconado, entre la espada de Washington y la pared de su electorado pacifista, al que prometió no embarcarse en una aventura bélica. Quizá por eso, justamente, el embajador Pleuger prefiera no verse forzado a votar en el Consejo de Seguridad sobre un asunto tan peliagudo.