Hasta ahora, en Alemania había regido la norma de que no toda violación es una violación. Eso cambiará. ¡Por fin!, dice Naomi Conrad.
Imagen: picture-alliance/dpa/O. Mehlis
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Cuando mis padres se casaron, en la década de 1980, su generación había desterrado la rígida moral sexual de las camas y la sociedad. Esa era, por lo menos, la impresión. Lo cierto es que hasta 1997, mi padre hubiera podido violar a mi madre sin haber sido acusado, porque en ese momento la violación dentro del matrimonio no era considerada un delito.
Sin embargo, hasta ahora, la ley alemana se basaba en "una situación jurídica medieval", que solo ha sido abolida con la nueva reforma que contempla que cualquier acto sexual en contra de la voluntad expresa de la víctima es punible. Basta citar a una joven activista internauta: “Hasta ayer un hombre podía violarme, sin cometer ningún delito, si yo solo hubiera llorado o suplicado que, por favor, parara de hacerme daño”.
Hasta ahora, en Alemania una violación era una violación si la mujer ofrecía resistencia o el hombre amenazaba con violencia o la ejercía. Hasta ahora, no bastaba con que la mujer dijera: "¡No, no quiero. Detente, maldita sea, que este es mi cuerpo!".
Eso cambió, finalmente. Hoy, después de una larga lucha de juristas y activistas de los derechos de las mujeres el Bundestag aprobó adoptar el principio de que "No es no". Esto significa que, cuando un hombre (por lo general se trata de un hombre) no respeta la voluntad de su víctima, comete un delito. Los agresores ya no podrán tocar a las mujeres ni en el metro ni en ninguna parte, sin su consentimiento. Lo contrario será un delito.
La reforma es un "hito"
Pero la nueva ley tiene algunos puntos controvertidos, como el hecho de que ahora los condenados por violación con un pasaporte extranjero, podrán perder su residencia y ser expulsados del país más fácilmente. Algunas mujeres juristas creen que este es un castigo muy fuerte.
Aún así, ya era hora de que el legislador entendiera que nuestras leyes sobre el derecho sexual - así como la concepción del papel del hombre, la mujer y la familia – eran completamente anticuadas. Esta reforma es un hito, un cambio de paradigma.
Naomi Conrad, de DW Berlín.Imagen: DW
Así que si, algún día, llego a tener una hija, espero que se de por sentado que si ella dice no, y alguien hace caso omiso de su voluntad, esté cometiendo un delito. Espero que ella viva en una sociedad en la que el derecho a la autodeterminación sexual, la igualdad de retribución por un mismo trabajo o el permiso parental conjunto sean lo más normal del mundo.
Pero es amargo que hayan tenido que ser necesarios los masivos acosos sexuales de la víspera de Año Nuevo en Colonia, con tintes de racismo e islamofobia, para que se debatiera seriamente sobre las leyes sexuales. Y a los hombres que reclaman en columnas y redes sociales que el Estado no tiene por qué meter las narices en las alcobas les digo: Que no cunda el pánico. Que, por supuesto, la presunción de inocencia y la validez de las evidencias siguen vigentes. En eso, la nueva ley no cambia absolutamente nada.
Fundado en 2011, Proyecto Arcoiris es desde 2014 en la primera organización independiente cubana aceptada como miembro pleno por la Asociación Internacional de Gays, Lesbianas, Bisexuales, Trans e Intersexuales (ILGA).
Imagen: Neysa Jordán
Feminista y queer
Llena de cicatrices, preguntas y críticas a "la lógica de la belleza y de la feminidad", o a "las dinámicas de subordinación" de la mujer en "los modelos familiares al uso", Yasmín se identifica como feminista "queer": defiende la idea de una sexualidad fluida, cambiante a lo largo de la vida: "En estética, en política y en sexualidad, muy poca gente cree lo mismo a los 20 que a los 45".
Imagen: Proyecto Arcoiris
Contra "nuestra rigidez mental"
"Con su velo, su piel quemada [en un accidente en la infancia], su inteligencia, su espíritu crítico, su humor ácido, la foto de su boda con Rogelio (ella con velo blanco de novia como Dios manda) colgada en ese mismo blog en el que se declara bisexual", Yasmín desafía "nuestra rigidez mental", escribe June Fernández, directora de la revista feminista Píkara Magazine.
Imagen: Neysa Jordán
Madre
La maternidad le llegó "como accidente", con un hijo "deseado pero no planificado", cuenta Yasmín. Y le "echó encima" todos los temas sobre los que había reflexionado: la asunción de que abandonaría su carrera, los prejuicios sobre el género del bebé, "cosas con las que sigo luchando cada día en la educación de mi hijo”, defendiéndolo o enfrentándolo, según sea el caso.
Imagen: Yasmín Silvia Portales
Investigadora
Yasmín integra el Grupo de Trabajo "Anticapitalismo y Sociabilidades Emergentes" del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO): "seguimos a los movimientos sociales en América Latina, campesinos, mujeres, organizaciones obreras". Este 2015, en Puerto Rico, se reunió con sus colegas en el XXIII Congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA).
Imagen: Proyecto Arcoiris
Observatorio Crítico, desde adentro
Como muchos cubanos, "he jugado con la idea de emigrar", reconoce. Quizás por eso, "creo en el derecho de los cubanos y cubanas que han migrado a opinar sobre el destino del país”. Aunque "he decidido "intentar cambiar a Cuba desde dentro de Cuba", desde espacios como el Proyecto Arcoiris o la Red Observatorio Crítico, reunida en la foto en su “Foro Social” de 2011.
Imagen: Red Observatorio Crítico
Proyecto Arcoiris, miembro pleno
Fundado en 2011, Proyecto Arcoiris se convirtió, en 2014, en la primera organización independiente cubana aceptada como miembro pleno por la Asociación Internacional de Gays, Lesbianas, Bisexuales, Trans e Intersexuales (ILGA). Tras pelear contra la exclusión de activistas independientes, Arcoiris asistió a la VI Conferencia Regional para América Latina y el Caribe (ILGA-LAC) en Varadero, Cuba.
Imagen: Proyecto Arcoiris
Con pañuelo
Para su hijab (que descubrió cubriéndose del sol intenso de cero latitud en Quito), Yasmín tiene dos razones. "La personal: no me gusta peinarme", ríe. "La política: soy feminista y me visto como me da la gana", zanja. Allí donde algunas mujeres son obligadas a usar o quitarse el pañuelo, "en nombre de la religión, el laicismo o la integración cultural", dice, "yo defiendo la elección".
Imagen: Proyecto Arcoiris
Besadas
Proyecto Arcoiris ha celebrado "Besadas por la Diversidad", en las que han reunido entre 20 y 50 personas, cerca de la Plaza de la Revolución, en 2012, en la Habana Vieja y en un parque de la central localidad de Sagua La Grande (foto), en 2014. "Un éxito en Cuba, sin acceso a los medios", apunta Yasmín, y "con un tema tabú como que los gays, lesbianas y trans vayan a tomarse el espacio público".
Imagen: Proyecto Arcoiris
Inclusión
Proyecto Arcoiris organiza también los "Motivitos LGBTQA", ideados por otra activista del grupo, explica Yasmín: Se trata de citas inclusivas en espacios públicos y privados, contra la exclusión clasista de mujeres lesbianas y trans afrodescendientes en los espacios de recreación LGBT, "que se han convertido en espacios muy caros".
Imagen: Proyecto Arcoiris
Visibilidad en espacios estatales
El primer curso de literatura LGBT cubana, organizado en 2014 por los poetas y críticos cubanos Victor Fowler y Norge Espinosa, miembro de Proyecto Arcoiris, concluyó con la publicación de materiales reflexivos sobre la presencia del homoerotismo en las artes cubanas en el número 38 de la revista de la Dirección Provincial de Cultura de La Habana, "Extramuros".
Imagen: Proyecto Arcoiris
Voluntariado internacional
En la Marcha del Orgullo Gay de Nueva York, en 2013, Yasmín controló el tráfico en la esquina de 14 y 5ta Ave: "el mejor trabajo voluntario de mi vida", dice. En el viaje de vuelta, "la Estación de Pennsilvania y el tren estaban llenos de gente con banderitas, pegatinas, pulovers, sombrillas. Nos hacíamos señas de complicidad, como si supiéramos de algo muy especial, y así era".
Imagen: Proyecto Arcoiris
Aprendizajes
Cerrando 2015, Yasmín asiste en Washington a un curso de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre el Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos para la Sociedad Civil: está conociendo el funcionamiento de la CIDH, a funcionarios, relatores y activistas, asistiendo a audiencias y aprendiendo, "en primera fila, cómo se usa el mecanismo y cómo responden los Estados".