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Putin, el hombre sin promesas

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Juri Rescheto
1 de diciembre de 2016

El discurso del presidente ruso ante la Duma es considerado como la rendición de cuentas sobre el estado de la Nación. En esta ocasión fue austero, y con razón, opina Juri Rescheto.

Imagen: Reuters/M. Shemetov

Por lo prometido uno espera tres años. Así se consuelan los rusos cuando alguien no les cumple alguna promesa. Si no quieren verse decepcionados por el presidente y su política, los ciudadanos rusos deberán esperar aún más para ver cumplido lo que ofreció Vladimir Putin. Desde hace años, éste promete que en el futuro todo mejorará, tanto en su país como en el mundo entero, con la ayuda de Rusia.

En esta ocasión, el discurso sería distinto, anunció en días pasados el vocero de Putin, Dimitri Peskov. Totalmente distinto. Y en efecto, lo fue: Putin pronunció un mero discurso carente de promesas.

Como en tiempos soviéticos

El foco de sus palabras estuvo en los asuntos de política interna: Rusia mucho antes que todo, y el extranjero, solo al final. A lo largo de una hora, uno se sintió transportado de nuevo a la era soviética, con mucho autoelogio y claro optimismo. Moscú alcanza y rebasa a Occidente, comenzando por las tasas de natalidad que en Rusia –contrario a lo que sucede en otros lados- suben gracias a los "valores tradicionales”. Y luego, con el creciente número de estudiantes en las universidades o con la alta tecnología que Rusia exporta al mundo.

Ni una sola palabra hubo acerca de los grandes conflictos, las guerras en Siria y el este de Ucrania, en las cuales Rusia está fuertemente involucrada. Hubo expresiones de simpatía hacia China e India. Tono esperanzador dirigido a Estados Unidos y el presidente electo, Trump. Eso fue todo. Y así estuvo bien, pues el que nada promete, nada debe cumplir.

Juri Rescheto, corresponsal de DW en Moscú

Hace un año, el tono era otro. ¿Siria? Ahí, Putin quería dejar de lado todas las "disputas y las diferencias de opinión con Occidente, así como alzar un puño fuerte bajo la égida de la ONU contra el terrorismo”. En vez de un puño común con Occidente, Rusia alza sus bombarderos en el cielo sirio y ayuda a que el presidente Assad mantenga su poder. Sin la ONU, pero con "disputas y diferencias de opinión con Occidente”. La coalición internacional permanece como una quimera del Kremlin.

¿Y qué hay del desarrollo democrático en el propio país? Hace apenas un año, Putin quería alcanzar la "confianza incondicional de los ciudadanos en los resultados de las elecciones parlamentarias, así como su legitimidad irreversible”. Al final ganó una vez más su partido "Rusia Unida". Esta victoria fue alcanzada sobre todo debido a la participación electoral más baja de todos los tiempos: ¡cayó de 40 al 22 por ciento!

El olvido del pueblo

¿Y qué hay de la economía? Si acaso hay algun problema, según Putin no ha sido causado por las sanciones de Occidente, sino que son problemas "hechos en casa”. Esto es verdad, pero solo en parte. Porque la tan alabada sustitución suplementaria de artículos importados de la Unión Europea funciona solo en la agricultura y solo en cierta medida. Los campesinos rusos obtienen del Estado enormes ayudas para las inversiones que son necesarias. En casi todos los otros sectores –como el de la industria automotriz- no ha habido iguales resultados. La producción ha tenido que ser recortada ante la falta de importantes autopartes.

Hoy, Putin espera que el pueblo se haya olvidado de las promesas hechas hace un año, y que el año próximo ni siquiera recuerde cuáles fueron las actuales. Porque no hubo ninguna. Pero en 2018 hay elecciones en Rusia. Las elecciones de Putin. Su reelección como presidente. Entonces necesitará promesas. Y también deberá cumplirlas.

 

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