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Opinión: EE.UU. deja a kurdos en Siria a merced de Erdogan

Udo Bauer
20 de diciembre de 2018

El presidente Donald Trump retirará las tropas estadounidenses de Siria porque estas ya habrían cumplido su tarea. Un error con graves consecuencias que alegra a Rusia y a Turquía, opina Udo Bauer.

Donald Trump, presidente de EE. UU.
Donald Trump, presidente de EE. UU.Imagen: picture-alliance/dpa/AP/A. Brandon

El aplauso de sus adeptos ya se lo ha ganado. "La misión de derrotar a la organización terrorista Estado Islámico (EI), ya ha sido cumplida", comunicó Donald Trump a través de Twitter, y ahora, según él, es tiempo de "traer a los héroes estadounidenses de regreso a casa”. En la época prenavideña, una noticia así es muy bien recibida por los ciudadanos de EE. UU., pero no por los políticos que, en Washington, tienen la responsabilidad de tomar decisiones en política exterior y de seguridad. Estos protestan a viva voz contra esa decisión unilateral del presidente estadounidense. También protestan muchos republicanos, porque saben que, si bien el EI ha sido desbaratado como ejército en la guerra civil, muchos yihadistas siguen acechando desde sus escondites para poder reagruparse en cuanto puedan. Un vacío de poder, como consecuencia de la retirada de las tropas estadounidenses sería, desde el punto de vista de esa organización terrorista, la oportunidad perfecta para hacerlo.

Traición hacia los kurdos

Los 2.000 soldados estadounidenes (GI) desempeñaron una excelente tarea durante los pasados cuatro años en Siria, mucho más como capacitadores de las milicias kurdas YPG que como protagonistas de la guerra. Los combatientes del YPG son considerados los más valientes en la lucha contra Estado Islámico. Tienen un rol decisivo en la estrategia para arrinconar militarmente a los terroristas.

Pero para el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, el trabajo conjunto de EE. UU. con las milicias kurdas siempre fue una piedra en el zapato. Desde su punto de vista, el YPG no es otra cosa que una banda de terroristas a la que hay que destruir. La presencia de Estados Unidos en Siria, ha frenado a Erdogan de atacar a los kurdos. Si ahora los soldados estadounidenses realmente se retirasen, Erdogan probablemente dejaría su postura mesurada de lado y arremetería sin piedad contra los kurdos. Si eso sucediera, el gobierno de Trump sería el responsable de poner a los kurdos en riesgo, ante los ojos de todo el mundo.

Rusia se alegra

Con respecto al otro polo de poder en Siria, Rusia, llama la atención que en los últimos tiempos haya habido tanta propaganda antiestadounidense circulando por ahí. El ministerio de Relaciones Exteriores moscovita describió la presencia de EE. UU. en Siria como "un peligroso obstáculo en el camino hacia una solución pacífica”. Entiéndase bien: hacia una solución rusa. Y esta se ve así: el dictador sirio Assad debe permanecer en el poder, cueste lo que cueste. El hombre que es el principal responsable de la destrucción de su país, de la muerte de decenas de miles de civiles, de ataques con gases y bombas barril. Assad es la única garantía de que Rusia pueda seguir estando presente militarmente, y de ese modo, también políticamente, en Cercano Oriente. Si los estadounidenses se retiran ahora, Putin tiene vía libre y puede determinar el orden de posguerra a su gusto.

Trump no tiene interés en Cercano Oriente

Actualmente, Rusia, Irán y Turquía negocian con representantes del régimen de Assad y los rebeldes para lograr una solución pacífica. Se planea una convención constitucional que organizaría las elecciones. Eso suena a una ilusión muy ingenua, ya que Assad, naturalmente, no tiene ningún interés en que haya elecciones libres y se ha defendido con uñas y dientes de llevarlas a cabo. Pero la ingenuidad no es precisamente un atributo de Rusia. Detrás de escena, es Putin quien maneja los hilos, y de seguro está haciendo que los protagonistas se enfrenten los unos a los otros hasta que él consiga lo que quiere. Con una retirada rápida de tropas de Siria, EE. UU. pierde, sin necesidad, la posibilidad de configurar un nuevo orden de posguerra. Y Trump le demuestra al mundo que ha perdido el interés en Cercano Oriente.

(cp/jov)

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