Tras 28 años de reunificación, el Este de Alemania continúa económicamente rezagado. Pero esa no es la única razón para que muchos allí se sientan ciudadanos de segunda, opina Marcel Fürstenau.
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"Occidente y Oriente, juntos. Futuro para Alemania y Europa", rezaba este cartel, a un lado de la Puerta de Bradeburgo, el 3 de octubre de 1990.Imagen: picture-alliance/dpa
Angela Merkel puede ser descrita, a la luz de su incomparable carrera, como la mayor ganadora de la Unidad Alemana. Hace 13 años que esta democristiana, que nació en Hamburgo pero creció en la antigua República Democrática Alemana (RDA), gobierna el país. En los últimos tiempos, más mal que bien. Así que, ni siquiera de su canciller, que es una de ellos, pueden estar aún orgullosos los alemanes del Este. Otra razón por la que el distanciamiento entre el Gobierno y los gobernados, creciente en toda la República, es más notable al Este del Elba que en Occidente.
Para los alemanes del Este, Merkel es la figura más expuesta de una política que no representa sus intereses, aunque comparte con ellos la misma experiencia y pasado en dictadura. Pero, tras la caída del Muro de Berlín, la ahora y desde 2005 jefa del Gobierno alemán ha recorrido un camino siempre ascendente, mientras millones de alemanes orientales se han despeñado durante mucho tiempo cuesta abajo. Sobre todo, la experiencia deprimente del desempleo de larga duración y personalmente inmerecido ha dejado lesiones duraderas.
Rendimiento de vidas en dictadura
Los logros de toda una vida, alcanzados bajo las condiciones de un Estado cultural y económicamente paternalista, perdieron valor y quedaron disponibles de la noche a la mañana. Para hacer frente a esto, se requiere de flexibilidad, movilidad y estabilidad emocional máxima, tanta como nunca han tenido que mostrar, comparablemente, los alemanes occidentales. Pues, en la antigua República Federal Alemana (RFA) no ocurrieron jamás cambios políticos profundos o un cambio económico estructural de un día para otro.
Los alemanes del Este, por el contrario, experimentaron, en muy corto tiempo, la total erosión de su orden social, que no sería amado por la mayoría pero que los había marcado inevitablemente. Tras la reunificación alemana, nada pudieron comprar muchos, simbólica o concretamente, con su justificado orgullo por la revolución pacífica desatada por ellos mismos entre 1989 y 1990. La mayoría ha superado este punto de partida pero, en promedio estadístico, a un nivel mucho más modesto de lo habitual en el Occidente del país.
Reconocimiento y respeto
Se puede comprobar en el más reciente informe sobre el estado actual de la unidad alemana: incluso 28 años después del fin de la separación en dos Estados, los salarios reales pagados en el Este se acercan solo al 82 por ciento del nivel en el Oeste. Quien venda esto como un éxito, cierra sus ojos al contexto y las implicaciones que estas cifras revelan. Porque menos dinero por el mismo trabajo significa, al mismo tiempo, menos reconocimiento y respeto.
Al oído de los alemanes orientales, la charla barata sobre el valor del rendimiento le suena, por lo tanto, menos creíble al de los socializados en Alemania Occidental. Los salarios más bajos, la falta de acreditación de años laborados para calcular las pensiones y otras injusticias tienen consecuencias de por vida. La sociedad de dos clases está escrita en piedra para quienes hoy rondan o sobrepasan los 50 años de edad. Eso es y seguirá siendo escandaloso.
Gobierno casi libre de alemanes del Este
A largo plazo, más incluso que esta cementada discriminación material, pesa la indiscutible hegemonía de las élites de Alemania occidental en casi todas las esferas de la sociedad. Sin la propia Canciller federal y la ministra de familia Franziska Giffey, nacida en 1979 en la RDA, el gabinete de 16 carteras de Angela Merkel sería una zona libre de alemanes del Este. El hecho pudiera ser considerado una mera coincidencia. Pero también puede considerársele por lo que es: un síntoma del estado de la unidad alemana.
Desde la reunificación del Estado, al país le ha nacido una nueva generación y, sin embargo, los alemanes occidentales continúan marcando el paso en casi todas las esferas. Los alemanes del Este están todavía muy poco representados en los niveles ejecutivos de empresas, universidades o medios de comunicación y, desafortunadamente, DW no es una excepción.
Solo cuando estado de cosas se haya superado al menos en parte, se podrán detener las comparaciones a menudo molestas, y sin embargo necesarias, entre el Este y el Oeste. Solo cuando el Día de la Unidad Alemana no proporcione una razón para un comentario como este, quizás, esa unidad interna se habrá completado.
Autor: Marcel Fürstenau (rml/ers)
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28 años de Berlín con y sin Muro
De 1961 a 1989, el Muro de Berlín dividió a Alemania. Este 5 de febrero de 2018, hace 28 años, 2 meses y 27 días que el Muro existe, y también hace 28 años que fue derribado.
Imagen: picture-alliance/W.Kumm
1961: Asombro ante la división
El 13 de agosto de 1961, la RDA comenzó a sellar la frontera del sector soviético en Berlín. Todas las conexiones entre Alemania del Este y Alemania Occidental fueron cortadas. El Muro de Berlín selló la división del mundo durante la Guerra Fría.
Imagen: picture alliance/dpa/Bildarchiv
1962: Peter Fechter, una víctima temprana
Tras poco más de un año de haber sido levantado el Muro de Berlín, Peter Fechter, de 18 años, trató de saltarlo, pero guardias fronterizos de Alemania Oriental le dispararon. El joven cayó en “la zona de la muerte” de la RDA y estuvo casi una hora pidiendo socorro. Pero murió más tarde. En esta foto se ve como lo llevan los guardias. El hecho generó conmoción en todo el mundo.
Imagen: picture-alliance/dpa
1962: Barreras de alambre de púa
La “cortina de hierro” separó a familias y amigos. El supuesto "muro protector antifascista", como los comunistas lo llamaban, solo quería evitar que su propio pueblo escapara de la dictadura.
Imagen: Stiftung Berliner Mauer
1963: Kennedy, portador de esperanza
El 26 de junio de 1963, el presidente de EE. UU., John F. Kennedy, visita la capital alemana, dividida. Durante su discurso frente a la alcaldía de Schöneberg pronunció la legendaria frase "Soy berlinés". Con ello dejó en claro que a Estados Unidos no estaba dispuesto a entregarle Berlín Occidental al comunismo soviético.
Imagen: picture-alliance/Heinz-Jürgen Goettert
1965: Zona de la muerte
Entre la Puerta de Brandeburgo y la Potsdamer Platz, el régimen de la RDA creó una “zona vacía”, aunque llena de minas. Una tierra de nadie con barreras que formaban la franja fronteriza durante la década de los sesenta. Las torres de vigilancia , de madera, se convirtieron en símbolo de la nueva dictadura en suelo alemán.
Imagen: Stiftung Berliner Mauer/W. Rupprecht
1976: un nuevo tipo de muro
Desde 1975, el muro se vuelve aún más masivo: el llamado "Grenzmauer 75" tiene 3,60 metros de altura. Los guardias fronterizos protegen el trabajo con una valla de seguridad móvil. En el borde izquierdo se ve la pared de la capa de hormigón más antigua. Un policía militar de EE. UU. observa los trabajos desde el lado oeste en 1976.
Imagen: Stiftung Berliner Mauer/E. Kasperski
1987: Reagan y Gorbachov
En junio de 1987, el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, visita Berlín. Frente a la Puerta de Brandeburgo, ante unas 40,000 personas, dijo la famosa frase "¡Señor Gorbachov, abra esta puerta! ¡Derribe esta pared!". Un año antes, el jefe del Kremlin había comenzado a sentar nuevas señales políticas con la "glasnost" (política de apertura) y la "perestroika" (reconstrucción).
Imagen: picture-alliance/dpa
1989: Una imagen da la vuelta al mundo
En definitiva, fueron los mismos ciudadanos los que lucharon por la libertad con su revolución pacífica. El 9 de noviembre de 1989 sucede lo increíble: el Muro cae. El monstruo muere. Entre 1961 y 1989, al menos 101 personas pagaron sus anhelos de libertad con sus vidas mientras huían de la RDA a través del Muro de Berlín. Pero en la etapa final no corrió ni una gota de sangre.
Imagen: picture-alliance/W.Kumm
1990: Los “pájaros carpinteros”
Chris Gueffroy, de 20 años, fue el último fugitivo de la RDA que murió a tiros en el Muro de Berlín, nueve meses antes de su caída. Tras el 9 de noviembre, la gente comenzó a hacer agujeros por su cuenta en un intento por derribar el muro con sus propias manos, o con la ayuda de picos y martillos. Un trabajo comparado con el de los pájaros carpinteros.
Imagen: Stiftung Berliner Mauer/E. Kasperski
2018: Galería del Este
El monumento East Side Gallery, con 1316 metros de longitud, es la sección más larga del muro de Berlín. Fue pintado en la primavera de 1990, después de la caída del Muro. 118 artistas de 21 países participaron en dicha acción. Un monumento visitado por cientos de miles de turistas todos los años.
Imagen: Stiftung Berliner Mauer
2018: Berlín con y sin muro
Varias de las fotos utilizadas en esta galería muestran el Memorial del Muro de Berlín en una exposición especial del 6 de febrero al 15 de agosto de 2018 en el centro de visitantes de la Bernauer Straße. Se pueden ver fotos, en su mayoría inéditas, de 28 años de Berlín con y sin muro. En cada caso, una imagen representa un año entre 1961 y 2018.