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Organización política y defensa de derechos indígenas

Luna Bolívar Manaut8 de agosto de 2007

Evo Morales y Rafael Correa han llevado la causa indígena a las esferas de la alta política, convirtiéndose en un símbolo para los pueblos originarios de toda América Latina, cuyo día se conmemora cada nueve de agosto.

Rafael Correa, presidente de Eucuador (dcha) y Evo Morales, presidente de Bolivia.Imagen: AP

Después de algo más de un año en la presidencia, en Santa Cruz siguen sin quererle: los ricos terratenientes de la llanura boliviana nunca formaron parte de su base electoral y, seguramente, no lo harán jamás. Evo Morales fue alzado hasta la jefatura del Estado por “los más marginados, los más abandonados, los más vilipendiados en la historia de América Latina”, como dice él mismo sin referirse a otros que a los pueblos indígenas.

Indígenas acompañan a Morales a agradecer a los dioses el triunfo electoral.Imagen: AP

“La elección de Evo Morales tiene un importante valor simbólico para la causa indígena. En Bolivia se ha producido un cambio no tanto en el plano económico o de gestión gubernativa, sino más bien en la concienciación de los derechos de los pueblos originarios”, dijo Tangmar Marmon, miembro de la Agencia alemana de Cooperación Técnica (GTZ), en entrevista a DW-WORLD.

El simbolismo de Morales traspasa las fronteras de Bolivia y da alas al movimiento indígena en toda Latinoamérica: un indígena, con un programa pro indígena y formado en las agrupaciones indígenas se convierte en presidente. Hablar de él es imprescindible cuando se celebra un nuevo Día Internacional de los Pueblos Indígenas.

Unidos bajo una bandera política

"Los más marginados" son la base política de Evo Morales.Imagen: AP

En 2004, Marmon trabajó como observador para la Delegación Presidencial Anticorrupción de Bolivia, vivió un año en el país latinoamericano y en 2006 redactó junto con una colega, Andrea Kramer, un estudio sobre la transformación de los movimientos indígenas de la región en organizaciones políticas.

"Los movimientos indígenas tienen que decidirse: ¿quieren luchar por haber luchado, haciendo mucho ruido pero alcanzando pocos resultados?, entonces lo mejor es no adaptarse a las reglas del juego democrático y mantenerse como oposición extraparlamentaria. Si por el contrario prefieren orientarse más hacia la obtención de objetivos concretos, tienen que convertirse en partido político”, extrae Marmon como conclusión de su trabajo.

Rafael Correa apostó por llevar las reivindicaciones indígenas al Gobierno.Imagen: AP

En algunos países de América Latina, como en Bolivia o en Ecuador, la política se está viendo cada vez más influida por las reivindicaciones de quienes, al fin y al cabo, componen la gran mayoría de la población. En otros países, donde el porcentaje de indígenas es más reducido, la representación parlamentaria de los mismos depende de la medida en que logren unificar sus posturas.

“Uno de los principales problemas que se le presentan a los indígenas en países en los que son minoría, como por ejemplo en Brasil, es que están divididos en diferentes grupos, enfrentados entre sí”, dice Marmon.

Sobre simbolismo y derechos

Mapuches en Chile.Imagen: AP

Una vez constituidos los partidos políticos indígenas llega el momento de la generalización y la búsqueda de un electorado más amplio, para lo cual resulta necesario atraer también a los votantes no-indígenas. Para ello, el mejor discurso es el de presentarse como la contraposición a la corrupción habitual de los partidos tradicionales.

Sin embargo, “los indígenas son tan susceptibles a caer en el clientelismo como cualquier otro actor político”, recuerda Marmon. “La gran ventaja de los partidos indígenas es que son nuevos y, lamentablemente hay que decirlo así, aún no han tenido tiempo de aprender las reglas informales del juego: compra de opositores, de votos, etc.”

Guaraníes en Brasil.Imagen: Geraldo Hoffmann

Cuando los movimientos indígenas y sus partidos alcanzan el poder, toca convertir las promesas electorales en realidades prácticas. La redacción de un nuevo texto constitucional se suele ocupar, como en Bolivia y en Ecuador, un papel central: dentro de tan sólo unos días, los ecuatorianos están llamados a las urnas para elegir a los miembros que formarán parte de la Asamblea Constituyente.

“Redactar una constitución es un acto sumamente simbólico, por eso tiene tanta importancia. Pero es más un instrumento retórico que de cambio real”, opina Marmon. Así, los pueblos originarios de América Latina van creando sus propios mitos no sólo sociales sino también políticos, al tiempo que, según Marmon, el rechazo a sus raíces y a su herencia cultural va siendo confinado a un pasado en el que el ser indígena significaba estar condenado a la discriminación.

Pese a todo, celebrar el Día Internacional de los Pueblos Indígenas es relevante “porque sirve para recordar que hay gentes entre nosotros que no gozan de los mimos derechos, y que queda aún mucho por hacer”, dice Marmon.

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