OTAN, la seductora
3 de abril de 2004
Siete nuevas banderas se izaron este viernes en el cuartel general de la OTAN, en Bruselas, al son de los himnos de los socios que se le integran a la organización: Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania. Un acto solemne pero escueto, tras el cual los ministros de Relaciones Exteriores iniciaron una reunión informal, no sin antes haber escuchado, como corresponde, la bienvenida del secretario general a los recién llegados. "Nada puede demostrar mejor la fortaleza, el magnetismo y el persistente atractivo" de la alianza, afirmó Jaap de Hoop Scheffer en la ceremonia.
La nueva OTAN
Sus palabras podrían parecer demasiado eufóricas. Pero no dejan de resultar comprensibles, considerando que en los últimos años se había especulado insistentemente sobre la pérdida de la razón de ser de la OTAN, en vista de la disolución del Pacto de Varsovia. Ahora que buena parte de los ex integrantes del bloque militar del Este se suman a las filas de la alianza transatlántica, se desvanece el temor a que ésta quede obsoleta. El hecho de que siga habiendo países en la lista de espera para el ingreso (Albania, Croacia y Macedonia), evidencia que efectivamente no ha perdido su poder de seducción.
Es probable que los países europeos orientales aún carguen con los traumas del pasado y las atraiga, sobre todo, la perspectiva de contar con el compromiso de defensa de parte de las potencias occidentales. No obstante, la OTAN ya no es la misma de la guerra fría, y ha ampliado considerablemente su concepto de las tareas que le corresponden. En pleno proceso de reestructuración, la alianza se concibe a sí misma como una entidad capaz de reaccionar a las crisis que se presenten en un mundo globalizado.
Ganancia política, no militar
El tema no tiene nada de teórico, ya que está sobre el tapete el deseo de Estados Unidos de que la OTAN asuma un papel activo en Irak. Ahora la correlación de fuerzas internas mejora para Washington: los nuevos miembros, con la excepción de Eslovenia, apoyaron incondicionalmente la guerra. En consecuencia, cabría esperar de ellos una mayor disposición a enviar tropas, aunque Polonia ya se está viendo en apuros que se volverían aún más graves si España llega a retirar sus soldados de Irak.
El aporte militar que puedan efectuar los socios del Este no es, sin embargo, lo principal. Para Estados Unidos, al menos, la clave está en el respaldo político que hasta ahora le han brindado sin restricciones. Para los europeos occidentales, en cambio, lo fundamental es que se ha superado antigua la brecha divisoria en el viejo continente. Aunque persistan notables desequilibrios en el aspecto castrense, nadie le asigna mayor importancia al asunto, salvo, claro está, los militares. Pero ésta no es su hora, sino la de los políticos de la OTAN.