Pocos avances en India
3 de noviembre de 2002
El mejor motor de impulso para la política es la presión pública. Cuando la opinión pública se desentiende de un tema, el proceso de evolución social se estanca. Esta agria experiencia la han experimentado los ecologistas y políticos presentes en la conferencia de Nueva Delhi. En época de crisis económica global y ante una guerra inminente el interés por los cambios climáticos retrocede. Este desinterés ha sido aprovechado por aquellos gobiernos y grupos de interés que no están de acuerdo con la directrices de Río y Kyoto, y las discusiones en torno al efecto invernadero.
Los europeos, en este momento precursores de la política ecológica internacional, tuvieron que luchar porque se mencionara el legendario Protocolo de Kyoto en la declaración final de la cumbre de Nueva Delhi. Los países exportadores de petróleo, el gobierno estadounidense y una parte de los países en vías de desarrollo representados en Nueva Delhi, habrían preferido ignorar por completo el núcleo central de la lucha en contra del calentamiento y las catástrofes climatológicas mundiales.
Europa punta de lanza
La meta perseguida en esta conferencia pareció concentrarse en evitar cualquier obligación vinculante ante de reducciones concretas de los gases causantes del efecto invernadero. Las mismas naciones y gobiernos que se quejan a voz en cuello de las devastadoras consecuencias de huracanes, lluvias diluviales que inundan regiones completas o sequías que convierten áreas enteras en desiertos, estos mismos gobiernos que se hacen pasar por víctimas inocentes de los cambios climáticos, quieren convencer a las naciones industrializadas y a sus propios ciudadanos de que son las naciones industrializadas las únicas responsables de los cambios climáticos.
No se puede descartar que en el caso de algunos ministros y burócratas de países en vías de desarrollo estas declaraciones sean producto del desconocimiento, sin embargo, hubo quienes argumentaron con tesis que se creían superadas desde hace tiempo. Para sorpresa de muchos se escucho en Nueva Delhi, argumentos que sostienen que la protección ecológica perjudica al crecimiento ecológico, o aún peor, que la lucha ecológica es en realidad una estrategia desleal de Occidente para negar a los países más pobres su derecho legítimo al bienestar.
Un juego peligroso
Estados Unidos reforzó en Nueva Delhi su intención de no firmar el Protocolo de Kyoto. Justamente los principales contaminadores de nuestro planeta se hacen pasar por aliados de las naciones en vías de desarrollo, sugiriéndoles que el objetivo principal es erradicar la pobreza en nuestro planeta. Lo primero sugieren, es que todos tengan refrigeradores y coches, después habrá todavía tiempo para pensar sobre la protección ecológica, un lujo de ricos que no tienen de que preocuparse.
No hay duda de que en la actualidad las naciones en vías de desarrollo son responsables de porcentajes menores de la contaminación ambiental, pero gigantes dormidos como China, Brasil, India o Argentina podrían hacer que el clima mundial registre un vuelco negativo. Este fue un tema vedado en Nueva Delhi. No existe presión suficiente para dar un nuevo impulso al debate ecológico que se encuentra estancado. En conclusión, la Conferencia de Protección Ecológica 2002, auspiciada por la ONU fue decepcionante, aún cuando en algunos aspectos aislados se hayan registrado avances.