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121109 Steigerwald

14 de noviembre de 2009

Hasta el año 2020, diez por ciento de las zonas boscosas alemanas deben haber sido declaradas selva protegida. Lo que para ecologistas y biólogos es una gran noticia, no lo es tanto para los pobladores de esas regiones.

SteigerwaldImagen: DW/Kiesel


El Gobierno alemán ha asumido la obligación de permitir que parte de sus zonas boscosas se conviertan otra vez en selva para albergar así especies amenazadas de animales y plantas. Esto ha dado nuevos impulsos a muchos amantes de la naturaleza y proteccionistas. Sin embargo, los objetivos nacionales –sobre todo en lo que a protección del medio ambiente se refiere- suelen ser difíciles de llevar a la práctica a nivel local, pues la población por lo general no quiere que se altere su entorno. En el norte de Baviera se observa el fenómeno: el último bosque de hayas intacto de Europa Central se encuentra ahí, el Steigerwald. Los amantes de la naturaleza quieren convertirlo en parque nacional; pero la población se niega.

Georg Sperber, especialista forestalImagen: DW/Kiesel

Medio siglo sin hachas, ni sierras

“Hace más de 50 años que aquí no entra ni un hacha ni una sierra. Se trata de observar cómo evoluciona el bosque y la naturaleza si no hay intromisiones”, explica Georg Sperber, biólogo especializado en bosques que por muchos años fue director de la Oficina de Silvicultura. Ahora, con más de setenta años, lucha porque otras zonas del bosque corran la misma suerte que esa zona protegida: árboles de 40 metros de alto; troncos caídos intocados en donde se reproducen escarabajos que en otros lados ya han desaparecido… La biodiversidad del Steigerwald atrae a biólogos y especialistas en silvicultura; la Oficina Federal para Protección de la Naturaleza asegura que es el bosque de hayas más valioso de Alemania.

¡Que vuelva la selva!

Sperber querría que buena parte de las 17.000 hectáreas de bosque fueran declaradas parque nacional: que no se corte nada más, que se deje a la naturaleza hacer su trabajo, que se vuelvan a convertir en selva virgen. Las asociaciones ecologistas están entusiasmadas. “Entretanto sabemos que sólo podemos conservar la biodiversidad y los sistemas ecológicos silvestres si los dejamos en paz”, asevera Sperber. Hasta el año 2020 un 10 por ciento de las zonas boscosas alemanas deben haberse vuelto selva, así el convenio internacional firmado por Alemania.

Oskar EbertImagen: DW/Kiesel

¿Carpinteros desempleados?

En un valle aledaño está la población de Rauhenebrach. Ahí el entusiasmo de Sperber no es compartido. Su alcalde, Oskar Ebert, lidera la oposición al parque nacional. “Nuestra gente vive desde hace generaciones en este bosque y con este bosque. Creo que la simbiosis entre protegerlo y utilizarlo a nosotros nos ha resultado muy bien”, dice Ebert mirando por la ventana de su oficina hacia los bosques en colores otoñales.

96 por ciento de los 3.000 habitantes de Rauhenebrach votaron por Ebert, sabiendo que estaba en contra del parque nacional. Los miedos de la gente los conoce muy bien: ¿qué pasaría con los puestos de trabajo en el ramo de la madera y con los aserraderos si ya no se puede talar? ¿Con qué calentar las casas? A Ebert le parece insoportable que gente de fuera llegue a tomar decisiones a un pueblo en donde desde hace siglos es tradición cortar madera para venderla y quemarla.

Una cuestión de votos

El Parlamento regional bávaro decidirá si este bosque se convierte en parque nacional. Por el momento parece que no será así. La Unión Socialcristiana gobernante afirma que no puede tomar una decisión en contra de la opinión de los habitantes; el partido de oposición, SPD, opina lo mismo: no quieren echarse encima a los electores. Y no es un caso único: suele suceder que los ciudadanos no saben valorar la política ecologista cuando ésta tiene lugar a la puerta de su casa, aún cuando nadie ponga en duda la importancia de la biodiversidad y la protección del medio ambiente.

SteigerwaldImagen: DW/Kiesel

Sperber, por su parte, sabe de la furia de los que se oponen al parque nacional: conoce sus insultos, sus llamadas anónimas. También está consciente de la situación política en Baviera. A pesar de ello, es optimista. “La República Federal de Alemania no podrá eludir la responsabilidad de hacer algo a favor de su patrimonio natural, a favor del bosque de hayas; de otra manera perdería credibilidad internacionalmente”, afirma Sperber junto a silenciosos gigantes de más de 300 años.

Autor: Heiner Kiessel/Mirra Banchón
Editor: José Ospina Valencia

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