Algunas prácticas y costumbres ancestrales de pueblos originarios de América Latina pueden entrar en conflicto con el orden legal y los derechos humanos. Revisamos la viabilidad de dos sistemas paralelos.
En muchos países de América Latina es la práctica jurídica y no la jurisprudencia la que determina la aceptación de la justicia indígena.Imagen: Eraldo Peres/AP Photo/picture alliance
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Los países de América Latina tienen diferentes grados de reconocimiento de los sistemas jurídicos indígenas. Mientras las constituciones de Ecuador y Bolivia reconocen estos estados como plurinacionales, en otros es la práctica jurídica la que determina la mayor o menor aceptación de ciertos usos y costumbres. La tendencia es, en general, a un creciente respeto por las tradiciones de los pueblos originarios.
Sin embargo, algunas prácticas como la venta de novias, castigos corporales o la mutilación genital de niñas y mujeres, sobre la que actualmente se legisla en Colombia, abren la discusión sobre si se deben respetar tradiciones indígenas que contravienen las normas legales de un país y atentan contra los derechos humanos reconocidos universalmente. También surgen cuestionamientos respecto de si la justicia indígena puede prevalecer por sobre la oficial.
¿Es viable que coexistan dos sistemas de paralelos?
Investigaciones en esta materia apuntan a una mirada integradora, de diálogo y respeto. "El derecho indígena se rige por usos y costumbres, prácticas ancestrales milenarias", dice a DW el abogado costarricense Víctor Rodríguez Rescia, especialista en derecho internacional y miembro del Mecanismo de Expertos para Promover la Justicia Racial y la Igualdad en la Aplicación de la Ley (EMLER), de Naciones Unidas.
Rodríguez hace un símil con la common law de Estados Unidos: resuelve de acuerdo con los precedentes o la jurisprudencia. Las autoridades que resuelven los conflictos son nombradas conforme a sus tradiciones "y las soluciones son acatadas por la comunidad, no tienen prisiones ni un derecho penal escrito que establezca penas o condenas", apunta el jurista.
Colombia lleva la delantera en desarrollar jurisprudencia constitucional en este tema, destaca: "Cuando se trata de un conflicto entre indígenas, comunidades o en sus territorios, no lo resuelve el derecho colombiano, sino que el derecho propio. Las autoridades judiciales intervienen cuando la decisión que han tomado las autoridades tradicionales podría violar ciertos mínimos de derechos humanos, como el derecho a la vida, o si la sanción es un castigo, pena, tortura o trato degradante o hay una violación a la integridad personal".
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Contrastes entre castigos
En la práctica, en algunos países los conflictos entre indígenas se resuelven entre indígenas, por lo general en casos de menor trascendencia social. La persona o la comunidad alerta y el organismo comunitario encargado se pronuncia al respecto.
En algunos países latinoamericanos, conflictos menores entre indígenas se resuelven entre indígenas, aunque casos más graves, como homicidios, o que involucren al exterior de la comunidad, se juzgan bajo la legislación oficial.Imagen: Moises Castillo/AP Photo/picture alliance
"Siempre se busca más un fin social que un castigo. Para efectos prácticos, la privación de la libertad no les sirve de nada, prefieren que la persona se comprometa a hacer la reparación del daño. Si es una situación más grave, como un homicidio dentro de la comunidad, no se le juzga bajo la legislación indígena, sino la oficial", indica a DW la abogada mexicana Isis Nevai Albarrán García, coordinadora del Instituto de Investigación y Capacitación del Tribunal Estatal Electoral de Guanajuato.
"Por el tipo de organización social, es más importante la comunidad que la individualidad", afirma Albarrán, y eso determina también la forma de justicia y sanciones. En algunos países de Sudamérica, los infractores son sometidos a latigazos o baños de ortiga. "Desde su cosmovisión es algo simbólico. Para ellos, cuando una persona infringe sus normas sociales, el alma está enferma y hay que sanarla. Se cura a través de la fuerza natural del rayo, pero como no se puede coger con las manos, el látigo es un símbolo, la manifestación de la naturaleza para sanar el alma. Para nosotros es difícil de entender, pero no es exactamente un castigo", plantea Rodríguez.
Desde la visión occidental, sin embargo, se trataría de una tortura. El abogado costarricense sostiene que no se pueden entender con la misma lógica. "Imagínese usted que en Estados Unidos y otros países hay pena de muerte, qué peor que eso", contrasta.
Prácticas contra la ley y los derechos humanos
La abogada mexicana Albarrán explica que en materia penal pueden existir algunas excepciones, por ejemplo, en el uso de sustancias estupefacientes o psicotrópicas. No es considerado ilegal ni penalizado si están reconocidas dentro de la comunidad como parte ritual de su sistema de creencias.
En Guatemala, líderes comunitarios indígenas han buscado el reconocimiento constitucional de la administración de justicia de sus comunidades, pero una reforma propuesta en 2017 fue bloqueada en el Congreso.Imagen: Moises Castillo/AP Photo/picture alliance
Algunas costumbres, como la poligamia y los matrimonios o relaciones sexuales con menores de edad, tampoco son delito en ciertas comunidades. La venta de novias todavía se practica en algunas comunidades indígenas de México. Los padres del novio "compran" a una menor de edad, entregando dinero a sus padres por ella.
Al respecto, Albarrán indica que no basta impedir la venta de niñas. "Para que una intervención sea exitosa debe ser integral. Los cambios se deben hacer con una perspectiva multicultural, con un trabajo de concientización y que ofrezca oportunidades. Prohibir una práctica no elimina todo el sistema de creencias que lleva consigo. Si no cambiamos la concepción, solo conseguimos que se haga en la oscuridad, o que haya otras consecuencias, como se vio en un caso en que más tarde las mujeres eran rechazadas, no se casaban o sufrían violencia intrafamiliar", observa.
Rodríguez relata una intervención exitosa ante una situación dramática en la década de 1990 en Colombia. En una comunidad indígena, cuando nacían gemelos eran considerados un defecto de la naturaleza y llevados a una montaña en medio de la selva para devolverlos. Tras un peritaje cultural, la intervención del defensor del pueblo y el diálogo respetuoso, gracias a un proyecto con la Unión Europea, las autoridades de la comunidad lo revisaron y se modificó esta costumbre.
El juez penal o constitucional puede aplicar un control de convencionalidad, encargar un peritaje antropológico y sociológico, y determinar si una costumbre es efectivamente una práctica ancestral. "Y si lo es, no por esto se valida automáticamente. Tiene que revisar si no se viola la vida o la integridad personal", subraya Rodríguez. Es similar a lo que haría un juez cuando revisa si la aplicación de una ley no contraviene un tratado o convención internacional.
Colombia lleva la delantera en desarrollar jurisprudencia constitucional sobre la convivencia del derecho indígena y la justicia oficial del país.Imagen: S. Rocker/blickwinkel/picture alliance
Diálogo para la convivencia
En el área electoral y de representatividad, Albarrán observa que algunas comunidades tienen sus sistemas propios y en su país, México, estos mecanismos son reconocidos, si bien todavía falta avanzar para alcanzar la exigencia de paridad de género.
En su opinión, el derecho indígena y el oficial "sí deben poder convivir. Somos naciones pluriculturales y tenemos etnias indígenas a las que se les deben reconocer y respetar sus usos y costumbres". Para que esto sea viable, es necesario "establecer un núcleo duro de derechos que no se pueden infringir, por ejemplo, la prohibición de la tortura, entre las que están las prácticas de la ablación femenina y que las penas no sean corporales".
"No solo es posible que convivan, deben convivir", corrobora Rodríguez. Y señala que "el relativismo cultural no es un escudo de inmunidad o impunidad; no es que por los usos y costumbres se puede hacer lo que sea": así como se pueden reformar las constituciones, también se pueden revisar las prácticas indígenas, con el fin de resguardar la integridad de menores y los derechos sexuales y reproductivos.
A su juicio, esto solo es posible a través de un diálogo intercultural, del entendimiento, para que las comunidades lleguen al convencimiento de que una práctica se puede modificar. Los expertos coinciden en que las reglas del "buen vivir" pueden ser un núcleo de derechos que permitan la convivencia entre los sistemas jurídicos.
Bolivia plurinacional: qué une y qué divide a sus pueblos indígenas
A 36 pueblos indígenas bolivianos se les reconoce territorio, población y lengua, pero a más de 60 no.
Imagen: Juan Karita/AP Photo/picture alliance
Mayorías aymaras y quechuas
La Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia reconoce 36 “naciones y pueblos indígenas originario campesinos”, con territorio, población y lengua propios. Dos de ellos, el aymara (en la foto) y el quechua, se consideran mayoritarios.
Imagen: Getty Images/AFP/A. Raldes
34 naciones indígenas minoritarias
Otros 34 pueblos y naciones indígenas bolivianas, como el guaraní, el cayubaba, el uru, el mojeño o el t'simane' (en la foto), han sido constitucionalmente reconocidos como minoritarios. Entre ellos se cuentan también los afrobolivianos.
Imagen: Michael Gurven/AP Photo/picture alliance
60 grupos no reconocidos
Pero otros más de 60 grupos poblacionales, igualmente minoritarios, no han sido reconocidos como naciones, recuerda Alex Villca, vocero de la Coordinadora Nacional de Defensa de los Territorios Indígenas Originarios Campesinos y Áreas Protegidas de Bolivia (CONTIOCAP). Villca se identifica como indígena uchupiamona y su pueblo reclama reconocimiento pese a haber perdido su lengua originaria.
Imagen: Privat
Tres regiones, todas con abundante población indígena
Los bolivianos suelen dividir didácticamente su territorio en tres regiones, las tres con abundante población indígena: Tierras Altas (fundamentalmente en los departamentos de la Paz, Oruro y Potosí), Valles centrales (en Cochabamba, Chuquisaca y Tarija) y Tierras Bajas (en Santa Cruz, Beni y Pando). Aunque, obviamente, estas fronteras entre regiones y departamentos no son exactas.
Tierras Altas: regreso a los orígenes en Tiwanaku
En Tierras Altas (La Paz, Oruro y Potosí), habitan pueblos originarios del altiplano: predominantemente, poblaciones quechua y aymara. Allí, en Oruro, nació Evo Morales, el primer presidente indígena de Bolivia, un aymara. Y allí, en las ruinas precolombinas de Tiwanaku, fue investido como líder indígena, en ceremonias ancestrales que precedieron a sus tomas de posesión en 2006, 2010 y 2015.
Imagen: picture alliance / imageBROKER
Año Nuevo Aymara o Año Nuevo Andino Amazónico
Cada solsticio de invierno, el 21 de junio, los aymaras bolivianos invocan el retorno del astro rey con rituales y ofrendas en la Puerta del Sol del complejo arqueológico de Tiwanaku, territorio de su civilización preincaica, a 70 km de La Paz. La ceremonia se ha hecho oficial y adoptado un nombre pluricultural. En 2021, participó el actual presidente Luis Arce (c), como antes hiciera Morales.
Imagen: Claudia Morales/REUTERS
Culto a Evo
El hoy expresidente Evo Morales (d), aún líder del Movimiento al Socialismo (MAS), con el que gobierna su delfín Luis Arce (c), "es el líder indígena más conocido, pero no el único", advierte la politóloga boliviana de la Universidad Libre de Berlín Moira Zuazo. Pero el culto a su personalidad invisibiliza, también a nivel internacional, la diversidad de pueblos y liderazgos indígenas de Bolivia.
Imagen: Jorge Ábrego/Agencia EFE/imago images
"Cholitas" andinistas
No pocas mujeres indígenas aymaras han sido retratadas por medios internacionales, en su lucha contra los estereotipos machistas. En la foto, tres de un grupo de 11 andinistas de entre 50 y 20 años, tras escalar con sus trajes típicos hasta el pico nevado de la montaña Huayna Potosí, en 2015. Las más jóvenes aspiraban a unirse a las filas de los hombres y guiar a los turistas hasta la cima.
Imagen: Juan Karita/AP/picture alliance
"Cholitas" luchadoras
Las "cholitas" han ido conquistando espacios en la sociedad, y predominan entre las imágenes de mujeres indígenas bolivianas que reflejan los medios. Sea en roles más tradicionales como amas de casa o cocineras, o en sus nuevos territorios conquistados, como escaladoras o como profesionales de la lucha libre (como las de esta foto en la Paz).
Imagen: David Mercado/REUTERS
Valles centrales cocaleros
En los valles centrales, en la franja subandina que incluye a la ecorregión de Los Yungas (departamentos de Cochabamba, Chuquisaca y Tarija), se han asentado sobre todo campesinos y cocaleros del grupo indígena quechua. Entre ellos, en el Chapare, emergió el liderazgo sindicalista de Morales.
Imagen: Reuters/U. Marcelino
Muchos pequeños grupos indígenas en Tierras Bajas
En las llanuras tropicales de Tierras Bajas (departamentos de Santa Cruz, Beni y Pando), se asientan los pueblos de la Amazonía, el Chaco y el Oriente boliviano (conocido también como Chiquitanía). Allí, se encuentra la mayor cantidad de grupos indígenas del país, la mayoría pequeños”, explica a DW Gabriela Canedo, socióloga y antropóloga de la Universidad Mayor de San Simón, en Cochabamba.
Imagen: imago/Nature in Stock
Unidad fracturada en 2011
Una nueva Constitución, en 2009, declaró el Estado Plurinacional, reconoció derechos fundamentales de los pueblos indígenas y fue un logro de la lucha conjunta de sus organizaciones en todo el país. Pero la represión del entonces Gobierno de Evo Morales a la marcha de los indígenas de Tierras Bajas, en 2011, contra la construcción de una carretera en sus territorios, puso fin a esa unidad.
Imagen: Patricio Crooker/picture alliance
El TIPNIS
“El 25 de septiembre de 2011 fuimos reprimidos en Chaparinas, por el simple hecho de defender el medioambiente, nuestro territorio”, recuerda a DW Marcial Fabricano (c), líder indígena mojeño-trinitario, candidato a vicepresidente en 1997, y poblador del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), por donde el Gobierno del MAS pretendía construir la polémica carretera.
Imagen: Privat
Indígenas "orgánicos" y oficialistas
Desde entonces, las organizaciones indígenas se han debilitado, fracturadas en facciones “orgánicas” y facciones oficialistas paralelas, incentivadas por los sucesivos Gobiernos del MAS, según denuncian activistas y expertos.
Imagen: Alfredo Zeballos/picture alliance/dpa
Tras el "golpe" a Evo
En 2019, tras 14 años en el poder, Evo Morales cedió a la presión de las protestas contra su reelección, denunciando un "golpe de Estado", tras perder el apoyo del Ejército y la Policía. Su salida no solo dio paso a manifestaciones claramente racistas del gobierno interino de Jeanine Añez y su entorno, sino también a nuevas divisiones y enfrentamientos entre pueblos indígenas afines al MAS o no.
Recientemente, grandes incendios han arrasado zonas de la Amazonía y la Chiquitanía bolivianas, en el oriente del país. Por eso, los pueblos indígenas de Tierras Bajas demandan protección, no solo ante la expansión de asentamientos de colonos cocaleros sino también ante las quemas descontroladas de terrenos por parte empresarios agroindustriales. Ambos, fenómenos facilitados por leyes vigentes.
Imagen: Gaston Brito/dpa/picture alliance
Cocaleros, también divididos
El patrón de división de las organizaciones indígenas, mientras tanto, sigue reproduciéndose en todos los ámbitos. Así, por ejemplo, en La Paz, enfrentamientos entre organizaciones paralelas de cocaleros (ADEPCOCA "orgánica" y oficialista), subrayan, insisten expertos, la situación de vulnerabilidad que atraviesan los pueblos indígenas en Bolivia hoy.