1. Ir al contenido
  2. Ir al menú principal
  3. Ir a más sitios de DW

¿Qué libertad para viajar tendrán los cubanos?

Rosa Muñoz Lima16 de octubre de 2012

¿Qué libera y qué limita el decreto ley modificativo de la Ley de Migración que el Gobierno cubano acaba de aprobar? ¿Qué pueden esperar de él los cubanos? DW revisó el decreto y conversó con un experto.

¿Qué libertad para viajar les espera a los cubanos?
¿Qué libertad para viajar les espera a los cubanos?Imagen: AP

La noticia, publicada al unísono y con texto idéntico en los diarios Granma y Juventud Rebelde –órganos oficiales del Partido y la Juventud comunista de Cuba–, se extendió como la pólvora en las redes sociales y los medios internacionales. En Alemania, hasta los diarios locales ubicaron el titular en primera plana: “Cuba concede a sus ciudadanos libertad para viajar”.

En Facebook, desde dentro y fuera de la isla, los cubanos comparten su excitación y su escepticismo: “¡al fin!”, “se me quiere salir el corazón del pecho”, “¿eso es en serio?”, “a ver ahora cómo se aplica en la práctica”. En Twitter crecen las etiquetas “#Cuba” y “#CubaMigracion”: “¿Los barrotes insulares se corren?”, se preguntaba la bloquera disidente Yoani Sánchez. “Actualizar la política migratoria se impone para adaptarnos a la realidad”, twitteó el bloguero oficialista Yohandry Fontana.

Yoani Sánchez, bloguera disidente: “¿Los barrotes insulares se corren?”Imagen: picture-alliance/dpa

A partir del 14 de enero de 2013, los cubanos no necesitarán el permiso de salida que el Gobierno les otorgaba o negaba hasta la fecha a través de la llamada “tarjeta blanca” (por valor de unos 150 dólares), confirma la Gaceta Oficial de la República de Cuba. Ello elimina también el requisito y el costo de presentar una “carta de invitación” (por unos 200 dólares), al menos ante las autoridades cubanas. Bastará con un pasaporte, expedido por Cuba (por un precio que sube de 55 a unos 100 dólares), y una visa, expedida por el país de destino (por el costo de unos 75 euros en el caso de Alemania)... aunque se anuncian excepciones.

¿Déjà-vu?

“A primera vista, desde la perspectiva alemana, hay un paralelismo con lo que pasó en la RDA, donde la liberalización de los viajes significó a la larga la caída del régimen”, opina Bert Hoffmann, director del Instituto GIGA de Estudios Latinoamericanos de Hamburgo. “Pero las condiciones en Cuba son muy distintas”, acota el experto en temas cubanos.

“El cuello de botella se formará ahora en torno a las visas de entrada de los países de destino. Y los cubanos no tendrán, como tuvieron los alemanes del Este, una Alemania Occidental que abrió las puertas a todo el que venía”, insiste Hoffmann. Para tramitar su visa de salida, la embajada de Alemania y sus similares de otros países en La Habana probablemente seguirán exigiendo a los cubanos una “carta de invitación” de un residente solvente en el país de destino.

La estampida que siguió al anuncio de la apertura del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, es improbable en Cuba, opina este politólogo alemán. Pues, como sea, “no hay ningún país, y mucho menos Estados Unidos, que otorgue visas de entrada a cientos de miles de cubanos”. Además, el simple hecho de vivir en una isla marca una diferencia logística fundamental: para viajar hay que comprar un boleto de avión.

El simple hecho de vivir en una isla marca una diferencia logística fundamental: para viajar hay que comprar un boleto de avión.Imagen: picture-alliance/dpa

“Una relación menos autoritaria”

Está por ver cómo se llevará a cabo la implementación del nuevo decreto ley, advierte Hoffmann: “Cuba no se convierte en un Estado de Derecho de la noche a la mañana con esta ley. Queda mucho margen de maniobra para usarla de forma arbitraria y es perfectamente posible, por ejemplo, que a los opositores políticos se les niegue la expedición de un pasaporte o se les retire uno ya expedido”.

Además el decreto ley advierte que directivos, atletas de alto rendimiento y profesionales vitales como los del sector de la salud continuarán necesitando autorizaciones especiales para viajar, en aras de “preservar la fuerza de trabajo calificada para el desarrollo económico, social y científico-técnico del país, así como para la seguridad y la protección de la información oficial”. De ellos, quienes pretendan residir en el exterior, recibirán el permiso “en un plazo que no exceda de cinco años naturales, desde la fecha en que se solicita” –plazo en que el Estado deberá ocuparse del “entrenamiento del relevo en la actividad vital de que se trate”.

A ello se suman los obstáculos burocráticos que puedan interponerse, por razones logísticas o políticas, a la solicitud de pasaporte de cualquier ciudadano: “pudiera ocurrir que los trámites se tornen lentos y complicados”, avizora Hoffmann.

Los cubanos no sólo tenían que hacer cola ante oficinas cubanas de inmigración, sino también ante embajadas como la española (foto).Imagen: picture-alliance/dpa

No obstante, se trata de “un cambio fundamental”, concluye el estudioso de la política cubana, un cambio que naturaliza el derecho, la libertad de viajar: “una medida que tiene un impacto muy grande para la relación del Estado cubano con su propia sociedad; y que apunta a que esa relación sea menos autoritaria”. Esta es, finalmente, una respuesta a un reclamo popular que se ha hecho cada vez más fuerte en las últimas décadas; una respuesta demorada, que los cubanos ya habían esperado ansiosa e infructuosamente, por ejemplo, durante el último período de sesiones del Parlamento cubano, en julio pasado.

Autora: Rosa Muñoz Lima

Editor: Pablo Kummetz

Ir a la siguiente sección Descubra más

Descubra más

Mostrar más
Ir a la siguiente sección Tema del día DW

Tema del día DW

Ir a la siguiente sección Más de DW