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¿A prueba de terremotos?

11 de julio de 2011

Tras el accidente nuclear de Fukushima, Chile está más temeroso que nunca ante la energía nuclear. Expertos analizan los riesgos de un reactor ubicado en medio de una zona poblada y sobre una falla geológica.

Nuclear Central La Reina, of the Chilean Comission of Nuclear Energy, in Santiago, Chile, next to Los Andes; Santiago (Chile) 2011; Copyright: CCHEN
El Centro de Estudios nucleares de la Reina está a los pies de la Cordillera de los Andes, sobre una falla geológica potencialmente activa.Imagen: CCHEN

Cuando el reactor nuclear de investigación de La Reina entró en operación en 1974 en los faldeos precordilleranos, en el sector oriente de Santiago, no había allí más que campos desiertos. Pero la capital fue creciendo y hoy las instalaciones están rodeadas por un barrio residencial.

Tampoco se conocían bien los riesgos de una falla geológica que atraviesa el sector. En este lugar se observa a simple vista una discontinuidad morfológica importante, como un escalón. Se trata de la falla de San Ramón, que se extiende unos 30 kilómetros de norte a sur, paralela a la Cordillera de Los Andes, y que pasa además por casas, edificios, universidades y una planta de gas. Según estudios iniciados hace unos cinco años, se trataría de una falla potencialmente activa, y no inactiva, como se pensaba antes.

José Cembrano, Presidente de la Sociedad Geológica de Chile.Imagen: José Cembrano

“Puede producir terremotos de magnitudes en torno a los 6,9° y 7,4° con una recurrencia cada 2.500 a 10.000 años”, explica José Cembrano, Presidente de la Sociedad Geológica de Chile y profesor de la Universidad Católica. Si bien parece un lapso de tiempo demasiado amplio, lo cierto es que no se sabe cuándo fue su último terremoto. Actualmente, un equipo de geólogos de la Universidad de Chile realiza estudios en terreno para intentar determinar este dato y contar con información más precisa.


Chile tiene una sismicidad intrínseca, debido al movimiento de las placas de Nazca y Sudamericana. En la zona de subducción se espera un terremoto de gran magnitud, de entre 8º y 9º, cada 100 años. Pero además, el territorio está cruzado por fallas, como San Ramón. Aunque sus tasas de movimiento son menores y los terremotos más espaciados, cada varios miles de años, como las fallas son superficiales pueden producir un gran daño, concentrado en un sector más limitado.

Recatores de la década del 70

Una de las principales funciones del reactor de La Reina es su uso con fines médicos.Imagen: CCHEN

Actualmente el país cuenta con dos reactores nucleares de experimentación que datan de los años 70, a cargo de la Comisión Chilena de Energía Nuclear, CCHEN. Uno de ellos no está en funcionamiento y el otro, el de La Reina, se usa en la producción de radioisótopos para usos en salud, industria, agricultura y minería.

La CCHEN indica que cuando se diseñaron se tuvo en cuenta la sismicidad propia del país. Sin embargo, entonces no se habría conocido la verdadera condición de la falla de San Ramón, que hoy es materia de nuevos estudios geológicos.

Expertos en energía nuclear aseguran que el reactor de la Reina no sería peligroso. El ingeniero y profesor de la Universidad Católica Julio Vergara explica que “tiene bastante capacidad de refrigeración con respecto a la cantidad de combustible, así que el riesgo es bastante bajo”.

Claudio Tenreiro, ingeniero profesor de la Universidad de Talca y ex director de la CCHEN, agrega que “es un reactor experimental, de piscina, de muy baja potencia y que cuenta con elementos necesarios para que pueda resistir un gran sismo, y de hecho ha soportado muy bien todos los ocurridos en la zona desde su construcción“.

Según Luis Frangini, director (s) de la CCHEN, “los reactores chilenos cuentan con todas las medidas de seguridad necesarias para soportar sismos de gran intensidad”, como un sistema de parada por movimiento del suelo.

Siga leyendo: "Santiago duerme sobre la muerte", advierte un grupo de vencinos.

Santiago en alerta

“Hoy es Japón, mañana podríamos ser nosotros. Santiago duerme sobre la muerte”. Con este llamado, vecinos de las comunas cercanas al reactor se unieron tras la emergencia nuclear en Fukushima. Junto a representantes comunales están alertando sobre los posibles peligros de vivir con un reactor nuclear en una zona de riesgo sísmico. Su objetivo es conseguir el traslado de las instalaciones a una zona deshabitada.

Por el momento, la CCHEN no ha pensado en la posibilidad de cerrar el reactor y trasladarlo a otro emplazamiento, “ya que no es necesaria tal medida. Se han realizado los estudios pertinentes y ninguno de ellos indica que exista algún peligro para la población circundante al reactor”, indica Luis Frangini, de la CCHEN.

Reactor de investigación de la Comisión Chilena de Energía Nuclear.Imagen: CCHEN

Hasta ahora, el reactor de La Reina ha pasado su mayor prueba de fuego. Durante la madrugada del 27 de febrero de 2010 se encontraba en funcionamiento, operando a su potencia de diseño de 5 MW, cuando ocurrió uno de los más grandes terremotos de la historia chilena, con una magnitud de 8,8 y cuyo epicentro estuvo en la zona sur del país.

Frangini explica: “Durante el movimiento sísmico se superó la aceleración de 0,1g y el sistema de parada por movimiento del suelo envió una señal que provocó el apagado en forma automática del reactor. Luego del evento, fue inspeccionado por los operadores y por los inspectores de seguridad nuclear, constatándose que las estructuras, sistemas y componentes se comportaron de acuerdo a los criterios de diseño”.

¿Posibilidad de traslado?

Nunca antes había estado operando al momento de producirse un sismo de gran magnitud. Pero el hecho de que haya respondido bien hasta ahora no es garantía para los vecinos. Argumentan que la naturaleza es impredecible y el riesgo de que la falla de San Ramón se active, sumado a la peligrosidad de un accidente nuclear en un sector densamente poblado, es la mayor preocupación.

Claudio Tenreiro, ex director de la CCHEN.Imagen: Claudio Tenreiro

“Suponiendo que los estudios arrojen una peligrosidad que amerita un ‘cambio', eso implica evaluar la posibilidad de cambiar las actividades asociadas a ese reactor al otro centro nuclear, el de Lo Aguirre, y hacer un decomisionado del La Reina. Pero eso tiene un costo que como país se debe afrontar, y es una decisión importante a ser evaluada con todos los antecedentes en la mano“, dice Claudio Tenreiro.

El ingeniero advierte que eso no impide que en el otro centro nuclear, en las afueras de Santiago, ocurra también una densificación de población: “Será también una cuestión de tiempo que ese centro quede también rodeado de gente, levantando las mismas cuestiones, ya que de seguro alguna falla puede haber en la cercanía, sin descontar la sismicidad intrínseca chilena debido al movimiento de las placas”.

Seguridad y costos

Si bien hasta ahora los reactores de experimentación chilenos, de baja potencia, han resistido bien todos los sismos, la interrogante es qué ocurriría con una central de energía nuclear.

“Creo que técnicamente es factible disponer de centrales nucleares y que sean adecuadas a la sismicidad local”, indica Claudio Tenreiro. Julio Vergara también señala que “es posible, pero hay que hacer un buen ajuste entre el tipo de reactor y el sitio adecuado”.

Ambos expertos coinciden en que esto implica estudiar costos y rentabilidad. “Si se requieren sistemas antisísmicos adicionales, eso tiene implicancias económicas importantes, lo que hace reformular la pregunta sobre si será una alternativa competitiva o no”, dice.

A juicio del geólogo José Cembrano, “en Chile hay numerosas fallas conocidas -algunas activas- y también algunas en que no conocemos bien su naturaleza y, lo más grave, no sabemos la edad de su último movimiento ni tampoco su tiempo de recurrencia. Y por lo tanto, no sabemos qué amenaza representan”, explica.

Muchos estudios son bastante recientes y están en progresión. Por eso, sobre la posibilidad de construir centrales nucleares en Chile, advierte: “En un lugar donde no conocemos bien el peligro geológico asociado y la amenaza sísmica, sería una irresponsabilidad”.

Autora: Victoria Dannemann
Editora: Emilia Rojas

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