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¿Salvación del extranjero?

31 de enero de 2004

Grundig, uno de los nombres empresariales de mayor tradición en Alemania, pasa a manos extranjeras. Es el precio para rescatar, al menos un gran nombre que se asocia con la tradición industrial alemana.

Fernseher bei Grundig
Los televisores, el núcleo del negocio de Grundig.Imagen: AP

Grundig fue creada después de la II Guerra Mundial y nació como una empresa familiar que en poco tiempo se convertiría en un imperio internacional, simbolizando el milagro económico alemán de la posguerra.

Pero la empresa, que en sus mejores tiempos llegó a tener 38.000 empleados, está en suspención de pagos desde hace más de seis meses. Esta semana se comunicó la venta de su negocio básico, y la vez más deficitario, la producción de televisores, por 80 millones de euros (unos US$ 100 millones). El nuevo dueño es un consorcio con base en Núremberg, la ciudad donde desde siempre reside esta empresa germana, conformado por la empresa turca Beko y la británica Alba.

Comienzos modestos

Los comienzos fueron modestos pero geniales. Grundig empezó vendiendo una radio para ensamblar, una estrategia que aprovechó un vacío legal en la posguerra germana. En esos años, los aliados habían prohibido la fabricación de receptores de radio en Alemania, aunque no la de sus componentes.

Así, el modelo para ensamblar "Heinzelmann" constituyó en 1946 la piedra fundamental para este imperio global. A finales de los años 70, Grundig alcanzó su mejor época, con 30 plazas de fabricación en todo el mundo y casi 40.000 empleados.

De problema en problema

La llegada de la competencia de las compañías asiáticas en la década de los 80 y la incapacidad de Grundig para modernizarse llevó a la firma a un lento calvario financiero. La primera etapa se alcanzó en 1984, cuando fue absorbida por la holandesa Philips, aunque tampoco ellos pudieron salvar a la empresa, de la cual se desprendieron en 1997. Los problemas culminaron con la suspensión de pagos de la empresa en junio de 2003. La plantilla se había reducido a sólo 1.000 empleados.

Desde esa fecha, la firma se desprendió de sus divisiones más lucrativas, como las radios para automóviles y las grabadoras. Para la producción de televisores se habían barajado varios compradores como la taiwanesa Sampo, la propia Beko o la alemana Medion.

Actualmente, Grundig cuenta con 200 empleados. Por lo menos sobrevive el nombre de la empresa, aunque sus rubros estén divididos entre distintos propietarios en distintas partes del mundo. Después de todo, el nombre Grundig es un activo económico en si mismo, asociado con las tradicionales virtudes de la economía alemana: eficacia, calidad y excelencia.

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