Se desvanecen los frentes
26 de septiembre de 2002
Hasta el momento parecía que todo se trataba de un paseo dominical para el presidente George W. Bush. Parecía haber convencido a todo el mundo con su campaña en pro de un mundo mejor, una campaña que es al mismo tiempo un plan de guerra. Durante semanas su presencia ha dominado a los medios de comunicación, que no se pierden una palabra del presidente, ya sea que la diga frente a un grupo escolar o frente a un asilo de ancianos.
Medios respetuosos, pueblo guerrero
A los ciudadanos estadounidenses se les bombardea por todas partes con el mensaje de que una guerra en contra de Irak es igual de necesaria que ineludible. Oposición, ninguna. Lo cual no se debe a que no haya argumentos en contra, sino a los mecanismos de los medios de comunicación y también al papel de los políticos demócratas. Los medios por lo visto siempre tienden a respetar más los deseos del gobierno, que la voz del pueblo, una realidad por lo visto no sólo en Estados Unidos. De ahí que uno a veces tenga la impresión de que el pueblo estadounidense sea un pueblo de guerreros.
Demócratas demasiado cautelosos
Pero esto no es verdad. Los estadounidenses tienen otras preocupaciones, se preguntan por ejemplo, por cuánto tiempo tienen aún asegurados sus empleos y también cómo podrán financiar su vejez con acciones que han perdido su valor. Pero estas son preocupaciones de todos los días que pierden su peso antes los discursos provenientes de Washington. Y son cada vez más, los que responsabilizan a los demócratas de esta realidad. Como si fueran conejos temerosos de ser devorados por una serpiente, se mantienen ocultos frente a este presidente que aún goza de gran popularidad. Y ninguno de ellos se atreve a gritar que ya basta, por el temor a ser calificados de poco patriotas.
En Estados Unidos, no lo olvidemos, es tiempo de elecciones, el próximo noviembre el elector decidirá sobre la composición de la Cámara de Representantes y del Senado. Y dada la importancia vital de estas elecciones, Bush lucha con cualquier medio disponible para que los republicanos puedan mantener su mayoría. Esto le facilitaría mucho el trabajo a la hora de gobernar.
Bush un tanque imparable
Pero por lo visto ha ido demasiado lejos esta vez. La acusación en el sentido de que el Senado dominado por los demócratas, no está interesado en la seguridad de Estados Unidos, hizo que Tom Dashle reaccionara con violencia exigiendo una disculpa por parte del presidente. Pero Bush no se disculpará. Tampoco obtendrá del Congreso lo que quiere: un cheque en blanco para la guerra en Irak, por lo menos no por el monto que le gustaría.
Es positivo que los miembros del Congreso duden y que expresen sus dudas en voz alta. Después de todo se trata de guerra y de paz. Los demócratas no deben dejarse cohibir por un presidente que busca impedir un debate profundo con su retórica militar. Este gobierno ama el secretismo y los defiende aduciendo lo importante que es para la seguridad. Y esto no puede ser benéfico para una democracia. Tanto mejor resulta un poco de oposición. Desgraciadamente es de temerse que no se logre obstaculizar la marcha del presidente hacia Bagdad.