Ser segundo no es perder
26 de julio de 2003
Más que una carrera ciclista, el Tour de Francia es algo así como una fragua de héroes y emociones. Por su carácter de maratón, pone a prueba no sólo la resistencia física de los competidores, sino también sus nervios y su buena estrella. Ésta abandonó al deportista alemán Jan Ullrich en la penúltima etapa, donde una caída le impidió hacer realidad las esperanzas que abrigaba junto a miles de sus seguidores: superar al legendario Lance Armstrong en la lucha contra el reloj, para acortar la ventaja del estadounidense o incluso rebasarlo en la clasificación general.
Pero la realidad es dura para los aficionados germanos, que ya se están resignando a la idea de ver a Armstrong dando su vuelta de honor en los Campos Elíseos, para coronarse nuevamente campeón. "Estoy un poco triste, porque podría haber logrado ganar la etapa", comentó Ullrich, agregando: "En realidad ya no se trataba de conseguir la camiseta amarilla, eso era más bien un sueño para mí. Para que se cumpliera habría tenido que caerse Lance, y no se lo deseaba".
Un mito más allá del ciclismo
Eso también es parte del Tour de Francia: la honestidad deportiva, la caballerosidad e incluso la camaradería entre los participantes que, sin embargo, disputan palmo a palmo cada kilómetro del recorrido. De ello se alimenta también el mito de esta competencia, considerada la más dura del ciclismo internacional. Sus triunfadores alcanzan el Olimpo de la popularidad, más allá del ámbito deportivo, convirtiéndose en modelo de virtudes varias. Poco importa que este deporte se vea opacado de tanto en tanto por escándalos de dopaje nada virtuosos.
Poco importa también que el héroe de cada quien no logre la victoria final. Es el caso de Jan Ullrich. Sus pasados "tropezones" con la droga ya han sido ampliamente perdonados por la opinión pública, que ahora lo considera un ejemplo de superación. Pase lo que pase en la etapa final, para los alemanes ya es un ganador. Y, como tal, tiene asegurada la fama y también los suculentos ingresos que de seguro le reportarán también en lo sucesivo los contratos publicitarios que aguardan al campeón, aunque no llegue primero a la meta.