Los videojuegos forman parte de la cultura social. Hace tiempo que dejaron de considerarse solo un medio de entretenimiento. Las plataformas de videojuegos se han convertido en espacios sociales y, por lo tanto, también en lugares de debate político. Las autoridades de seguridad observan cada vez más actividades de extrema derecha en los entornos de juego online, e iniciativas de la sociedad civil advierten de tendencias radicalizantes. La propia industria de los videojuegos ha cambiado mucho en los últimos años. Los desarrolladores apuestan cada vez más por personajes diversos, realidades vitales diferentes y nuevas perspectivas narrativas: mujeres soldado, romances queer, protagonistas negros. El público también es heterogéneo. Pero a medida que crece la diversidad, también lo hace la oposición: los críticos se quejan de que los mensajes políticos no tienen cabida en los videojuegos. Las reacciones más duras provienen especialmente del espectro de la derecha: desde campañas masivas en línea y llamamientos al boicot hasta campañas de acoso dirigidas contra desarrolladores y jugadores. Para algunos, los videojuegos se han convertido desde hace tiempo en un campo de batalla cultural. Plataformas como Steam, Twitch o Discord se utilizan de forma selectiva para atraer a los jóvenes mediante memes irónicos, provocaciones y retórica «anti-woke». Lo que para algunos parece humor puberal, para otros sirve como puerta de entrada a una visión radical del mundo. Pero ¿qué se puede hacer contra el extremismo de derecha en la red? El documental muestra los riesgos de la radicalización en el ámbito de los videojuegos y acompaña a jugadores, investigadores y activistas que se defienden contra la influencia de la extrema derecha en el espacio digital.
