La prohibición de vender productos ultraprocesados y bebidas azucaradas dentro de las escuelas ha tenido una acogida y un impacto positivo en México. Pero las condiciones socioeconómicas y hábitos perpetúan una mala alimentación en los hogares. La industria alimenticia presiona a las iniciativas que buscan regular la publicidad de refrescos azucarados, entre otros.