Tailandia: ¿último golpe?
21 de septiembre de 2006
Ni un solo tiro
El TAGESANZEIGER, de Zúrich, editorializa: “El golpe militar fue el último recurso para evitar una guerra sucia que hubiera desbaratado por completo al Estado tailandés. El golpe echó a ese fantasma del país sin que se disparara un solo tiro. El hecho de que no hubiera resistencia es un indicio de que alguien a quien nadie en Tailandia contradice, ha aprobado el golpe: el rey Bhumibol. (...) Ahora los generales prometen democracia. Dentro de dos semanas quieren entregar el poder a un Gobierno civil, que introduzca las reformas necesarias. Los tailandeses toman conocimiento de ello aliviados. Su confianza en el rey, de 78 años, es ilimitada. Ello les hace olvidar que no sólo los golpes militares, sino también las intervenciones del rey, son en última instancia incompatibles con la democracia. Los tailandeses deberán aprender a asumir ellos mismos más responsabilidad por su nación.”
El rey, la autoridad última
THE GUARDIAN, de Londres, opina: “La autoridad última es el rey tailandés, que ya en ocasión de otros golpes militares ha dejado en claro su simpatía por la democracia y que muy probablemente les tomará la palabra a las FFAA de que quieren retornar pronto a la democracia. Pero el rey es anciano y tiene problemas de salud. A largo plazo, los tailandeses no pueden confiar en que el rey saque al país de todas las dificultades políticas. El país debe crear fuertes estructuras democráticas que aseguren que el 18.º golpe militar desde que Tailandia se transformó, en 1932, en monarquía constitucional, haya sido el último.”
Corrupción y abuso de poder
LA STAMPA, de Turín, dice: “La popularidad del primer ministro, Thaksin, comenzó a desmoronarse ya en enero, cuando se supo que su familia había vendido una parte de su empresa de telecomunicaciones a una firma en Singapur sin pagar impuestos. La oposición montó en cólera sobre todo porque por lo menos una parte de una rama económica estratégica, como lo es la de las telecomunicaciones, había pasado a manos extranjeras. A las acusaciones de corrupción y abuso de poder para fines personales se agregan los déficits en la lucha contra la revuelta musulmana en el sur, que ha costado desde 2004 unas 1.400 vidas humanas.”
Manejos antidemocráticos
El SÜDDEUTSCHE ZEITUNG, de Múnich, observa: “El problema es que Thaksin fue elegido por una considerable mayoría, a la que no le importaron sus manejos antidemocráticos. Por ello, después del golpe el país no se halla automáticamente en la senda hacia más democracia. Tailandia acepta hasta ahora el golpe ya como una tradición de ordenamiento del Estado. Pero así el país no ha podido desarrollar realmente raíces democráticas. Y el vacío de poder generado artificialmente por la dimisión obligada también entraña peligros. El temido “nuevo orden Thaksin” es poderoso y muchos son los que lo apoyan. La oposición, por el contrario, es débil. Las condiciones para un próximo retorno de la democracia a Tailandia no son, por lo tanto, muy buenas.”