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Los propietarios reacios a vender no han conseguido frenar la ola de demoliciones: una ley permite al estado turco expropiar si se constata un interés colectivo por una finca. Los recursos jurídicos han sido rechazados y barrios enteros quedan así en posesión de consorcios inmobiliarios. Una nueva fiebre de la construcción invade la ciudad, y eso a pesar de que Estambul es zona de alto riesgo sísmico.
