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¿Un espejismo?

28 de enero de 2003

La Unión Europea quiere reducir las barreras comerciales en los mercados mundiales y dar una oportunidad a los países en vías de desarrollo, mediante una reducción visible de sus subvenciones agrícolas.

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Las subvenciones agrícolas ascienden a miles de millones de euros anualmente.

Los ministros de Relaciones Exteriores de los países integrantes de la Unión Europea han secundado los planes del Comisario de Asuntos Agrícolas de la Unión Europea, Franz Fischler, de reducir las subvenciones agrícolas dentro de la Unión Europea y le han dado luz verde para que así lo proponga en las próximas negociaciones sobre la apertura de los mercados agrícolas en el marco de la Organización Mundial del Comercio.

Aun cuando desde Bruselas se escucha que los esfuerzos serán redoblados con el fin de que la propuesta de reformas quede terminada todavía en este verano, muchos expertos dudan que se logre, pues pese a que hay consenso sobre la necesidad de reformas, no lo existe sobre la amplitud de las mismas.

Sólo Alemania, Dinamarca, Suecia, Holanda y Gran Bretaña respaldan públicamente la demanda de reformas drásticas de la agricultura europea, una solicitud que parece muy aventurada a los europeos más sureños, a su cabeza Francia. Nada sorprendente porque, después de todo, están en juego miles de millones de euros en subvenciones agrícolas.

Calidad contra cantidad

Si los esfuerzos de Bruselas en el campo agrícola llegan a ponerse en práctica, los grandes beneficiados serán los consumidores, pues el Comisario de Asuntos Agrícolas Fischler pretende concentrar las reformas en reemplazar la cantidad de producción por una mejora de la calidad. Para ello se busca vincular en un futuro la ayuda económica a los agricultores, no al volumen de producción, sino a la calidad del producto, que se medirá según un barómetro que contemple medidas ecológicos, seguridad de los productos cultivados, salud de los animales y niveles de seguridad en el trabajo.

Otros elementos clave del paquete de reformas promovido por Fischler es la reducción de los aranceles de importación en un 36%, de las subvenciones de exportación en un 45%. Además prevé también la reducción de subvenciones a los agricultores de la Unión Europea en un 55 % en un plazo de 10 años. El único problema de esta histórica propuesta, es que su puesta en marcha está ligada a que el resto de las naciones industrializadas se comprometan a participan y hacer lo suyo.

Una oportunidad para el Tercer Mundo

Las revolucionarias propuestas contienen también una serie de recomendaciones para beneficiar el comercio con los países en vías de desarrollo. Entre ellas se cuenta la apertura del mercado a productos agrícolas de los países más pobres a los que no se les aplicaría aranceles aduaneros, ni tampoco se les impondría límites de exportación. Una propuesta tan generosa que parece una ilusión.

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