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Un récord ... a la inversa

11 de marzo de 2003

La Telekom alemana registró en el 2002 pérdidas por 25.000 millones de euros, las más grandes en la historia de la compañía.

Con pérdidas acumuladas en el 2002 por 24.600 millones de euros, la Telekom alemana impuso una marca de dimensiones incomparables en la historia empresarial no sólo alemana, sino también europea. La grave situación de la compañía alemana es producto en primer lugar de la caída del valor de sus acciones en bolsa, pero también del pago de amortizaciones de las costosas licencias de telefonía móvil de tercera generación (UMTS) y de la compra de empresas, con un costo de inversión por 19.300 millones de euros en el 2002.

Nuevos recortes de personal

A pesar de estos superlativos en vía inversa, la compañía alemana está convencida, lo mismo que muchos analistas, de que se ha logrado superar el año más difícil de la historia de la empresa. Kai-Uwe Ricke, presidente de la Telekom desde noviembre del 2002 se muestra optimista y hace hincapié en que ya durante el último trimestre del 2002, la Telekom logró sorprender a los mercados financieros con resultados operativos positivos, muestra de evidente recuperación. Algunos analistas incluso creen que de lograr mantener el camino emprendido podría volver a la zona de ganancias en el 2004.

Una enorme montaña de deudas

Durante los últimos meses el consorcio alemán ha implementado un plan de reducción de deudas. En la actualidad las deudas de Telekom ascienden a 60.000 millones de euros y Ricke se ha propuesto reducirlas a sólo 50.000 millones hasta fines de año. La política implementada por la empresa de telecomunicaciones trata de encontrar un balance entre el ahorro necesario y las inversiones indispensables y prevé además un nuevo recorte masivo de empleos. Telekom Alemania recortó en los últimos años cerca de 10.000 empleos. Con el fin de reducir costos, la compañía germana quiere recortar 55.000 puestos de trabajo más en todo el mundo, de una plantilla de 254.800 empleados, hasta finales del 2005.

Pero no sólo los empleados pasan malos ratos. También los accionistas que por primera vez desde que la empresa empezara a cotizar en bolsa tendrán que renunciar a dividendos.

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