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Una bacteria en la guerra contra el plástico

Juan Ruiz Salces (EL)15 de marzo de 2016

Este microorganismo, hasta ahora desconocido, puede digerir uno de los plásticos más comunes. Es hasta la fecha la mayor herramienta biológica para enfrentar uno de los grandes problemas de contaminación.

PET Plastikflaschen Recycling
Imagen: picture-alliance/dpa/D.Azubel

Científicos japoneses descubren una bacteria que se alimenta de Tereftalato de polietileno (PET). De este compuesto están hechos los envases de bebidas y textiles. Un material del que se producen cerca de 50 millones de toneladas anuales en todo el planeta. Es flexible, resistente y sobre todo barato. Es muy fácil producirlo, pero es muy difícil degradarlo.

El ecologista más pequeño

Esta bacteria, apodada Ideonella sakaiensis, fue encontrada recientemente en un vertedero de PET. Sus descubridores buscaban la existencia de seres vivos que pudieran sobrevivir entre el plástico y la encontraron a ella. Esta bacteria consigue descomponer el plástico y reducirlo a algo comestible.

¿Cómo es esto posible? “Las bacterias pueden neutralizar casi todo, si las dejaras rodeadas de metal buscarían la manera. Es cuestión de ventajas evolutivas, las que lo consiguen sobreviven”, le contó a DW Jörg Stülke, profesor de microbiología en la universidad de Göttingen.

Para ello utilizan las herramientas biológicas por antonomasia: las enzimas. Son proteínas que hacen posible que todo funcione en un ser vivo. Pero, ¿qué puede encontrar una bacteria en el plástico? Carbono, un elemento presente en todos los compuestos orgánicos y del que nosotros también nos beneficiamos. Los hidratos de carbono que forman el pan son un ejemplo.

Mares de plástico, un problema mundial

Desde principios del siglo pasado, este material ha ido aumentando su popularidad en el entorno industrial. Sus propiedades y asequibilidad hicieron de él una joya de la producción. Ahora es uno de los factores de polución que más preocupan a los ecologistas.

Inundación de plástico en los océanos

06:07

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Aparte de su tardía degradación (según tamaño y tipo, de 50 a 1000 años), el plástico es un producto que debido a su composición química puede degenerar en sustancias tóxicas y cuyo reciclaje produce una altísima emisión de contaminantes.

¿Esto nos afecta? Sí, y no sólo a nosotros. Muchos seres vivos están amenazados por culpa de la ingesta de plástico y su consecuente intoxicación. Entre ellos algunos se encuentran dentro de nuestra cadena alimenticia intoxicándonos también. Es un problema a nivel mundial que merece atención urgente.

Entonces, ¿problema solucionado?

Definitivamente no. A pesar de este esperanzador hallazgo la lucha contra el plástico sigue latente en las grandes plataformas ambientalistas. “Es tan grande la cantidad de plásticos que vertimos en tan poco tiempo, que no hay bacteria ni hongo que pueda lidiar con eso. Además, este microorganismo ayudará en la tierra, pero no en el mar, donde está la mitad del problema” contó a DW Sandra Schöttner, bióloga marina y activista de Greenpeace Alemania.

Este diminuto aliado puede ser de gran ayuda sin duda, pero por ahora no puede cargar con todo el peso. Según los investigadores la evolución de la bacteria hacia la ingesta de plástico ha sido muy rápida (el PET lleva sólo 70 años en el mercado), teniendo en cuenta que los procesos biológicos llevan su tiempo.

Por otro lado la bacteria tarda seis semanas en degradar una fina lámina de PET. Esto si se mira desde el tamaño y la complejidad del material es todo un logro, para nosotros es mucho tiempo. “Es muy difícil llegar al carbono dentro del plástico. Si habláramos de granos de azúcar podrían moverse entre ellos y adherirse a varios de ellos, pero aquí sólo pueden pegarse al plástico en la superficie”, explicó Jörg Stülke.

Las investigaciones seguirán en su estudio. Posiblemente en un futuro cercano se consigan utilizar las mismas enzimas que usa esta bacteria para acabar con el plástico. Aún así, los expertos siguen haciendo hincapié en la reducción del consumo de plásticos en nuestra vida diaria. Comprar menos productos que lo contengan. Buscar alternativas. Si por alguna razón es demasiado tarde para echar marcha atrás, es hermoso saber que incluso allí donde el ser humano contamina, la vida se abre camino.

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