Una convención en estado de coma
11 de noviembre de 2002
Muchos la califican de un perro guardián sin dientes. La Convención de Armas Biológicas prohibe el desarrollo, almacenamiento y uso de armas biológicas. Cada cinco años se realiza una conferencia, que tiene por meta revisar si realmente se respeta esta convención. Una meta hipotética, pues la convención no cuenta con un mecanismo de control, a pesar de que la comunidad internacional presiona, desde hace años, por que se desarrolle. No existe pues, ningún mecanismo para confirmar que los estados que la han firmado, la respeten. Un grupo de trabajo presentó hace unos años una propuesta que prevé la creación de un gremio de control independiente que pueda realizar inspecciones en caso de sospecha.
Estados Unidos, el guerrero solitario
Sin embargo Estados Unidos se opone a esta propuesta, entre otras cosas, porque no quieren permitir investigaciones en sus propios laboratorios. Pero se toma la libertad de demandar ataques militares contra Irak, país al que acusa de poseer armamento biológico. Por lo visto, Washington prefiere sustituir este mecanismo de control multilateral por ataques militares. Washington está convencido de que no se puede alcanzar los resultados deseados por medio de mecanismos multilaterales y que es preferible reforzar la responsabilidad de las naciones.
Sin EE.UU. es imposible
La conferencia de Ginebra que inició este 11 de noviembre y que durará dos semanas, enfrenta un grave problema. Por un lado, todos quieren reforzar la Convención de Armas Biológicas y crear una instancia de control internacional. Pero todos están conscientes de que sin la participación de Estados Unidos no tiene ningún sentido.
El presidente de la conferencia, Tibor Toth, ha propuesto un compromiso. Este prevé reuniones anuales para discutir las cuestiones más candentes como las legislaciones nacionales o creación de sistemas de alarma en caso de fugas accidentales de productos tóxicos.
Con estas conferencias anuales se quiere garantizar mantener con vida la convención hasta el 2006, año en que se efectuará la siguiente conferencia formal. Se ha otorgado a los representantes de las 146 naciones firmantes, un plazo de 24 horas para investigar la postura de sus gobiernos. Es poco probable que a la luz de los más recientes acontecimientos, por ejemplo los ataques con ántrax en Estados Unidos, la comunidad internacional se oponga a esta propuesta.