Con apariencia de limón y aroma de pomelo, el yuzu fue hasta hace una década uno de los grandes desconocidos de la gastronomía japonesa. El fruto, original de China, lleva siglos enriqueciendo no solo la cocina sino también la salud de sus entusiastas. Su singularidad ha despertado pasiones en la alta cocina, desde Ferran Adrià a Jöel Robuchon.